O GALO VERDE
Una vez más, tener o ser.
Entre lusco e fusco. Melancolía, angustia y esperanza. Muchos temas para el blog: Principino, Panorama, Guía de Vigo, Los amigos vivos, Lupin III, Marvel, Mágnum P.I., Zombi, etc… ¿qué más dará, si esto no lo lee nadie?.
Un estado febril de tantos. Ya es marzo, hay tanta luz como oscuridad, tanto frío como calor. El trabajo en la huerta pronto me ocupará casi todo el tiempo. Luego vendrá el verano,
Me explico y limpio toda sospecha de indefinición como recurso literario baratito: estoy sin blanca. Ni un duro. Pero ni uno. Por mi culpa, que conste. Cabezas mejores que la mía me dijeron lo que pasaría cuando, allá por agosto, disponía de 10000 euros inmerecidos y ganados a base de cuentos chinos si hacía lo de siempre.

Hice lo de siempre. Que conste que han durado más de lo que pensaba. Y que no es la primera vez que me quedo sin un pavo. Me ha pasado mil veces. Siempre acabo bien, y no sé cuanto durará esta suerte. Lo cierto es que no me la merezco. Y si resulta que sí, no será por méritos curriculares al uso. Me gusta leer, las tías macizas, el pirateo, el pasado, la lucha incansable contra el comunismo, el coleccionismo de ciertas estupideces, los cócteles, los videojuegos y la defensa de los animales. Soy zángano, impertinente, irritante, cotilla, cizañero, vicioso, egoísta y manipulador. Uno de esos majaderos fofos que se creen muy importantes por darle capones a los exitosos para luego salir corriendo.

Un chichas en el cuerpo de un hombre delgado, un millonario en el cuerpo de un hombre pobre.
Y lo que le os pasa a vosotros, a mí también: tras una era inacabable de “me cepillo a todo lo que se mueva que ya habrá tiempo de arrepentirse” desde hace largo tiempo he pasado a una nueva situación: con las que puedo, prefiero porno. Y con las que no puedo… con las que no puedo, el 99,9% de total, preferiría cortármela o morir de pequeño antes de haberles puesto el ojo encima. Tan mal lo pasa uno…. ¿qué os puedo contar que no sepáis?
En resumen, la última fue una de esas semanas en que te sientes mayor, en las que dudas si saldrás adelante. Barajas la posibilidad de emigrar, pero luego ves a los miserables de tus amigos que han optado por ese camino y decides que mejor es que te cosan al cadáver de un caballo. Te quitas la corbata, el traje y los zapatos, te calzas la chaqueta de Rudi Voeller en Mexico’86, los tenis de molón otoñal y el mp3 bien llenito de Hall & Oates y a darle zapatilla.

No bien comienzo a andar y la primera sorpresa. Ya decía yo que pasear sería bueno. Un cartel pegado a la pared de un vetusto edificio anuncia lo inesperado ¡joder, van a poner una película de Jabba the Hutt! ¡increíble pero cierto!

Si no fuera por que lo tengo prohibido, cogería el móvil y llamaría a todos esos judíos errantes. Una película sobre Jabba. Cómo se les habrá ocurrido una idea tan cojonuda. Es genial. Supongo que empezarán con su muerte a manos de
Al final, amargura, dinero y Bib Fortune. Qué película, amigos.

La dicha me sirvió de combustible. Aceleré el paso y decidí intercambiar unas palabras con mi proveedor de plantas favorito. En “Almacenes Rial”, uno puede conseguir casi lo que quiera, salvo encontrar a algún socio que se apellide Rial. Cuando veo el cartel aguamarina y funcional de los primeros noventa, me viene la memoria sin poder evitarlo el pelo de punta y las fazulas coloradas de Alvaro Rial Pérez, mi gran amigo de 6º a 8º de EGB.
Un tipo estupendo, que aguantaba estoico el martirio al que le sometían sus dos hermanos gemelos idénticos, tres años menores, rápidos y afilados como cuchillas. Su madre, divorciada de pueblo en los 80, tampoco le hacia la vida fácil: en 1988 interrumpió una asquerosa clase de gallego a las 15.14 de la tarde para entregar la tela y el permiso para una excursión a Manzaneda, a la que Álvaro ya no contaba con ir. La buena señora levantó el veto (caprichosamente impuesto) y se presentó en el último segundo, cuando nadie lo esperaba, para permitir que su hijo disfrutara de la mierda de burro sobre los charcos y de los escupitajos verdes de Davila en la bolsa anti-mareos proporcionada por los monitores, que ya nos empezaron a torturar en el autobús. No sólo pagó la señora, sino que además relató a toda la clase como Álvaro lloró y porfió el día antes para conseguir el permiso, sin lograrlo. ¿Para qué hacerlo tan fácil si se puede joder un poco a un adolescente corpulento y bonachón de Corujo cuyo único sueño es tener unas Kelme Villacampa?

Como digo, la excursión fue un asco. Como siempre, no había nieve en Manzaneda. Los monitores eran unos déspotas que llevaban mucho tiempo sin meterla en caliente, y en el viaje de vuelta Davila, que inutilizó su bolsa llenándola de esgarros a la ida, echó la (inesperada) mascada en plan escopeta en varios asientos recién forrados de felpa. Era una vomitona de desamor, Remedios le había dado calabazas. Calabazas para morrear. Eso es muy duro, no hay estómago que lo resista.
En 1999, y por tanto muchos años después de haberme despedido de Rial sin saber que no lo volvería a ver, Yet y yo nos encontramos encamados )sin mariconadas, eh) con una muchacha de Corujo, pueblo donde nació y vivió el amigo del que os hablo. Que no os extrañe, en aquel entonces Yet era un musculitos, aunque ahora está fofo y gordo. En el cigarrillo de después le pregunte a la muchacha si conocía a Álvaro y si se había comprado las Villacampa.
Me miró muy seria, con sus bonitos ojos de pescantina, y me explicó que lo sentía, pero que mi amigo había muerto un año antes en un accidente de circulación, cuando iba a buscar a su novia tras salir del trabajo.

Entonces me reí como un zangolotino, recité el poema del Cuervo de Poe y retocé en sus pechos como un buen robaperas medieval. No sé si lo hice alentado por el carpe diem, porque era un canalla o porque no quise creer lo que me decía ¿Alvaro con coche? ¿Rial con novia saliendo del trabajo? No podía ser. Yo hablaba de un chaval uniformado con el chándal del Colegio Público Carrasqueira, que me reía las gracias y le decía a todo el mundo que “¿éste? Este parece muy tal pero yo que me siento detrás sé que está loco, pero loco de verdad”.
Bueno, son cosas que pasan. Si la historia era cierta, Rial llevaba 10 años muerto, y yo compraba plantas en un almacén que llevaba su nombre. No creo que haya muerto. Llevo casi diez años rezando por su alma, pero estoy convencido de que sigue vivo.
Dos loros enjaulados y pulgosos amenizaban la conversación que yo mantenía con el dueño del almacén que provocó mi recuerdo proustiano, un tipo duro que se llama Joaquín, su sufrido hijo Ramón y Pepe, “O Aleman” con graznidos y blasfemias.
Iré rápido. Joaquín es un hombre de unos 65, fuerte y sabihondo. Viajó por todo el mundo, considera a los muchachos de
-Shasa, esa planta chámase shasha en galego. ¿En castellano? No sé. ¿Cómo es en castellano, Letrado?
Letrado soy yo.
-Salvia.- le digo a la vieja que pregunta qué es aquello, que por cierto se queda como estaba.
-Eso. Mire que bien huele.- Joaquín pasa sus enorme manos por las hojas y luego por la cara arrugada de la vieja, llenándola de vida, de calor.
Su hijo Ramón intenta llevar bien el negocio. Es de mi edad, pero se ha casado y tiene un hijo. Su padre habla mal de todo el mundo y luego es incapaz de no ayudarles. Ramón intenta saltarse el punto intermedio y atiende amablemente a todo cuanto bastardo maleducado entra en la tienda para comprar veneno, ratones para las serpientes o UNA planta de tomate. Tiene mi edad pero trabaja con un horario. Se ha casado, tiene un hijo. Yo colecciono muñecos y tengo un blog. Jesús. Bueno, al menos simplifico: hablo mal de todo el mundo y no le hecho una mano ni loco.
Pero el Señor Pepe O Alemán es mi favorito. Es el clásico hombre de la banqueta que decorada las pequeñas tiendas y almacenes preconstitucionales del país, y que sobrevivió hasta bien entrados los 80. Está ahí, ayuda e indica. Mira mal a los extraños y se mete en todas las conversaciones. Su trabajo no está remunerado, pero se le consulta todo. Si uno se muestra amable con él, le abre los secretos de la tienda. Si le llamara Don José, ni se enteraría de que hablaba con él. Pepe o Pepito sería pasarse. Así, Señor Pepe es lo más ajustado. Me gané su amistad haciéndole preguntas sobre el mundial 74, puesto que vivió y trabajó largo tiempo en Alemania y llegó a acudir a algún partido. Conmigo se muestra encantador y natural, pero su función en la tienda es la de farolear sobre los ejemplares que los clientes piensan en comprar. Pondré un ejemplo: cuando era novato, examinaba yo un palo musgoso y raquítico cuya etiqueta aseguraba que era un frambueso.

Ante mi ceja arqueada e incrédula, El Señor Pepe, en la banqueta, con tupé grisaceo y pecho descubierto lleno de medallas, sin que yo se lo hubiera preguntado, me dijo que aquello lo había plantado él en su casa, y que le “corrió” tanto que mi má querida, non lle cabían mais de esas chismas, que brotaban en la planta y le iban a la boca. Tuvo que arrancarla porque sino los pájaros que picaban en ella se ponían obesos.
Y así con todo.
Total, que en tan grata compañía me encontraba hablando de todo un poco cuando les comenté el regreso de George Lucas y su película de Jabba. ¿Qué? ¿qué como lo conocían? Bueno, nuestra película favorita de la saga es “El retorno del Jedi”, porque tiene todo: muere el malo, vuelve como espíritu bueno, re-estalla la estrella de la muerte, hay enanos de todo tipo (ewoks y Yoda) y divertidos monstruos de toda índole al principio. Entre ellos, Jabba, al que ellos conocen como “El bochechón cabrón”. Así que supuse que disfrutarían recordando al bochechón como en los buenos tiempos, allá por 1983.
- Que cosa más rara. ¿Cómo te has enterado?
- Vi un cartel cera de mi casa. Y aquí en el Calvario hay otro.
- ¿Dónde?
- En la plaza, al lado de la farmacia.
- Eso no es un cartel del bochechón…
Horror. La desilusión acecha. ¿Una conclusión rápida?
Bajo la mirada triste del Señor Pepe, Joaquín me lo explica. El loro chilla, pero ya lo he oído. Salgo presuroso de la tienda hacia el lugar del equívoco.
No es Jabba.
Es un cartel de la candidata al congreso por el BNG. Ojalá fuera Jabba, le votaría mucho antes que a esa bola de grasa. Y además están dando un mitin en el Calvario. Cuatro personas atienden a un calvorota que anuncia las manidas propuestas de siempre, bolsas de rencor y resentimiento, cátedras para zombis y momias inútiles que nada nos dicen ya… Castelao, Rosalía, Risco, Curros…y la madre que los parió a todos. Y mientras me alejo, la tarde aguada, el calvo anuncia que la gorda saldrá a cantar. Con ella tendremos más fuerza en Madrid.
Admito que esa pedorra desarrollará sus buenos kilojulios, sobretodo después de una buena laconada. Pero, ¿qué cojones de Madrid? Estoy hasta las narices de esta panda de barbudos, de calvos, de gordinflones, de narigudos, de becerros, de cretinos. Representan el 16% del voto, no dejan de caer desde 1997 y tienen más poder que nunca, a base de robarle la pasta de la merienda al PSOE.
Estoy hastiado de sus putos cuentos. Siempre igual, que si los labregos y los viejos y a nazón y todo esa bazofia. Hasta 2001, los dirigía el alegre Beiras, una especie de Sócrates locuelo y bondadoso, un eterno adolescente ricachón que perdía el tiempo y la pasta en su quimérica lucha contra Fraga. Se hacía querer, porque sus discursos estaban llenos de referencias culturales de alto nivel, era muy gracioso (recordemos el homenaje a Kruschev) y, cuando pudo dramatizar hasta la nausea co galo del Prestige (menudo cuento) lo que hizo fue encadenar una ristra de chistes gloriosos, reconvenir de manera paternal a su archienemigo y compararse con Boudelaire.
Ulises ha vuelto
Demasiado para los mandarines de su partido, que deseaban ser el Califa en lugar del Califa. Lo purgan y recogen el testigo siendo el BNG la segunda fuerza más votada en Galicia. La decadencia, no obstante, ya había comenzado: conseguido el poder en algunas alcaldías, la función del Bloque es ramplona, decadente y cenicienta, destacando sobretodo los 4 soporíferos años en los que el pamplinas Lois Pérez Castigo toma las riendas de Vigo y nos sume en un aburrimiento feudal.
Este retorno al agrarismo y a la edad de piedra sexual caracteriza al actual BNG, que podría definirse como Banda de Narizotas y Gordas. Miran al ciudadano con superioridad, como si se les debiera algo, o condescendencia, como si fueran la respuesta a una plegaria que por cierto nadie ha rezado.
Son unos tipos estupendos: dado su unánime fracaso físico, se sirven de bestias de carga que enrolan en las más infectas cochiqueras para aporrear a quienes defienden su derecho a hablar en el idioma que mejor les parezca. Sueñan, en vez de con domingas, darle una paliza al jefe y Maseratis como todo el mundo, con una Galicia tan chupi como Euskadi o Cataluña. No tienen otra cosa en la boca o en el pito. Así son de lacayunos: si les dan a elegir entre Shangai-Lha o Baracaldo, se quedan con Baracaldo, con Sestao o con Mendigorria, que pertenece a Navarra.
Y lo último es ser unos cachondos antisemitas. Ya he dicho, y lo repito, que comparan la censura drástica de las gamberradas de los babuchas con servilleta en la cabeza de Palestina con el Holocausto. En fin, a nadie importa lo que piensen estos mequetrefes, pero resulta duro compartir vecindario con esta morralla que no tiene la educación ni de afeitarse antes de exigirnos el voto.
Mais forza en Tatoine!
Eso sí, supongo que sí se habrán rasurado bien a fondo para el viaje que
Volví a la tienda, cogí mis plantas, confirmé la muerte de Jabba y regresé a casa hundido. Acababa de hablar bien de Beiras, sentir tanta nostalgia no podía ser bueno.
Beiras en el papel de Zape, en "Zipi y Zape van al congreso" (1978)
Pero a fin de cuentas, tenía la chaqueta de Voeller, y notaba la mirada envidiosa de los adolescentes con los que me iba cruzando. Continuaba en Vigo, y vivía a todo trapo en un dúplex que pagaba con padres nuestros. Reconocía a un antisemita a primera vista, la primavera empezaba y el sol se ponía dejando una estela de nubes nacaradas que me acompañaron todo el camino.
Volvió la serenidad a mí, la noté como una inyección de líquido caliente. Me animé de tal modo que hasta tuve ganas de robarle un montón de pomelos a un vecino con alzheimer cuya casa no dista mucho de mi piso, así de raro y hermoso es Vigo.
Sin un pavo pero con plantas exóticas, nubes nacaradas, pomelos en abundancia y un blog no susceptible de capacidad penal. Qué más puede necesitar un hombre para disfrutar de la a veces tan necesaria decadencia primaveral… ah, sí: estaba enamorado de una mujer comprometida, recordadlo.
La encontré al enfilar la recta que lleva a mi portal. Cuando el debate entre la alegría y la congoja estaba por resolverse, la puede ver en el garaje con su madre, su padre que me miraba con cierta inquietud y su novio, del que no diré nada. Parlamentaban sobre cosas de ricos, pero mi halcón maltés elevó su vista y me dedicó una de esas miradas afiladas, enigmáticas que a veces nos regalan las chicas trabajadoras y sofisticadas cunado tienen más dinero que tú. Era una mirada que al tiempo que preguntaba altiva ¿qué hace un tipo de profesión liberal en chaqueta deportiva un día de semana?, aunque también se distinguía en esos ojos cierta fascinación con mi capacidad para carretar bolsas, cualidad nada desdeñable para una mujer, y por la despreocupada elegancia que emitía la chaqueta.
La saludé como si no me importara demasiado, mientras pensaba en contener las palpitaciones con un maremoto de gin tonics. Subí hasta la oscuridad del piso que me correspondía, y tuve la fantasía inocente de que, al encender la luz del descansillo, me encontraría con sus ojos de pistolero, su cara serena de virgen y su ambición rendida, la profesionalidad y el deber dormidos, y los labios severos pronunciando una pregunta:
-¿Qué quieres, humano, besarme o follarme?
Una pregunta llena de condiciones y trampas. Pensadlo bien: no es tan fácil. Si contestas lo evidente, puede ser que, en venganza por la vulgaridad, te quedases sin nada. Y si la besabas, toda la vida estarías arrepentido por no haber sido más sincero y ambicioso, lo que podría ser decisivo también para ella. De hecho, yo me la cortaba directamente. Pero, incluso de no haber trampa, luego no quedaría nada más que desesperación. O puede que no, tal vez sería el motivo último para vivir esta vida y poder decir a final que no se ha desaprovechado. La pregunta tiene ese matiz de “una vez y no más, Santo Tomás”, así que todo cuidado es poco. Sí, podría ser una sola vez o podrían, con cuidado, ser más. Pero un beso es un beso, y uno queda como lo que no es, es decir un señor. Si el cerebro me funcionase lo bastante entonces, creo que le diría “primero quiero besarte, y luego te haré el amor para que puedas elegir tu”. Claro que es una horterada y de paso una trampa que igual no cuela… qué elegir, que podría decir en un momento tan decisivo, con tan poco dinero y tan rico…




Solal dijo
Veo dolor... veo mucho dolor. Casi tanto como el que vio Jose Luís Moreno el día en que una banda de albanokosovares decidió utilizarlo como punching-ball. ¡Pero amigo! ¡Hermano! ¡Que no te embargue la angustia! ¡No te abandones a la desesperación pues Solal acude en tu ayuda!
Navegando por los procelosos mares de internet he hallado un lugar de enfermiza belleza donde todos tus problemas hallarán solución. La respuesta a los males que aquejan tu espíritu está tan solo a un click de distancia. Buen viaje y ve con Dios:
http://suicidarse.mforos.com/1290301-suicidarse/
3 Marzo 2008 | 08:53 PM