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La Coctelera

TALES OF THE KUNG-FU MASTER


"Que me digan qué es que me opongo"

19 Mayo 2008

LA GUARDIA

Ah, la profesión de leyes… de armas, debería decirse.

Si, a veces está bien. Cierto aire de superioridad, una pátina de sabiduría, de “el-problema-va-más-allá-de-eso” ante cualquier noticia o pregunta de índole judicial, un aura de estar de vuelta de todo, el terror y respeto en la cara de los analfabetos cuando, al fin, se ven cara a cara ante uno de sus leviatanes: o avojado (el abogado), que ocupa un lugar destacado en el altar del terror de los palurdos, al lado de o demo (Pazuzu) y hasienda (la hacienda pública).



Vale, lo admito. El numero de colegiado. La toga (coño, con toga uno se parece a Venger, y hay pocos tipos tan dignos de respeto). Es verdad: por muy iletrado y salvajemente burro que sea un abogado será siempre como el Bayern. Cuidado. Es la segunda parte de la prórroga, vamos ganando 3-0 a esos kartoffen.

Cuidado.

Lo admito: tengo un Código Civil comentado tan gordo que proporciona alguna que otra situación pícara por su mera presencia. Pero maldita sea si lo leo. No lo discuto: de vez en cuando colocas brutales minutas por no hacer nada, con las que te compras chaquetas tan cojonudas que ellas solitas te van a los juicios verbales y ganan.


Pero a veces pesan como un muerto.

Os conozco bien. No habéis pensado en el lado oscuro, ¿eh?. Pues deberíais. En primer lugar, tened en cuenta que sois un desafío para cualquier hijo de puta con ganas de incordiar. No hay manera de huir de ellos. Ahí están, en una comida pseudo familiar a la que ni siquiera queríais ir, agazapados tras la cesta del pan de Cea. Es su momento de hacerse los listos, de destacar.

- Yo de usted ya no digo nada, porque me reconocerá que los abogados, todos unos ladrones.

- Si señor. Son casi tan hijos de puta como los clientes, que menudos cerdos son esos.

Esa es la primera lección. El peor enemigo de un abogado es su cliente, a menudo un anormal, un buitre, un bastardo o una mezcla de todo agitado y con una oliva. ¿La segunda? De pobres, putas y parientes líbrenos el señor. Las tres “P”.

La familia. Joder, qué coñazo. Deberían prohibirla. Si uno es imbécil y se casa y tiene hijos y tal pues vale, que se joda. Que apande con ellos, como se dice en Vigo. Pero, si no, ¿qué coño es eso de cargar con padres, tíos y demás chusma? A partir de cierta edad en la que están un poco repetitivos y uno no necesita su dinero pero sí sus inmuebles, hay que hacer como los esquimales: un rifle, un cuchillo, un par de balas y a tomar por el culo, al monte con ellos. Si valen bien, y si no servirán de abono de los campos.

Y si no se dispone así, pues acabarán vds. en el peor de los casos como Hueso, siendo un esclavo de los progenitores, o como yo, siendo la diana de todo pensamiento esquizofrénico de los majaderos de la familia, que así como uno se colegia se dan de pronto a una vida de irregularidades, pleitos y hasta delitos. La “mala vita”, como dicen los italianos.

Pretenden, con mucho rostro, vivir en el alambre y que el tonto que ha estudiado les salve el pellejo y les procure la gloria. Preguntas con las que me he encontrado:

- Qué necesito para que un tractor destroce el mar de maleza que se haya frente a mi casa y luego hacer un montón con ella y plantarle fuego.

-Necesitas ir al Ayuntamiento y pedir un permiso.

-¡Para quemar MI maleza! ¡de eso nada! ¡lo recurro!

Y así todo el tiempo. Yo que tengo poca paciencia enseguida diseñé una respuesta al efecto, porque no os vayáis a creer, aquí hace falta tirar de piedra roseta. Lo que quieren decir es: yo hago lo que me sale de los cojones y si pasa algo ya irás tu con la bata negra a sacarme del lío con algún truco de trilero.

Pero no es así. Sacar los trucos exige estudiar, y estudiar me quita tiempo de blog, de pasear y de tocarme las bandas. Y eso cuesta mucho dinero. Y esos desgraciados no están por pagar nada. Así que es mejor ponerse morado una vez y no amarillo mil veces y decirles claramente:

-Haz lo que te salga de los huevos, pero después cuando vengan a meterte un palo por el culo no se te ocurra venir a molestarme.

¿Está claro, no? Pues hay quien no lo entiende. Yo tengo una tía muy retrechera que siempre tira por la calle del medio. Cuando el invierno del descontento llega viene a pesar de mis consejos se atreve a acosarme a través de ese arpegio diabólico llamado teléfono móvil, implicándome en sus mierdas al grito de “eres el abogado de la familia”.

Si será guarra la tía. Pero yo no me inmuto. Le digo, le suelto: YO soy el abogado de KUNGFU MASTER. Y luego del señor Euro. Tú primero la haces y luego la piensas. Pues que te den por culo.

No te jode la vieja de los cojones.

Y luego está el amigo chupapitos. Uno de esos que, como estudia laboral y un par de reglamentos para sacar una bazofia de oposición se cree con derecho a rebatir conceptos procesales.

-Oye, que a mi padre lo han citado como testigo al ser comprador de unos nichos algo sospechosos.

- Pues tiene que hacer esto, esto y esto.

-Ah, pero dice que de eso nada que no tiene porqué. Y según la 10/1992 no tiene porqué acudir.

¿Verdad Hueso? Desde luego, yo lo tengo claro: todos están de mierda hasta el cuello. Así que hagan lo que quieran, que ya los joderan. Luego, si sale mal, te van a echar la culpa igual. Y si sale bien les dirán a sus amigos de la taberna que fueron ellos solitos, que sacaron de tranca y el Juez se cagó.

Putos civiles.

Y luego ya hay putadas. De las gordas. ¿Os acordáis de “El síndrome de Stendalh”? Si, esa maravilla de bucles dorados. Esa maravilla tiene una hermana. La mala.

Turgente. Tourona. Ejecutora de la banca. Medio pelirroja, risueña y mortífera.

Lo que se dice una jamona.

Pues se casa dentro de un par de meses.

Y mi amada, su hermana la virginal, dentro de un año, por no ser menos. Sí, con el fláccido.

Venga, apostad sobre quien hubo de solicitar sus partidas de nacimiento y otros documentos necesarios para el enlace.

Si, yo.

Quien hubo de aconsejar sobre la conveniencia y requisitos de la separación de bienes.

Ese mismo.

Como pedirle a Jesús que pague los clavos con los que será crucificado.

Pero todo tiene su lado bueno: cuanto antes se casen, antes se divorcian. Con suerte, antes de un año. Y ahí estaré yo. Viejo como el tiempo, esperando en la oscuridad con mi taza de lapsang souchong humeante y el (los) tridente bien afilado…casi puedo paladearlo…

Un cliente muy chistoso mío definía su separación “a la gallega” (así, de facto, si papeles) como “una separación de cuerpos, NO de patrimonios”. Realmente lo importante es la separación patrimonial, pero ¿qué decirle a alguien que se define a si mismo como “o do bojotito” (el del bigotito) de Melón (provincia de Orense), pero “del medio y medio de Melón”, ¿eh?. Yo también lo considero una separación de cuerpos: separaré a ese bastardo de mi amada a puntapiés.

A veces se pasa mal.

Pero para eso el Señor ha creado el turno de oficio. Ahá, si cometéis un delito en Vigo y no queréis o no podéis designar un abogado, se os designará uno de oficio. El problema es que puedo ser yo.

Y del turno, la crema son las guardias. Ya el día antes noto el nerviosismo, la responsabilidad… cientos de ilícitos penales pueden esperar al alba. Qué tensión.

El Juzgado de Vigo y la luna llena. Una mezcla letal.

¿Me la quito repasando el C.P.? ni de coña. En bata dándole a la consola, al blog o a lo que sea.

Llegado el día, agarro mi sombrero, mi mecedora de bebedor de julepes de menta y mi taza de sheriff. En mi turno nadie se saltará el habeas corpus. Nadie dejará de ser atendido en su declaración, ni atenazado para que no declare. Nadie será desatendido por haber conducido borracho, cual es su derecho constitucional.

Es mi jodido turno de guardia, tenéis 24 horas para pasarlo bien.

Imagen de archivo de Kungfu Master de guardia.

Pero bien, bien. Yo no voy a decir nada. NADA. Que me importa un bledo, vamos. Ya he visto un montón de cosas: “es que estábamos jugando a panaderos con la niña y me cogió la churrita sin saber que era”, “lo que había en la bolsa era comida para los pollos, pero lo que no se comen pues lo vendo”, “a la siete de la mañana, con tres o cuatro whiskys, y que es me da por hacer prácticas para el carnet, es que no lo entiendo ni yo”, “la individua, que me pone como me pone y es que no me puedo controlar. Pero a ella le gusta, ¿eh?”…

Instrucción bajo la lluvia: cuentos, drama y diversión.

Y así todos los días. Agradezco las justificaciones absurdas a nivel literario, pero realmente no tiene sentido darle tanto al magín. El código penal tiene 639 artículos, disposiciones y leyes especiales aparte. Yo debo conocer a fondo unos 100 siendo generosos. Cuando la Policía o el Juzgado requiere mis servicios me encuentro en batín viendo a las jamonas de “Fama” (y sobre todo a Paula la morenita insegura, que tus compañeros te llamarán gorda pero yo se lo rica que estas, prenda) o jugando a Scarface en la consola, así que no merece la pena molestarse.

Yo improviso. Soy respetuoso con la Policía y francamente pelota con la Guardia Civil, a la que admiro por su maestría y educación aristocrática. Si, lo digo en serio: llegas por ahí y te dan las gracias por tu rapidez, te ofrecen asiento y un chocolatito. Luego te presentan al guiñapo astroso al que has de asistir y te dan ganas de meterle de bofetadas en compañía de esos buenos muchachos de verde.

Aunque no puede ser. Cada uno, a lo suyo. Pensamos igual, pero la democracia no se sostiene sola. Ellos detienen, yo defiendo. Lo primero, recomendarle que no declare. Ni caso me hacen. Así que, cuando llega mi turno, a improvisar. Qué vamos a hacer: me remango, inspiro profundamente y largo un solo de saxofón intenso y ardiente, algo que llegue a los corazones y…

¿Qué? Ah, ¿que un detenido no espera que le defienda con un saxofón? ¿que se supone que debo largar una charleta en plan Chepas? No, amigos, no: esto es el turno de oficio. Uno se apunta en un papel grasiento que cuelga de la puerta de la Secretaría de Colegio, donde tres funcionarios tristes y serviles están todo el día dando la murga por teléfono. El Decano y sus putitas si disfrutan de la gloria en un despacho de columnas salomónicas, pero sólo se fijarán en ti si hay una queja lo suficientemente fundamentada. Esto es otra cosa: como diría El Cuervo, “cada can que se lamba o seu carallo”.

Que cojones, si es el lema que reza bajo el escudo del Colegio de Abogados…

Mi despacho: papeles, flexos y...la silla vacia ¡que trabje Rita!

Mi primera salida fue un domingo. Uno de esos 7 de Enero tan tristes. A las 9 de la mañana. Me presenté en comisaría a las 9.30. En agente me informó de que se trataba de un majadero de que años al que habían interceptado encima de la acera con un BMW “haciendo el gamba”, literalmente. El gambitero no tenía carnet y además dio positivo en el test de alcoholemia. En tráfico constaba que el propietario del coche era otra persona

No hay mucho que hacer, ¿eh?.

“No robe el coche, lo compré. Y lo iba a revender, y el comprador lo probó y quedó en la calle. Me emocioné y quise ir a buscar a mi novia con él. Y nada más arrancar me cazan los pitufos”. Le dije a ese cerdo, después de oír sus estupideces, entre ellas que no tenía antecedentes, que se iba a quedar durmiendo allí hasta el lunes. Que a ver que se me ocurría, y que ante la Juez de Instrucción se mostrara comedido y la tratara de usted.

A lo largo del domingo, me dediqué al belle canto y a darle al mando de la consola. Hablé con la madre del payaso, que me preguntó si iría a la cárcel por aquello. Le dije que tal vez.

El Lunes fui requerido por lo caraculos de Instrucción seis, capitaneados por la Juez más seca y mal follada que os podáis imaginar. Antes de la declaración, le reiteré las instrucciones a Fitipaldi, a las que añadí el “toque Lubisch”: como fuere que el coche no era robado, pues el detenido insistía que el vehículo se lo compró a “El Gomero” por 3000 euros sin que Tráfico intermediara, nos íbamos a centrar en que, con intención de revenderlo, mi cliente (jajajaja) permitió al posible comprador probar el coche. Tras la prueba, el vehículo quedó mal estacionado. El detenido, que cenó con vino, se fue preocupando más y más ante la posibilidad de que la grúa se lo llevara, así que, obviando que no tenía licencia, se decidió a mover el vehículo hasta su correcto estacionamiento sin tener nunca intención de incorporarlo al tráfico.

Mala suerte que lo cogieron los policías en plena maniobra. Y mala suerte que dio positivo con dos o tres vinos que llevaba.

Peores cestos se han visto con mejores mimbres.

Va el hijoputa, se sienta y a la primera pregunta del bulldog le contesta tratándola de tu. Primera bronca. A la tercera pregunta, le dice que se tomó “unos whiskys”, dando al traste con mi magnífica coartada del vino, patrio y sano, aunque no le guste a la momia de la Ministra de Sanidad. Y a partir de ahí yo puse el piloto automático y dejé que ese lameluzo contestara lo que le diera la gana: él estaba jodido y yo enfrascado en los melones salvajes del caribe y en la pecas de la preciosa cara de la funcionaria que tomaba nota de la retahíla de idioteces que farfullaba aquella escoria. La juez, como era más fea que un dos caballos, tenía muy mala leche y tiempo que perder, y se cabreaba más y más.

Examinados los Autos, el campeón del mundo tiene antecedentes para parar un tren.

Llegado mi turno, le lance un par de preguntas absurdas sobre su escasa tolerancia al alcohol, y la bulldog no me admitió la mitad porque ya estaban preguntadas.

Esperando el auto de libertad, ante mi amigo el policía que atiende los calabozos, abronqué al desgraciado.

-Te expliqué claramente que contestaras que habías tomado VINO en la CENA. No cuatro whiskys on la tranca fuera.

-Es que me asusté.

El policía intervino.

-No se desgañite, Letrado. Son así: yo de whisky nada, pero mi hijo, fíjese, si toma de eso. Yo, vino, como dice usted. Pero nada de mezclar blanco con tinto. Uno u otro…

Le dieron el Auto libertad al pájaro, pero era un Auto con pelo. En pocos días vendría el de procesamiento y no se lo saltaba un gitano. A este le daba igual: lo fue a buscar una chiquilla bastante mona, de esas por las que merece la pena coger el coche bien mamado…

Así como me entró por el fax contesté alegando que aquello era una puta mierda de auto, que no pasaría a Procedimiento Abreviado ni en Senegambia, que no había derecho. Que más da, ya de decir burradas pues mejor que sean aparentes. Y además, conducir sin carnet no es delito, cojones (de aquella no lo era), y un par de “cacharros” (literal) los bebemos todos. Total, yo iba de oficio…

Tres días después, llega el informe del Fiscal: conducir sin carnet no es delito. La tasa de alcoholemia no es muy alta, los ojos vidriosos y demás no demuestran una efectiva puesta en peligro del tráfico, y además si estaba encima de la acera era por su impericia porque no tenía carnet. Que lo absuelvan.

Absuelto queda.

No me lo creo. Con las manos en la cabeza, llamo al interfecto. Me da las gracias de medio lado y me dice que no me preocupe, que se está sacando ya el carnet.

Desde esa, ni me preocupo de lo que pueda caerme. A la mierda, este es el país de las oportunidades.

Pasan los años y las estaciones, y con ellos los delitos más pintorescos. Yo escucho pacientemente sus mentiras, y luego conformo o saco el saxo. El otro día me cayó nada menos que contrabando de tabaco. Pese a mis consejos, el detenido insistió el declarar ante la Guardia Civil. Tras decir que él importó ropa obrera y que no sabía que en el contenedor venían además 9000 cajetillas de Winston, al rato soltó que “además, ese tabaco es una puta mierda, es todo palo, palo”.

Llegado mi turno, tan sólo solicité que pusieran al detenido inmediatamente en libertad, toda vez que resultaba patente que era un retrasado mental del todo incapaz de cometer un delito que necesita de un mínimo de raciocino.

Estoy esperando a que el fiscal me de la razón.

Lo mejor del día llega cuando termina la guardia. Me doy una larga ducha repasando librándome del pestazo de los calabozos y del aliento de los maleantes. Me bebo un Highland Park y me regodeo en mi labor: gracias a mí, un montón de basura seguirá infestando las calles. Pero todos nos podemos ver en esa tesitura. Dentro de seis meses, con suerte, la Xunta me dará mi escaso estipendo por tan amargo trabajo.

Paisaje que se contempla al abandonar el juzgado. El arcoiris rompe la tormenta...

Al día siguiente, regresa la normalidad. La alarma se ha apagado, ya salimos de DEFCOM 2. El teléfono no es ya la señal para el ataque, lo cojo desprevenido.

- Que soy el borracho del coche. Es que verás, discutí con mi tía y se acercó a mí para insultarme pero resbaló y se metió una galleta y me denunció diciendo que fui yo quien la empujó… ¿puedes llevármelo?

- No. Se me han acabado los polvos mágicos, Torete.

¡Hasta la proxima guardia, cowboys!

Que te follen. Ya no estoy de guardia.

servido por kungfu-master 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Hueso

Hueso dijo

Un diablillo como tú debería estar encantado de tratar con esos seres del inframundo. No los abandones jeje.

Por cierto, chupapitos lo seras tú, AFILAO. ¿10/92? Esa no la estudié jaja

20 Mayo 2008 | 09:38 AM

El Moro

El Moro dijo

Estudiate el Codigo Penal, que aqui en Zaragoza, las niñas se alimentan muy bien y a ver si vas a tener que venir a por mi... grrrr coletitas y minifalda.....

Por otro lado, los articulos de tu blog son una ventana por la que nos asomamos a ese Vigo deprimente y oscuro que tanto nos gusta... Sigue asin, por si escasa...

20 Mayo 2008 | 01:46 PM

YET

YET dijo

La foto de la luna sobre el juzgado es impactante, como dos mundos que colisionan. Ese diablo rojo posando erguido sobre el fondo con el código, extraño e hilarante. Son una anécdotas formidables, y al final consigues sobrevivir, salir airoso, y eso que son cosas como para tener los cojones de corbata.

20 Mayo 2008 | 03:39 PM

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Pike, treinta y subiendo. Soltero y vive con su gato. Antiguo comandante de una nave de los 80, ex-cabecilla de una pandilla de gamberros callejeros, ahora a punto de empezar a hacer calceta o coleccionar sellos, pues camina ya hacia la niebla de la idiocia, dejando antes del fin testimonio de lo vivivo...o imaginado
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