CONCIENCIAS MUERTAS (The ox-bow incident)
Este no es un artículo sobre la película del gran William Wellman. El ejercicio 1992/93 fue, tal vez, el más duro de la historia. Un crudo invierno que, pese a la pátina dorada que otorga la nostalgia, recuerdo sintiendo un latigazo de frío que recorre mi espalda.
La economía estaba en caída libre. Ya era de chiste. El terrorismo estaba en forma, en un zenit inacabable que apenas iba dando tregua tras el terror de la década anterior. Por ello, poco pudimos disfrutar de la derrota total del comunismo. Y el fin de semana no era un gran alivio: las calles estaban repletas de drogatas y delincuentes cobardes en general que se dedicaban a atracar y extorsionar a pequeña escala a los jóvenes. Eran conocidos como los “Apaleadores”, por aquello de “dame algo o te apaleo”, como solían decir al entrarte, o más acertadamente por dar el palo. La música se encontraba parada en la estación triste y pesimista del grunge. Siguiendo su estela, vestíamos horrendas camisas de leñador abiertas a fin de exhibir la camiseta nihilista que iba debajo.
Sin James Bond, con Timothy en letargo. Pobre Timothy.
Si resultaba más entretenido el fútbol, cuyo estilo estaba en un gran nivel tras el zafio juego del mundial de Italia 90 y la discreta Eurocopa de Suecia, donde España no participó. Otra cosa era entrar y salir del estadio indemne. En mi caso, las visitas a Balaidos eran como una excursión al Hades. Una travesía por la grisácea tarde de Domingo, con la comida familiar apenas fermentada en el estómago, atravesando calles infestadas de bares vacíos, algunos en trance de traspaso. Eran siempre tardes al estilo de George A. Romero.
Cerebros, cerebros vivos...
De pronto, donde
Aún tratados como reses tanto los hinchas radicales como los de toda la vida, entre los que me encontraba, resultaba hermoso contemplar desde la grada de Río la carga de la policía contra los grasientos y ridículos “Celtarras”. Era una dinámica y poética danza de furia. Luego te retenían en el estadio hasta que sacaban a los hinchas contrarios, que casi siempre salían de Balaidos contentísimos, y ya no tenía tanta gracia. Incluso podías chuparte un porrazo o dos sin comerlo ni beberlo.
Otra tristeza, si. El Celta perdía casi siempre, y siempre con robos arbitrales. Una gran conversación para regresar a casa, una vez más huyendo de los granujas y protestando por la subida del tabaco…
-¿Quéeeeeeeee? ¿el Lucky a 220? ¡hijos de puta!
De tías, ni hablamos.
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Qué tiempos. Duros e injustos. Creo que me gustan tanto los 80 por lo odiosos que fueron los primeros 90. Luego en 1994 llegaron las cervezas de importación y reinó la alegría.
Pero antes, volvamos a los húmedos abismos de la depresión del 93. Una depresión que casi se podía tocar en el aire que se respiraba en mi Instituto en aquel entonces: el Rosales, rebautizado como “República Oriental de Uruguay” por el Tropical Funky President de
Alias “Dr. Pica-Pica”.
Si bien en 1992 un clima de alegría necia elevó la moral del país tras el insípido año anterior, a base de Exposiciones, Olimpiadas y años de la cultura largo tiempo esperados, las consecuencias del despilfarro volvieron para quedarse. La imagen del recinto de
Bienvenidos a Déficit Publico, el país de González y Solchaga/Solbes.
¡Cuidado con la cartera, que viene Solchaga!
Fui destinado al módulo 2º B, donde me encontré con todos los repetidores que a duras penas habían superado el primer año de BUP, tras la reglamentaria repetición. Recuerdo la cara que puso en la primera clase la tutora, una profesora de física de origen castellano con claros problemas de histeria y desequilibrio psíquico. No se podía creer que las bestias pardas que el año anterior habían protagonizado toda una serie de revueltas, culminadas en un sonado motín que causó la baja de la susodicha profesora, y casi casi la muerte de la sustituta, hubieran sido reagrupados para seguir pecando, con nuevos refuerzos además. Nos recibió al grito de “no sabéis lo que pasó aquí el año pasao, no lo sabéis”, con los ojos desorbitados.
La buena señora consiguió que le endiñaran la tutoría a otro y que se llevaran de allí a Alfredito “Puerco” Garnacha, considerado el cabecilla de las revueltas’92. No era cierto, pero en fin, el poder actúa así.
La verdad es que todo el grupito escogía HOGAR como optativa para poder manejar pinturas tóxicas, y ética en lugar de religión. Era todo lo que tenían en común, y hubiera sido fácil separarlos. Pero un buen drama vale más que cien graduados.
Ahí estaban los galones, la creme de la creme: Cesar “Mr.Vicius” Citoula, su fiel compañero Enrique “El Pollo”, Castor, Roberto M. Eléxpuru, Enrique “Autista” Pacheco, Yago Canda, Oscar Benito Garrote, Oscar Queye Luna “Popeye”,
En frente, la clásica formación de profesorado pedigüeño y desabrochado. El tutor era un buen muchacho, calvo prematuro pero musculoso, que hizo lo que pudo. Daba geografía y era de fiar. Una excepción.
Ética: divorciado cínico que se negaba a aceptar la realidad de la pobreza de su asignatura, de modo que la convirtió en una Introducción a la filosofía que vendría en 3º. Como había tanto nivel… ética dejó de ser la compañera amable de gimnasia, rompiéndose el binomio que aprueban todos.
Gimnasia: una amargada. Había que jugar a voleibol, sí o sí. Por cojones. Y si uno hacía todas las pruebas bien menos una, pues a la global de Junio. Con las titis tenía manga ancha. Nada de fútbol o baloncesto. Imagino que el Juan Guerra de de turno en el Ministerio de educación tendría un arreglillo con
Matemáticas: una joven horrenda. No pasó del año, 87% de suspensos.
Física: la loca resentida. 90% suspensos, desesperación, prozac y grupos separados por nivel. Lo mejor para aprender y motivar.
Latín: una vieja, pero muy vieja, de
No os aburro más, a fin de cuentas es la alineación clásica de amargados, miserables, locos y chupatintas de costumbre. Vosotros lo habéis sufrido también. Pero aquí estamos para contarlo y para escribirlo en buen castellano, y no gracias a ellos.
Dejadme no obstante describir al más ladino de estos mercaderes del déficit público, al derviche de la inmundicia. Al zafio. Al crápula.
Al profesor de gallego.
Era Don Benjamín uno de esos cerdos, tal vez el capitán de la piara, que había conseguido que la asignatura de gallego, elegida como la favorita ex aequo con la educación física por los esperanzados alumnos de 1979, había pasado en un par de años a ser la más odiada con diferencia.
¿Por qué? Muchos son los motivos. Uno, que a cantidad de gente no le agrada ir todos los días a clase para oír una soflama nacionalista y pedigüeña, que hunde sus raíces en el lodo de las pocilgas renombradas como berces da cultura galega y en los sótanos donde habitan los tontos de 67 años ocultados por sus ancianas madres. Otro, que no se dinamizaba la asignatura desde sus puntos fuertes, con cuentos, redacciones, teatro, intentando aprovechar la juventud de
Resultaba además que esta gramática mutaba a diario, dejando en fuera de juego a aquellos pocos que hablaban desde siempre en gallego, que se encontraban ahora con que no eran adecuadas sus expresiones. Curiosamente, la provincia más desértica, deprimida y abandonada de Galicia, Lugo, era la que más profesores de gallego producía. Así, se imponía el dialecto de una provincia fantasma al de todas las demás y al de toda la vida. Ante ciertas protestas de sectores del lumpen proletariado, se animó a que cada uno hablase el gallego que quisiera como quisiera. Pero si lo escribía siguiendo esta directriz, sería suspendido.
De mear y no echar gota.
Volvamos a Don Benjamín. Aquel era su primer año en el Instituto. Provenía del Colegio de los Jesuitas, donde dio clase y palizas, porque los hermanos Jesuitas golpeaban, torturaban, machacaban y apaleaban a los alumnos. Y Don Benjamín había sido profesor/torturador jesuita. Obviamente, colgó los hábitos cuando descubrió que en la enseñanza pública podía dedicarse a la demagogia, el discurso barato y la más sutil práctica a lo Dr. Comecocos de manipular y desviar voluntades. Además, tras 15 años de democracia ya no podían toquetear alegremente a los alumnos.
Así, con el hábito se cuelgan también las antiguas costumbres. Antifranquista de toda la vida, nacionalista de toda la vida. De hermano Benjamín a Don Benxamín. De las nalgas de los uniformados pupilos a las mentes de los civiles libres y desencantados.
Tenía una estrategia burda pero realmente funcional: dado que el mundo se dividía entre nihilistas y nacionalistas con coleta musgosa, atacaba a
Luego llegaban los exámenes, y se acababa el talante. Suspensos a mansalva, ironías, brazos caídos. Olas de descontento, revueltas mitigadas con amenazas. Lo de siempre, insisto.
Pero Benji era particularmente hijo de puta. Así, un buen día de Febrero de 1993, añadió a su luto por el (divertido) naufragio del carguero “Mar Egeo” la ira ciega que le causaba el año santo’93. “Pelegrín”, la mascota, era “un aborto”. Y además la palabra “peregrino” no era gallega.

- A palabra que debería utilizarse no idioma galego é romeiro. Romeiro.
Eso dijo en una mañana de Febrero. Lo recuerdo muy bien, recuerdo que no había amanecido y que tenía mucho sueño. Y frío, porque la calefacción no funcionaba. Me atormentaba la idea de practicar voleibol en la hora siguiente, para luego congelarme y escaldarme al tiempo en las duchas del gimnasio que nunca iban bien. Y todo eso aderezado con el mismo discurso día tras día, con el rebufo pestilente de café con leche a que olía el aliento de ese payaso, regodeándose en su parlamento, el flequillo rebotando airado en la frente plana, con las gafas de taxista de lentes marrones que apenas mitigaban el brillo malvado de aquellos ojos diminutos, viciosos y resentidos. Intentaba no prestar atención sin dormirme, pasando de las estrategias del street fighter II a los melones salvajes de Tatiana, una aplicada alumna que de un año para otro había mejorando su aspecto, de modo que no sabía bien si mantener su mote de “la muñeca chochona”, y de la que ya hablaré en otra ocasión…

Bien, con melones y todo me quedé con la copla. Atentos: llega marzo y el examen de gallego de la 2º evaluación. Clásico ejercicio de “escribe as seguintes palabras en galego”: te ponen un montón de palabras. Si están bien, las escribes igual, y si no, las traduces.

Primera palabra, “peregrino”. Todo hijo de vecino hace la enmienda: “romeiro”. Coño, por lo menos tendrá en cuenta la atención prestada. Uno suspende, pero lo hace con honor.
Pasan tres días. Debacle total. Sermón e insultos. Casi nadie aprueba. Reparte los exámenes llenos de enmiendas en rojo profundo y salta el escándalo: “peregrino” es una palabra correcta en gallego. Quien la haya corregido ha cometido un error que le restará unas décimas de punto.
El escándalo está servido. Las protestas vienen de todos lados, nihilistas incluidos. ¿Qué le ha pasado a los romeiros? Que sí, que están con nosotros, pero peregrino es normativa y nadie ha dicho lo contrario. Don Benxamín se “afeita para arriba”.
Oscar Queye “Popeye” está muy enfadado. Es un mal alumno, un repetidor. Chulo, divertido, cuasi pijo y buen compañero. Al hablar castellano su dequeísmo queda al desnudo, y por ello ha pensado que el idioma de sus abuelos podrá acogerle. Pensaba que podría aprobar. No lo ha hecho, su nota es ridícula. Y lo que más le duele es que le hayan restado puntos por lo del romeiro. Intenta discutir, pero no consigue nada. Sólo más ironías y absurdeces, prepotencias de un desastre físico que se venga de Dios en carne de sus hijos. No pudiendo hacer otra cosa, Popeye no espera al fin del discurso. Suena la campana del recreo y se dirige a la puerta sin esperar el visto bueno del sátrapa, cuya barbilla tiembla de indignación.
- Non dixen que puideras levantarte.
- Benxamín, parece mentira que seas del Bloque.
Popeye se va y el profesor niega con la cabeza, resignado. Se acabó el juego, Groucho.
Resguardado en mi suspenso, metido en la trampa Jacobea hasta las trancas, pienso pero no hablo por temor a represalias: no podría ser más del Bloque.
Este fue el punto de ruptura. La crispación fue aumentando con el calor primaveral. Estaba claro que aquella clase terminaría con un 75% de repetidores, de los cuales algunos tripitirían y otros se marcharían. La gran picadora de carne de 2º de BUP cumplía con su labor de filtro, como una ametralladora de posición turca en Gallipoli.
¿Recordáis las aulas del instituto? En la pared opuesta de la pizarra solía haber un panel de corcho “para los alumnos”. Aquello nunca era para los alumnos, que no ponían nada porque ya sabían que no iba a durar. Se usaba el corcho para circulares de dirección que nadie leía, carteles como el de la droga del gusano y talleres de mierda para aguantar a aquella gentuza más allá del horario lectivo.
Ah, pero el destino es caprichoso. Tanto, que permitió que un documento permaneciera intacto en el panel desde Enero hasta Marzo, momento de la ruptura. ¿Qué era? Pues ni más ni menos que una de esas cartas plantillas que emite el Corte Inglés todas la navidades para que los niños sangren a sus padres más cómodamente con lo de los reyes. Eso era básicamente: una carta a los Reyes Magos en blanco que alguien puso allí con una chincheta. “Queridos Reyes Magos:…………”.

En 1993 los Reyes no estaban en su mejor momento, para variar. Pero Popeye y otros, para distraer su atención del desastre que se cernía sobre ellos, decidieron alegres pedirle algunas cosas a los Reyes. Y no fue “sacadnos de este infierno” o “matad a estos cerdos”. Mientras abandonaba mi asiento para ir al recreo, vi a Popeye y a Castor, a Eléxpuru también, escribir algo mientras se reían. Cuando volví, pude leer los siguientes deseos:
1º) que nos traigan una nueva profesora de latín con un buen par de tetas que nos la chupe, que la que hay ahora es una seta.
2º) una pelota de fútbol y que le den por culo al voleibol.
3º) la cabeza de Lendoiro.
4º) otra cachonda para matemáticas.
5º) Xustiza pro povo no caso Benjamín.
Bastante carcajeante, la verdad. Hasta venían compañeros de otras clases para leer la carta. Tuvo tanto éxito, que la gente empezó a firmarla.
Yo mismo iba a firmarla. Mi alegre compañero Polas, otro condenado, llegó muy contento tras el recreo y me dijo que acababa de firmar “el manifiesto”. Así que me levanté y me dirigí al corcho, que por fin era nuestro.
La divina providencia estaba, estoy seguro, de mi lado aquel terrible año. Y eso que las pasé canutas, pero tuve suerte a fin y al cabo. No se que habría pasado sin mi buena estrella, y no obstante apostaría todo a que mis huesos blanquearían en la campiña.
De camino a la firma, Pablo “El Chulo” Rello, me avisó desde la puerta:
-¡Vente que va a pasar “
A lo largo de mi vida, he conocido y piropeado a más de 20 mujeres apodadas como “
Al día siguiente, la delegada impuesta por tutoría tras tres rondas nulas (en dos ganó el Papoya de Arús y en otra Diaz Vega a la horca), anunció que el amargado de ética se había llevado la carta de los Reyes Magos tras leerla en un cambio de clase. Advertido de que aquel era un documento de libre expresión de los alumnos, dijo que “aquello” era gravísimo y que habría consecuencias.
Las hubo. Al día siguiente, las caras de culo de los profesores pasaban una tras otra en un arcoiris de gradación amenazante. Pero nada como la actitud del chequista de gallego. Entró como una exalación, con aspecto de Dr. Octopus a punto para una nueva venganza. Pasó lista furiosamente (por cierto, que mania puñetera tienen esos fascistas de pasar lista. Estábamos en Marzo, ya nos conocíamos todos). Sus pequeñas manos viciosas se cripsban sobre le papel. El remolino de pelo rebotaba más que nunca en la frente, y la voz pretendía ser atronadora. Pero era ridícula, de forma que excitó a la mofa general. Nadie entendía qué pasaba. Hay muchas formas de contestar a la llamada de la lista, desde “presente” a “aquí”. También está el “yo”, pero como es clase de gallego hay que decir “eu”. Esto no debía ser así, porque “yo” sustituye al nombre, y cada uno puede decidir en que idioma debe pronunciarse. No obstante, cada vez que alguien decía yo el comisario se iba enfadando más y más, escupiendo la palabra “eu” con rabia creciente.
Al fin, alguien dijo “eue”, y entonce perdió del todo los nervios, arrojando el papel y gritando que éramos unos salvajes, que no se había dado nunca tamaña falta de respeto desde que en 1989 unos alumnos del Coya 2 (donde decía la leyenda que una alumna te la pelaba en los baños por 100 pelas) le cantaron a una profesora, subidos a la mesa “bailaré sobre tu tumba”. Que esa carta era un golpe al estado de derecho, y que los culpables pagarían. Y que él se llamaba BenXamín, no Benjamín ni mucho menos Bengamín como alguien le había puesto en un trabajo, y que su buen dinero le había costado.
Y así en horas sucesivas. El tutor llegó con el alma en los pies, acompañado del miserable de ética, notificando que los autores materiales de la carta serían expulsados una semana, y que los firmantes, identificados en su mayoría, lo serían por 3 días. No obstante, faltaban dos personas por identificar, pero que ya casi estaba verificado, así que mejor que cantasen en 24 horas sino habría más graves consecuencias.
En un gesto lleno de nobleza de la que carecían esas hienas, y sabiendo muy bien qué quería decir eso de “más graves consecuencias”, es decir, justos por pecadores, se levantaron e inculparon al instante mi compañero de pupitre Polas y El Orly, absolutamente hundidos al verse en semejante situación por una firma absurda. Polas ya llevaba tiempo fuera. Pero el pobre Orly lo intentaba. Repetía y repetía, pero iba a clases particulares de matemáticas y física conmigo, y se veía cierta brillantez y honradez bajo las capas de mugre. Porque Orly era mugriento, coletas y anarco-guarro como nadie. Hoy en día parece reformado: lo habréis visto en televisión, su casa se vino abajo cuando los constructores del solar adyacente decidieron tener poco cuidado. Orly, trabajador manual de Citroen, salvó incluso a una vecinas viejas antes del derrumbe.
La sorpresa de los censores fue mayúscula. ¿Tú Orly? Pensábamos que era otro, no esperábamos que tu… esos cabrones no sabían nada. Aunque podría jurar que me apuntaban con la mirada.
El zafio y crápula fue ascendido a Jefe de estudios en el curso 1993-94. Nunca volví a cruzármelo, pero suspendió en COU a un amigo y se quedó sin ir a selectividad por ello, sin tener otra asignatura suspensa más que el gallego.
Yo conseguí pasar de curso de milagro, con latín y física a cuenta. La vieja de latín, que por cierto no se quejó ni dio la más mínima importancia a lo sucedido, me dio griego al año siguiente . En dos años me aprobó sólo un examen, la global de Junio de griego.
A muchos de los implicados no volví a verlos. Otros están irreconocibles, y parecen ajenos a toda esa vida académica y cuasi patibularia que nos impusieron durante años y años. Ni se acordarán de aquello. Sus conciencias están muertas, como las de los verdugos. Y como las de todos entonces, incapaces de decir una sólo palabra para detener aquel linchamiento. Incapaces de prenderle fuego a aquel penal donde se trataba a la gente como a basura.
Pero yo sí. Muchas veces, al contemplar el instituto desde el autopista, rememoro lo sucedido y una angustia irrefrenable me invade. Nuestra vida dependía en aspectos clave de una pandilla de puercos, capaces de las más ridículas y torticeras maniobras de propaganda para justificar sus actos espúreos. Llevar a la hipérbole una mínima broma que servía para aliviar las consecuencias de una vida en galeras, condenar al ostracismo a un alumno que no ha sido bien educado ni malditas las ganas y someter a una familia al conflicto por sacarse al libre pensador de encima y por mezquindad deja bien a las claras el nivel del cuerpo educacional de la nación, entonces en crisis.



Hueso dijo
Un fiel retrato del sistema "educativo" que padecimos (profesores de Gallego sadicos y adoctrinadores, profesores de Gimnasia amargadas, que "enseñaban" gimnasia ritmica para tías,etc). Yo la verdad es que no lo pasé tan mal en el Instituto (o gulag en tu caso). Y eso que empece en un turno especial de tarde, para los que no teniamos enchufe para entrar, donde conocí a buena gente como EL MORO, y además me acuerdo que nuestra tutora estaba muy buena, que culo tenia jeje. Fueron, en general, años felices, especialmente el primer año, que es el que recuerdo con más cariño.
P.D: A nosotros tambien nos hacian lo del "eu". FASCISTAS!!
15 Abril 2008 | 01:01 AM