EL CLUB DE FUEGO INFERNAL
Ya lo sé: llevo una eternidad sin escribir nada. La verdad es que no se me ha ocurrido nada en dos semanas. O tal vez se me han ocurrido demasiadas cosas. Hay quien me dice “vaya, el cuento ese estuvo muy bien, ojalá fuera todo así”. Otros, “el de choose me, el mejor. Dime otras películas raras (grrrr) que pueda bajarme (grrrrrrr)”.
Hay incluso facciones. Unas que defienden el “Síndrome de Stendalh” como “una maravilla. No sé cómo alguien que escribe el Síndrome de Stendalh puede ser al mismo tiempo tan vulgar, ordinario, chabacano y abyecto como tú”. Otras, me defienden, pero califican el citado artículo como “melifluo”, etc, etc…
En todo caso, es una suerte muy grande que tanta gente lo lea. Sí, no se me escapa que, en comparación con otros blogs mejores el mío tiene una audiencia pequeña en número, pero beligerante y plena de sentido crítico.
Que vergüenza reconocer ahora que, según lo cargado del gin tonic y la marca de ginebra, pues así sale la historia.

Que sí, que sí. Y luego no veas para encontrar fotos ajustadas. Y D. José Viruete, que ya casi ha agotado los temas de interés en su fastuosa página www.viruete.com. Que difícil es todo.

Muy difícil. Tras un año de pseudo-régimen alimenticio, vulnerado tan sólo por mis visitas periódicas al “Isolla Bella”, el mejor restaurante de Vigo, me había pegado la comida del siglo en fin de año. Y no, no fueron el cochinillo de la tía Ruperto, ni la copita de anís del cuñado desdentado, ni la fanfarria de los querubinescos sobrinos. Oh, no.
A lo Mr. Schrooge. Solo. Así paso yo el maldito fin de año: no piso la calle el día 31 ni los días que lo preceden. No existo para nadie. Me da igual que los metan en la cárcel, o que necesiten una botella de oxígeno o que tengan un fuerte picor ahí. Nada. No estoy. No voy a tomar algo. No voy a brindar. No participo de comilonas. Sólo me encierro en casa con provisiones suculentas, atranco la puerta y compruebo que el revólver esté bien cargado por si algún baboso intenta incluirme en sus planes de guarro.

"Esta noche, lo que haga falta"...si, sí. Venid a por mí, preciosos, que os estaré esperando...bien armado
Sí, eso he dicho. Guarros, malditos guarros. Haciendo cola en la “Papelería Porras” para abastecerse de pirotecnia. Papelería dicen…ja. Sepan Vds. que en Vigo sólo queda un monopolio puro, ahora que uno puede palmar sin acabar en las garras de “Emorvisa, Fiambres S.A.”: sólo la susodicha papelería tiene licencia para vender fuegos de artificio. Sí, su gargamélico propietario, bien atrincherado en un búnker de seguridad, expende alegre los arpegios explosivos con los cuales seremos amenazados, torturados y hasta cremados el resto de los ciudadanos del olivo. Una cola de imbéciles se perpetúa a las puertas del local del 21 al 31 de Diciembre, ansiosa por cubrir de lluvia de oro al licenciado y de fuego y sangre al resto de sus conciudadanos. La impotencia, la ignorancia, la avaricia, el odio y la rabia son conjurados en explosiones de

Ni me la encuentro, pero mira lo que tengo para una velada romántica
Ah, quien fuera el vendedor de
-Buenas, ¿me pone un petardo, por favor?
-Como no ¿de los de ruido, no?- dijo, lleno de orgullo y bien atrincherado en la garita el papelero de la muerte.
- Si, de ruido. Gracias.
Para la cinta. ¿Cómo que de ruido? ¿es que hay otros? ¿de fragmentación, acaso? ¿de racimo? ¿de buscar y destruir? ¿no será mejor, digo yo, ir con un señor revolver dando patadas en las puertas a lo Corky Corcuera y disparando a todo lo que uno se encuentre? ¡Feliz 2008, jodido guarro, chúpate esta en tu geta de payaso!...
Y ahí viene mi primo Mr. Beakman, el típico listorro. El científico, el moderado, el templagaitas que está de tu lado pero que va del sector crítico, un poco como el gafas de Ghostbusters.
-No, hombre. Quiere decir de luz. Hay petardos de ruido y los hay de luz. A eso se refiere.
De luz. Ahí es nada. Y lo dice tan pancho, que poco le faltó para sacar el monóculo. Un petardo de luz para devolver a la humanidad a las cavernas. Un antepasado del misil dirigido a cegar conciencias y ojos licenciosos, una luz que ciega la mente y barre la conciencia del que lo tira…y la integridad del que es alcanzado. Dos circunstancias que ahora traigo a colación le colocaran tanto en su sitio cómo lo haría el que, eventualmente, untara su monóculo en foie gras y lo chupeteara con deleite…

La primera: en 1987, su padre y mi tío, que Dios tenga en la gloria, compró un bolsón de petardos que exhibió gallardo en la cervecería “El Pasillo”. Explicó a los parroquianos, entre los que vuestro servidor se encontraba, que eran “para mi suegra, que está mal del corazón”. Su suegra se salvó, dado que, llevado por un impulso irrefrenable, mi tío organizó de manera improvisada e inopinada un festín de pólvora a las puertas de la cervecería. Nadie pudo entrar ni salir durante media hora que nos costó años y años de audición. Se gastó casi toda la bolsa sin poder parar de lanzar. Las olivas que servía el avaro tabernero sabrían a pólvora y decepción durante meses, y la odiada suegra apenas sufriría una angina de pecho al ser sorprendida por el estruendo de un cola de ratón en la taza de su retrete.
Y es el orgulloso heredero de semejante artillero quien viene a poner paz, quien explica la idiosincrasia y especialidad de cada una de las nobles familias de petardos. Un tipo que porta con orgullo el estandarte de fuego y miedo, tal y como atestigua la segunda circunstancia:
-No, si a mí ese corsario de Porras no me la juega. Ya se yo donde agenciarme el material…en el almacenillo de “Cucadas”.
Mientras pronunciaba estas palabras, su rostro iba mutando: enrojecida la tez, la nariz afilada, los ojos inyectados en sangre y la boca de lupinos incisivos bañada por las viscosidades que engrasan la maquinaria del vicio. Atrás quedaba la ciencia, el título universitario y hasta el caminar erguido sobre los dos pies.
Como su propio nombre indica, “Cucadas” es un kiosco con ínfulas de grandeza que vende chucherías de tres al cuarto y material escolar de chica y nabo, o de “chinchinabo” como gusta decir al Cuervo (próximamente, en Tales of The KungFu Master). Pero héteme aquí que, en Navidad, en lugar de dedicarse a la fanfarria con la venta de panderetas, pues no: organizan un tapadillo donde suministran explosivos de la risa a todo cuanto salvaje de Borneo los demanda. Y lo hacen en un “almacenillo”, imagino que dispuesto a modo de salón de exhibición de casa de lenocinio donde se van mostrando las maravillas del reino de Belfegor.
Y ahí va otro treintañero con su trabajo y novia y toda la pesca dispuesto a volarle la cabeza a todo el que pueda sin moverse de casa. Luego, cuando ya no queden petardos ni palabras o interjecciones para definir el goce (hostia, fuiiiiiiiiiiii, toma moreno, chupa del frasco carrasco, etc, etc…), se enfundará el smoking o el traje y corbata (que sólo usaría con anterioridad para jugar al Championship Manager) y a disfrutar de la mejor noche del año: cubatas cortados con alcohol de quemar, música del averno, peleas, vomitonas de chaqué y cambio radical del reloj interno que el día 2 volverá para quedarse. Y el pito inerte, claro: aunque lográramos ligar (más fácil sería que un rico entrara por el ojo de una aguja), nada podríamos hacer: todo, TODO, se ha disparado con la pólvora. Si acaso, podríamos organizar una rápida exhibición con unas tracas…de luz.
Pero yo no. Ya he visto a muchos sin dedos, en posición eterna de súbete aquí y pedalea como para disfrutar de los petardos. Y además ahora quedarse tullido o idiota ya no tiene gracia: antes te depositaban con una mantita delante de la tele, o te llevaban de putas…ahora o te ponen a jugar al balón o te obligan a trabajar como un esclavo.
Capitulo aparte: esto existe y se vende a cualquiera. Chúpate esa, Michael Moore
Pues no lo haréis conmigo, hijos de puta. Yo me quedo en casa, con una caja de langostinos, con caviar barato y paté, con vino y pepsi cola, envuelto en una manta observando libidinoso los movimientos de Chenoa en el especial fin de año, preguntándome si lo haría o no. ¿Lo haría?...digo a todo el mundo que no, me digo a mi mismo que no pero… ¿de verdad que no?
Es algo repugnante, así que ceno con “Remo, desarmado y peligroso”, una película de acción de las de verdad. Del gran Guy Hamilton, director de “Vive y deja morir”, con Fred Ward que es un actor de los buenos. Del año 85, de mis favoritos. Cuando recuerdo las reseñas de film affinity me dan ganas de fosilizarme: “cutre”, “casposa”, “qué barata”…e incluso cuando lo dice mi amigo J.R. Weso, que siempre está con el ganador: “es que fue un fracaso”. Mi amigo Weso siempre está con el sistema. El sistema le ha pagado bien…miedo, opresión, ignorancia y violencia. Tan bien, pero tan bien le ha pagado que no le queda otra que pasar el fin de año en mi casa. Viene en una caravana con otros desgraciados a mi reino helado, bajo un fuego incesante de mortero marca Porras. Buscan alcohol, comodidad, comprensión y videos de los 80 all night long. Yo se lo doy, y por poco dinero: sólo les pido que no hablen de otras parrandas pasadas y más venturosas, en otros fines de año llenos de vana esperanza.
Y Chiun, el maestro coreano de las artes marciales. Uno de esos limones que parecen viejas hilanderas pero que te ponen la cara de verano a la que te descuides. Qué técnica.

Que sí, que la comentaré, pero que tengo que hacer que trabajo.
Divertido, acecho como siempre desde mi ventana, bien pertrechado por la altura. Ahí van los chicos y chicas a las fiestas de barra libre…barra libre de almas. Como bailan y ríen…ya bailarán en la pota de Belcebú. Vienen de superar otra cenita de familia, y esa noche lo dan todo. Al llegar el día, si sobreviven, les agitaran como si fueran peleles para cambiarles su dinero por chocolate con churros rancio y papañento. Pero aún falta mucho para eso. Mientras suenan las doce, el fuego avanza y yo descanso en la oscuridad de mi estancia. Pienso en otras nocheviejas, cuando yo mismo fogueaba, me arreglaba y lo dejaba todo. No volvería a hacerlo. A la mierda el fin de año, y así cojan al expendedor de petardos y lo encierren en su zoco de vicio pirómano habiendo prendido todas las mechas… ¿te gustan los petardos de ruido, rico? ¡pues toma ruido, bastardo!. Y si a algún primate se le ocurre venir a fastidiar con bobadas de cenas de fin de año, barras libres, amor y prosperidad, planes optimistas u otra basura, encontrará un mal fin en mis galeras, por siempre ajenas y renegadas de tan horrible fiesta.
Cubro con mi rifle la entrada de los clientes en mi portal. Uno viene con una moza escocesa, resignada, estoica y misteriosa. Hace falta ser miserable para llevar a una pobre criatura a semejante basurero. Estupendo, será como “Ana y los lobos”, del ridículo Carlos “Pájaro Carpintero” Saura, un tipo que dice “verdad” unas cien veces por minuto. Me voy a divertir. Para gozar del espectáculo, voy al congelador y retiro una pieza que leva descansando desde Agosto. Un helado Draculín. Ah, cómo cierra mi herida…todo, todo se olvida. Improvisación y reinvención del Drácula de Frigo, mejor helado de todos los tiempos ya investigado por D. Jose Viruete en su fabulosa página, el Mestre Carlés, sabio loco levantino, y su staff técnico nos deleitan con una sinfonía de sabores lujuriosos que homenajean sin licencia (como “Cucadas”) al original: negro para la noche, cola de adultos. Vainilla, carne de doncella. Y la sangre, rojo coral y fresa casi ácida, space age. No tomo uvas. No oigo las campanadas. Estoy lejos, en el país de Mestre Carlés… el Mestre es como Chiun, mi sensei en el mundo del helado y la soledad eterna. Yo soy el Remo Williams de los helados, capado y peligroso. Que inventarás, malévolo alquimista, brujo de los sabores… llévame lejos, a tu país de chicles CON azúcar, donde los petardistas mueren y es siempre 1 de Enero.
"¿Piensas que nada te puede asustar?. Te equivocas. No conoces a Draculín.¿Crees que lo has probado todo? Atrevete con este terrorífico helado de cola con cremosa vainilla y sangre de color fresa. Tu vida no volverá a ser la misma".



En en infierno...¡tenía que ser Cheiw!





Aigor dijo
Otra victima de Draculin
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/01/04/cultura/1199435570.html?...
En la sección de cultura, claro ¡¡¡¡
4 Enero 2008 | 06:43 PM