PANORAMA PARA MATAR
Después de la tórrida experiencia de Octopussy, mi particular “Episodio
Esta vez iba bien preparado, a sabiendas de que me esperaba un soberbio espectáculo de sexualidad, acción, elegancia y espionaje.

Me concentré en la misión. Encontrar un buen sitio con el tesón que sólo desarrolla un chaval al que no le interesan los polvos, bien porque tiene el pito como un ganchito, bien porque los considera como algo inalcanzable. Al crecer utilizamos el 90% de nuestros recursos globales en la persecución del sexo, de modo que no quedan muchas fuerzas para ratear entre gordos, viejos y parejitas en busca del mejor asiento. Recuerdo perfectamente ver a mi abuela y su marido (al que yo llamaba cariñosamente “El Abuelastro”) en el vestíbulo del cine Fraga, pero no advertí a los familiares que me acompañaban de la presencia de los ancianos, lo que llevaría a una aburrida conversación y a la pérdida de las mejores butacas. Esto es Bond, amigos: si te retrasas, eres otra estadística. Ajeno a las palomitas, a las acusaciones de “histérico” por parte de mi madre, y a mi tía que ya estaba a golpes de bolso con mi primo, me mullí en el tapizado rojo y me preparé para gozar.

Fue en el cine Fraga. Hoy no existe, pero por aquel entonces era el mejor cine de la ciudad de Vigo. Un magnífico edificio que servía alternativamente de teatro o de auditorio. La última película que allí se exhibió fue “Tomb Rider”, protagonizada por una bellísima mujer que, de haber compartido pantalla con mi héroe, sabría lo que significa, en buen castellano, “estar bien follá”, como diría mi buen amigo el ridículo barbitas bellotero Rodríguez Ibarra, y así no tendría esa necia y compulsa necesidad de hacerse tatuajes, adoptar niños y entrevistarse con cretinos de turbante.
Me acuerdo con exacta pasión sobretodo de las escenas que iniciaban el film, escenas que vería repetidas muchas veces a lo largo de mi vida pero que entonces, al descubrirlas por vez primera, dejaron un poso tal que las he sentido siempre como algo familiar, como el recuerdo de algo realmente vivido.
Vivido por mí.
Eso es. Si alguna vez me siento observado, escrutado por los ojos viciosos de algún malvado, a mi mente acude el reflejo de la imagen de Bond pixelada en el entonces muy potente ordenador de Zorin. Recibiendo calabazas, se encajan siempre mejor rememorando como Stacey rechazó a Bond en un primer momento. Luego, p’al jergón, que me cago en sus muertos.
¿Un disfraz de distinguido vecino y buen profesional? James Saint-John Smith (Sin Jin Smithe, querida). Desconfío de las computadoras y de los franchutes, bebo Bollinger, hago chistes picaruelos, llevo un anillo que hace fotos y me gustan los Renault Fuego ¿qué pasa?

Y después de jugarme el pescuezo en la nieve contra la purrela comunista y contra la gentuza que me califica de abuelo es mi costumbre huir en un submarino camuflado de pequeño iceberg mientras me doy el lote con una alegre militar de mentirijillas.

¿Qué sería de mí sin Panorama para Matar? No tendría patrimonio. Ni conciencia, ni nada. Cada piedra en el camino ha llevado la cara del psicópata Max Zorin o la de sus maléficos lacayos, según el tamaño. Aún recuerdo mis primeros días de “trabajo” (jijiji) en la paupérrima “Redcom”… todas las mañanas, la canción de Duran Duran (la mejor de toda la serie) me daba energía. Y Sir Roger Moore lo dejó bien claro en su fastuosa despedida: no importa el enemigo, ni sus viles artimañas, ni lo impresionantes que sean sus amigas… has de tenerlos en nada. Lo importante es cómo estés tú: la chaqueta, la corbata, tus afilados comentarios, el olímpico desprecio por aquellos que carezcan de bonhomía, el ojo para las cachondonas, el sacrificio por occidente y la lucha constante contra la tiranía y el comunismo suponen un decálogo que yo observo con absoluta severidad, de manera tal que todas mis acciones pasan por el filtro de Sir Roger Moore en “Panorama para matar”.
¿Salgo en chándal a por unas cervezas? NO. Sir Roger no lo aprobaría. En chaqueta a por ginebra y tónicas.

¿Abandono al idea de seducir a la mujer de Botticelli sobre la que tanto os he hablado toda vez que se encuentra comprometida con un caraculo gordo, adinerado y asentado, llevando cualquier intentona además aparejado el riesgo de un escándalo insuperable de consecuencias funestas para mi persona? NO. Sir Roger lo intentaría hasta el último aliento. Y lo conseguiría.

¿Continúo el delirante relato de mis desventuras y otras cuitas del todo alejadas del buen juicio, cuando a mayor abundamiento no las lee ni el gato? SI. Sir Roger nunca abandonaría, como nunca ha abandonado a un solo necesitado desde UNICEF.
En este sentido, recuerdo que una de los debates más encendidos de 1985 y 1986, además de aquel que muchos sosteníamos por la vuelta a la selección del gatuno Arconada, era el de “si te tirabas a la negra de Panorama o no”.
No pocos argumentos encontraron los mariquitas de siempre a la hora de negarse, centrados casi todos ellos en que Grace Jones era una mujer hombruna, agresiva, salvaje y asesina.
Yo siento desde mi más tierna infancia una debilidad grande por las mujeres negras (como dice Hueso, “si no has follao con una negra es que no has follao”), pero aunque esto no ocurriera, comprobando la secuencia antológica de la película en la que Roger se la encaja en seco tras una pícara escapada, y siguiendo su ejemplo, SI lo haría.

Me afirmo y ratifico en la idea de que esta escena es la mejor de todas las filmadas en una película de James Bond, siendo además una síntesis perfecta de todos los principios fundacionales de la saga: peligro, espionaje, violencia, salidas inesperadas y sexo a porrillo.
La vida a la que cualquiera debe aspirar.

Hace poco, en anteriores artículos sobre Sir Roger, recibí un comentario, cuyo autor tuvo la cortesía de remitirme un enlace que llevaba al periódico Times. Se trataba de una noticia sobre la reciente concesión de una estrella en el Paseo de
Prefiero pensar que la noticia no pretendía ser jocosa, pero como fuere que no es la primera vez que tengo que asistir a esa babosa costumbre de meterse con Sir Roger por esta circunstancia ajena a su voluntad, diré en todo caso que tiene 80 años. Bien llevados, además. Kiel está enfermo. Pretender que esto es algo digno de mención, de broma o fundamento a la crítica del modo de actuar de Moore es algo zafio, chabacano, ridículo y de pésimo gusto. En todo caso, el currículum de Sir Roger, tanto en el cine como en su labor en UNICEF, le convierten en un gigante. Esta es mi opinión y la de muchas personas que comentaron la noticia.
No sólo eso: el hecho de que empezara con Bond a los 46 años (una vez más llevados gloriosamente) del año 73, sin botox, sin peluca y sin dejar de fumar puros, es un ejemplo y una bendición para todos nosotros, los que esperamos nuestro gran momento para enrolarnos, para conducir un Shamal, para mantener nuestro síndrome de Peter Pan o para lo que sea y tenemos miedo a ser demasiado mayores para todo lo que no sea retirarse o fosilizarse.
Pero no sólo es que esté estupendo y en forma en todas las películas. Es que además los años le sientan de maravilla a Bond: lejos de significar un handicap que excita las carcajadas de los necios, que casi nunca se ven a un espejo por lo visto, la madurez de Roger da a Panorama una pátina de hermoso y dorado retiro en lo más alto.

Así es. Al igual que Julio Alberto, otro genio de su trabajo perseguido y vilipendiado pese a ser un hombre íntegro, un noble y denodado trabajador que luchó con bravura por la selección española, Roger Moore se retira en la cúspide de la montaña, y no dando cabezazos como cierto macarra marsellés con mezcla de ladino moro argelino, sino ofreciendo un espectáculo de experiencia y sabiduría que nos regala bondadoso: se ventila a la del submarino, a Grace Jones, a la espía rusa y a Stacey. Vaya cuatro. Y cuidadito, porque Stacey (Tanya Roberts) es una de las chicas Bond más espectaculares y hermosas. Yo mismo me tragué con fruición “El Señor de las bestias” y “Sheena” por admirar su incomparable belleza. Bueno, también por vitorear al inmenso Marc Singer. Tanya es una belleza de los 80, de las que a mí me van: elitistas, pistoleras, rubias, atléticas, sofisticadas y un poco inocentes.

Un poco como soy yo mismo.
¿Y que hace el sector crítico de los robaperas? Pues lo de siempre, qué van a hacer esos chupapitos: decir que muy mal, que la chica es un florero gritón, que no le hace la competencia a Bond ni nada. ¿Sabéis porqué lo hacen? Porque son tan adiposos y tan fláccidos que no conciben que una mujer pueda entregarse o necesitar a un hombre. Ellos sólo conocen el fracaso en sus relaciones sexuales, y cuando triunfan es con un adefesio físico y moral después de atravesar un espinoso y degradante sendero de humillación, pago, desdicha, sollozo, extorsión, farsa y sumisión. Son las relaciones de paridad ¡mete a un Presidente en tu cama!.

Pero es que además pretenden escamotear, con la excusa de la edad, la magia exuberante y la acción despiadada de Panorama. Que vergüenza. Una vez más, el repugnante binomio que “Fotogramas” y Juan Tejero, a los que declaro mis enemigos, buscan ahí donde les gusta revolcarse argumentos sombríos para atacar a esta gloriosa película.
“Fotogramas”, otrora revista de cine, hoy musgoso atril de la gentuza del cine español, y a la vez lameculesca y lacayuna embajadora del más pestilente cine norteamericano, no contenta con ensuciar sus páginas con críticas ridículas y nepotistas, no satisfecha con su continuo apoyo al cine tercermundista y desabrochado de Sudamérica, de Francia y de Oriente Medio y a su tradicional aliado el marxismo, ha osado atentar contra todos los amantes del buen cine a medio de la trampa, de la estafa y de la chufla más descarada.

No me extenderé en anteriores afrentas cometidas, como aquellas plasmadas en el panfleto falsario llamado “Especial 40 años de Bond”, porque ya he dado buena cuenta de ellas. Señalaré nada más, y nada menos, a una última treta de trilero de pueblo publicada al socaire del estreno de la exitosa “Casino Royale”, a la que yo otorgo un bien pero no más.
Se trata de una encuesta en la que los lectores consideraban “Panorama para matar” la peor película de Bond. Realmente se trataba de la que menos puntos había sacado en la pregunta de “¿Cuál es tu película de Bond favorita?”, lo que resulta algo diferente, pero qué más da, cuando la más votada era precisamente “Casino Royale”. No me cabe duda: esta encuesta no se ha realizado. Y de haberse hecho, los encuestados serían, o bien los berzotas de tan embarrada redacción, o bien los verderoles que acababan de salir del cine tras atragantarse de palomitas y no han visto muchas películas más.

Si bien es cierto que el público en general es idiota y se equivoca y no está capacitado para elegir (ahora es cuando dirigimos la mirada a
Con la misma, declaro que “Fotogramas” es la peor revista de cine que ha existido. Tranquilos, lo refrenda una encuesta que he ejecutado yo. Primero le pregunté a mi huevo derecho y luego al izquierdo, y esos dos han dicho lo mismo: PANORAMA.
¿Y qué decir de Tejero? Bueno, en primer lugar tendría que admitir que la culpa es mía por comprar sus libros. En efecto, soy culpable de idiotez. Pero de nada más. Lo suyo es peor. ¿le gusta Sean? Perfecto, nada qué decir. A mi me gustan mucho sus películas de Bond, quitando “Solo se vive dos veces” y la pirata. No me vuelve loco “Diamantes para la eternidad”, pero en fin, ese no es el tema. El tema es que Sean se fue y Juanito no lo soporta. Y eso es disculpable, yo me enfadé con Timothy en su momento y luego hasta lo eché de menos. Lo que no puede decir es que con Moore empezó el infantilismo, que se perdió la dignidad, que bla, bla, bla. Y lo que no le consiento que diga es que en “Panorama para Matar” se filmó a Roger a través de un filtro como a “una diva decrépita” para que pareciera más joven.

Arropado entre el gentío, podrá considerarse a salvo este necio de muchos de los males del mundo de fantasía en el que malvive. No lo está de mi justa ira. Lo que escribe es una bazofia ruin, torticera e intragable. Es mentira, y sólo refleja sus propias miserias y debilidades. Él ve a un hombre viejo, y luego que sí, que bueno, que la chica da bien en pantalla. Que Walken es un malo cojonudo, y que Grace Jones tiene un magnetismo salvaje… que vale, que vaya detalle lo de Patrick McNee… pero que no, que Roger es un viejo y que la película da signos de cansancio.
Si no se te levanta desde hace tiempo, Juanito, pues mala suerte. Te vas a la mierda, te callas y te fosilizas. Pero ten un respeto, y aplica tus escasos conocimientos de cine para reconocer la grandeza.

Grandeza, si. Un clásico que lleva doce años en lo más alto se despide atizándole al nuevo mundo del silicio (que no silicona) y la estúpida informática que hoy nos bombardea con sus laberintos de vacío. Manejando la escopeta de postas como buen cazador británico, saboreando las calabazas otoñales que pronto se transforman en brillante estío follador. Perdiendo amigos, vengándolos pero también tendiendo una mano misericordiosa al enemigo. Salvando a los corruptos habitantes de una nueva Sodoma que nunca se lo van a agradecer. Y sobretodo forzando al Gran Imperio del Diablo a hincar la rodilla, y teniendo que premiar a Sir Roger con la medalla de Lenin, para espanto del KGB y sus agentes en este lado del telón.
Películas como esta, de la mano de otras tales como “Rocky IV”, dejaron de lado la moralina pesimista de la década anterior y se involucraron en la lucha contra el comunismo, siendo artífices de la victoria final. Por eso mucha gentuza detesta a James Bond, y todavía más a Sir Roger.
Pero yo lo adoro, y prefiero recordar la inmensa belleza de Panorama: el espectacular inicio en Siberia, golpeando al Imperio rojo en su casa, con música de los Beach Boys (¿cabe mayor burla?).

¿Y que me decís de las escenas de Londres? Pura magia. La carrera de caballos, el brioso y dopado “Pegasus” y la doma salvaje de Mayday, el traje rojo al viento. Bond apuesta y gana.
Mi parte favorita, París y el chateau de Zorin. El numerito de las mariposas es impresionante, así como la escalofriante persecución que comienza en la torre Eiffel. La pícara mascarada de Bond y la jugada de maestro con la guardaespaldas. Roger está glorioso aún en chándal, y hay que ver qué gracilidad muestra al saltar el foso… cine, cine en estado puro.

San Francisco. La clave del mercado, el fracaso de los rusos, el cameo de Dolph Lungren (que SI se lo hacía con Grace) y de Maud Adams Y la demostrada relación entre el KGB y los científicos locos nazis, trabajando ahora para el comunismo. Zorin es un psicópata fruto de los experimentos de
El gran Patrick Bachau en su mejor año cierra el más mortífero equipo de villanos que ha existido.

La mina y una matanza que casi me cuesta la expulsión de la sala por mi tierna infancia. Pocos sabían que disfrutaba de cada fotograma, esperando la venganza de occidente. Jenny Plex, la guarrilla encantadora en morbosa chaqueta de montar, aparecería después en “Indiana Jones y la última cruzada”.
Y por último, el polvete final cuando todos le dan por muerto. No, Roger no morirá nunca. Recuerdo que, una vez fuera de la sala, con el corazón latiéndome a mil por hora y con la sangre aún caliente, los dichosos ancianos al fin nos encontraron. Me preguntó entonces mi abuela si la película me había gustado, y cuando pronuncié la obvia respuesta me dijo que a ella también, sobretodo “las cascadas de agua”. En un lapsus freudiano, le dije que sólo era una ducha…
Roger Moore es James Bond. Vive peligrosamente, y lo hace con clase. No hay día en que su ejemplo no me ayude a afrontar las visicitudes de la jornada, y siempre estaré en deuda con él. Llevo sus películas en el corazón, y a “Panorama para Matar” en el alma.
Genio y figura, Sir Roger Moore 007



pgm dijo
Realmente junto con Moonraker es quizas, de Moore, la película que más me gusta, además de tener una banda sonora espectacular. Es un placer ver a ese, esa, eso... bueno ver a Grace Jones haciendo guarreridas sexuales digase putadillas al señor bond. Sin duda una gran película y un sublime artículo.
31 Marzo 2008 | 02:48 PM