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La Coctelera

TALES OF THE KUNG-FU MASTER


"Que me digan qué es que me opongo"

17 Diciembre 2007

KUNGFU MASTER PRESENTA...CHOOSE ME


Cuando, tras la tanda de penalties que decidió la emocionante Final de la Copa de Europa de 1984, celebrada en Roma, oí decir a Arturito, mi vecino del 2º, al tiempo que el gran Neal levantaba el trofeo:

-“Este fútbol de ahora no me gusta un carallo”.

Di una de las últimas bocanadas a mi enorme faria, exhalé el humo con generosidad de manera que sirviera de marco a mi rictus, pretendidamente misterioso, sabihondo y matizado con leve aire de resignación y le contesté:

- No te quejes. Esto será pura magia dentro de cinco años o menos”.

Bien es verdad que lo dije también siete años antes, cuando en 1977 Terry McDermott y compañía vencieron al gran Borussia de “Simonet” en un partidazo, y lo dije terminándome un copazo de anís “Machaquito” mirando burlón a un nostálgico furibundo que bramaba contra el fútbol moderno, dando la paliza con el reseso de Di Steffano a todo el auditorio del “Bar Villagarcía”, uno de los siete u ocho de mi manzana, que hoy duerme el sueño de los justos..

Muchas veces defendí intensamente la cultura y costumbres de los 80 en lucha contra el estado de las cosas a partir de 1991. Lo hice incluso durante aquella época, pronosticando los males por venir.

En al que al Liverpool se refiere, considero y consideré entonces necesario y de justicia apoyar su buen juego ante los fantoches del pasado y la amenaza del futuro que se cernía sobre nosotros. Al fin, el fútbol tardó en corromperse, y en todo caso el Liverpool es un equipo glorioso que representa a una ciudad tanto o más importante en la historia que París, Nápoles o Trípoli.

Sin embargo, hay obras, modos de expresión y artísticos de entonces que no necesitan defensa alguna, porque ni el más idiota de los espectadores ni el más ladino de los polpotianos puede sino saborear y paladear la maravilla de la película “CHOOSE ME” (“Elígeme”), de Don Alan Rudolph, de 1984.


Qué tiempos aquellos en que uno podía ver un partido en un bar no porque el dueño hubiera “comprado” el derecho de emisión, sino porque le daba la gana de verlo entre amigos. Cuando podía tomarse un copazo y un puro gigante por tres perras gordas (incluso de la época), admirando a unos equipazos y sin soportar los comentarios llenos de ignorancia del (ridículo) Manu Sánchez u otras hierbas. Y cuando, al salir, entre otras muchas cosas se podía ir al cine a ver una o varias películas de las buenas, de las que recordamos con emoción por mucho que los medios de turno se empeñen en hacer que olvidemos con las más absurdas disculpas.

La más vulgar, que Don Alan Rudolph no ha vuelto a dar pié con bola. Pero, ¿Qué clase de bobada es esa? ¿qué importancia puede tener para el deleite de los sentidos al contemplar tamaña obra maestra? ¿es que acaso cuando a uno le toca un trozo de pan reseso en su vida vuelve a tomar pan y reniega para siempre de todos los panes?. Y eso que hacer “El desayuno de los campeones” con Bruce pito flotante piscinero Willis es un delito muy grave, pero todos pecamos.

Y luego que si el reparto…vaya, es que no triunfaron. Keith Carradine hace de vaquero de esos de “hijo, será mejor que te calmes” tanto en la pantalla como fuera de ella. Antena Tres emite en horario matutino una teleserie donde él hace de padre de familia de unos apestosos muchachitos que aspiran a quedar con Jennifer la animadora, pero sin mala intención ¿eh? Sólo sanos chistes de surfero. También perpetró horrendas películas para Tv, de esas tan venenosas de después de comer.

Sólo es medio hermano de David. Se quedó con la elegancia...

¿Qué puedo decir? Pues que le perdono, que es un tipo cojonudo y que hay que ganarse la vida. Tiene bastante más talento que su hermano, y además ¿es mejor actor Tom Cruise? Noooooo ¿Richard Gere? Nooooooooo ¿Stallone? Nooooooo. Y por encima de todo, que Dios le bendiga y le guarde por trabajar en una película tan preciosa. Le estoy muy agradecido por ello y por lo que significó para mí, aspecto que trataremos más adelante.

...hasta que conoció a Tom. ¡Si le preguntas a él, te dirá siempre que te dejes bigote, caramba!



Todo esto sirve para las Señoras Lesley Ann Warren y Genevieve Bujold. En cuanto a la primera, debo decir que es una actriz estupenda y una mujer elegantísima y de una belleza sólida, llena de fuego. En la película, hace gala de una sensualidad desenfadada pero nunca exhibicionista, es sensible, independiente, a ratos melancólica y siempre arrebatadora. Es decir, una actuación llena de ricos matices.

Genevieve Bujold, la Doctora Nancy Love en el filme, representa a la perfección su papel, consiguiendo intimidar con su porte misterioso, elegante, frío y reservado, haciéndonos olvidar con la mirada escrutadora de sus enormes ojos oscuros su corta estatura (circunstancia que, dicho sea de paso, es ajena a la belleza). Cuando la admiro en los primeros minutos de la película, me viene a la mente el psiquiatra radiofónico Frasier Crane y su magnífica serie. Aunque son dos Doctores diferentes, si parece existir una influencia en la puesta en escena y, definitivamente, en la calidad.

Dos fotos por guapa

Y es que la enorme clase de la cinta comienza con sus títulos de crédito, resultando elegante hasta el diseño del logotipo de la productora. Todos ellos pasan ante nuestros ojos acompañando a las escenas a modo de videoclip, pero un videoclip de la era de oro (algo que hoy se admite sin discusión), no de los que podemos ver ahora, donde el rapero de turno se cambia de disfraz 20 veces, o donde la caldorra o el mamporrero de turno hacen exhibición de sus repugnantes dotes y poderes perreadores, y no pocas veces de la disección y destrozo de la obra ajena. La canción principal, del mismo título que la película, es de Teddy Pendergrass, y debo decir que es muy difícil de conseguir, ya que no sale ni en las más completas recopilaciones del artista (algo sumamente paradójico). Así pues, no puedo ofrecérosla de momento, pero todo se andará. Eso sí, aparece en uno de los discos dobles editados para celebrar el brumoso y regurgitante éxito de “Crónicas Marcianas”…sic transit gloria mundi

En todo caso, ved la película y así disfrutareis aún más del preciso tema. Y gozareis de unos créditos con música al principio y también al final de la misma, enmarcado en un bello fondo azul. Y no como ahora, que no hay títulos al uso al principio, sólo en las películas de James Bond y poco más, no siendo para machacarnos con que el productor/director/guionista es “Fulano el Infantil de turno de Hollywood” o “Mengano el actor de tercera endiosado” o “Zutano el hipócrita pretencioso y resentido de Europa”.

Esto es un cartel, y no lo de ahora.


Como es costumbre del que os escribe, no voy a destripar la película. Sólo diré que una buena parte se desarrolla en el Bar de Eve (no es como el Villagarcía), donde va a parar Mickey Bolton tras salir de un manicomio (o puede que no), que cuenta una serie de aventuras y desventuras de cuya realidad o ficción dudamos a lo largo de todo el filme. Su vida se entrelaza con la de Eve, la dueña del Bar, y con la de la que será su compañera de piso, la muy misteriosa doctora radiofónica Nancy Amor, así como con la de algunos parroquianos de diverso pelaje.

Destacan entre estos últimos un joven John Laroquette, que hace de camarero motorista (que sí, comprobadlo), imagino que pco antes de interpretar al muy malévolo y carcajeante fiscal de la serie “Juzgado de guardia”. También Rae Dawn Chong, actriz muy de moda entonces y que mucho gusta a mi amigo Yet, que lejos de servirse de su belleza exótica como base de su actuación despliega en sus gestos y en su manera de hablar una gran frescura y talento (ya se que salió en Commando, que quereis que le haga yo).

Y luego está mi favorito, Patrick Bauchau, que en mi predilecta película “Panorama para matar”, estrenada sólo un año después que “Choose Me”, era Scarpin, el malvado Scarpin, jefe de seguridad del villano Max Zorin. Interpreta a un ganster atípico, dotado de un gran magnetismo animal que demuestra en diversas ocasiones (sí, es el clásico maduro francés o italiano que se liga a las bellezas exóticas y van con ellas al casino, y eso sin tanga como el absurdo Briatore). Su personaje exuda peligro y tensión, poder y energía potencial. Un buen actor, aún se le ve por ahí de vez en cuando (por ejemplo en Phenomena y (ay) Ladrones).


Tú si que sabes, Patrick


No comentaré nadamás del argumento, es absurdo desarrollarlo aquí. Sin embargo, si osdiré que descubrí la obra en el libro “El cine americano en 120 películas”, recopilación de hercúlea labor llevada a cabo con acierto por Augusto M. Torres, cuya lectura imprescindible está facilitada por Alianza Editorial (aunque hoy ya son 130 películas). Interesado por la ficha, terminé por comprarla, y desde entonces es la primera película que veo cuando tengo la suerte inmensa de citarme con una mujer. Suerte esquiva y escasa, dicho sea de paso. ¿Qué si funciona? ¿me preguntáis si funciona? Caballeros, me funcionó HASTA A MÍ.

Es evidente que, teniendo (algunas) mujeres un mayor sentido del gusto y sensibilidad aprecian mejor las cualidades de la cinta y del ambiente que invade a la habitación donde se exhibe. El corazón se llena de cálida emoción con los brillantes planos, rápidamente deseamos estar en ese bar donde se va a ligar… ¡y se liga, coño! Porque van mujeres, y todos beben y se divierten sin mayores aspavientos, hay buena música y conversación. Y, aún a riesgo de parecer un reseso como el de hace 30 años en el “Villagarcía”, lo comparo con el castigo de los tugurios que hay hoy, sobretodo en Vigo, donde estas ahí, que si bailo que si no, que se te mete un gordo cuando estás charlando en la barra para pedir la bebida, que cada combiando cuesta unos 5,50 euros y donde sólo te queda mirar a la camarera, que además es báltica y está hasta las narices de que le pregunten de dónde es. Miras a tu alrededor y sólo ves ancianos, niñatos, despedidas de soltera celebradas por mujeres que –admitámoslo- difícilmente dejarán de serlo, parejas (¿y para que van de marcha si ya están juntos? ¿para no tener que hablar?), tarados y borrachos en general. Yo estoy en varias de estas categorías, y es que viendo el panorama prefiero meterme unos Seagram’s y creerme Mickey Bolton charlando (y ligando) con Eve, a la que rescata de la infelicidad, con la Doctora, a la que libera de boberías y futesas psiquiátricas como se tiene que hacer, y con la preciosa negrita, a la que quita bien rápido la tontería como se tiene que hacer también, aunque luego viene Zack y… bueno, ved la película por favor. Muchos amigos la han visto después de que yo se la recomendaray sí… ¡A veces les funciona! La película, se entiende.

Comprenderéis a estas alturas cómo agradezco a todos los que hicieron la película y la canción lo mucho que me han ayudado, y las buenas horas que pasé viéndola a veces sólo (nostálgico pero satisfecho) y a veces acompañado (definitivamente ungido de gloria). Pero nunca será bastante celebrada y reconocida la mejor frase de los 106 minutos de deleite, dicha por cierto en el cigarrillo de después:

- No puedes ir por la vida diciendo a todas las mujeres que besas que te quieres casar con ellas.

- Sólo beso a aquellas con quienes me casaría.

Que Alan Rudolph es malo…¡a morrear, palurdos!

Nos vemos en la próxima cita (unos 5 años)

Tags: choose me

servido por kungfu-master 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

ventaquemada

ventaquemada dijo

Haría falta mucho tiempo y espacio para recordar todos los buenos momentos de esta película. Pero me quedo con dos: el supra-piropo (y no voy a chafar la sorpresa) que se marca el bueno de Keith y esa última mirada de Lesley Ann Warren al final de la película...
y para Genevieve Bujold no hay palabras... Dios salve a la doctora Amor!

17 Diciembre 2007 | 02:43 PM

YET

YET dijo

Una de las mejores películas del cine americano de los años ocheta. El bar de Eve es maravilloso, uno de esos bares de solteros que ya no existen pues quizás el sida acabó con ellos. A la Bujold la recuerdo también de "Inseparables" de David Cronemberg, junto con Jeremy Irons, pero creo que el papel de la doctora Amor es insuperable. Confieso mi debilidad por Rae Down Chong, una mujer de un encanto insuperable, haciendo un papel equívoco en esta película. Como bien dices, los títulos de crédito del comienzo te sumergen en una especie de ensoñación, pues te estás adentrando en el mundo de CHOOSE ME, donde los hombes proponen matrimonio a las mujeres con solo besarlas y habiéndolas conocido hace unas horas, en donde John Larroquete conduce tremenda motocicleta y donde las antiguas prostitutas regentan bares ocultos tras los tonos ténues del neón.

18 Diciembre 2007 | 06:55 PM

Hueso

Hueso dijo

Esta vez voy a hacer un poco de Lamet y decir que esta pelicula no me parece de las mejores que he visto. No obstante me pareció muy interesante con esos personajes extremos que se dejan llevar por sus pasiones y la excelente contraposición entre los personajes femeninos: uno que seduce a los hombres con suma facilidad y otro que huye de los hombres para no dejarse llevar por la pasión.

Quizás la única pelicula de la filmografia de Alan Rudolph que merece la pena.

23 Diciembre 2007 | 01:57 PM

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Pike, treinta y subiendo. Soltero y vive con su gato. Antiguo comandante de una nave de los 80, ex-cabecilla de una pandilla de gamberros callejeros, ahora a punto de empezar a hacer calceta o coleccionar sellos, pues camina ya hacia la niebla de la idiocia, dejando antes del fin testimonio de lo vivivo...o imaginado
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