EL ENEMIGO DEL PUEBLO
Os lo advertí: en verano paso a estado de “Total Vagabundaje”, a modo seudo fósil. De la toalla al agua, de la playa a la piltra y de ahí a la nevera, sin muchas más escalas.
Y aunque

No pocos me habéis pedido un nuevo artículo, proponiéndome temas variados, tales como “
El caso es que he pasado buena parte de las últimas dos semanas en el campo, en una pequeña casa de pesadilla (calcada a la de “Evil Dead”) que tengo, curiosamente metida en el monte pero cerca del mar. Allí, huyendo de las huelgas, de
Y así transcurrieron los días, hasta que cierta noche de viernes hube de regresar a la ciudad con la aviesa intención de salir de copas para ver si con mi moreno conquistaba a la checoslovaca Linda, la camarera pizpireta, sobreexplotada, hermosa y grande como un caballo del ridículo local de moda “Oh

Embassy: en la disco, nadie puede oir tus gritos.
Embassy. La embajada del infierno: divorciados en camisas de satén sudadas, viejas arpías empastadas con maquillaje barato, garrafón inmisericorde, música del averno… pura carroña para paladares poco exigentes.
¡NADIE!
No para mí: yo soy el clásico cachondo que cuando no se come un rosco no da su brazo a torcer mostrándose humilde en sus pretensiones, sino que exige modelos o similar. Y como eso no sucede (apuntad: eso que dicen siempre las guapas de que no ligan porque no les entra nadie, asustados como están ante semejantes monumentos, es falso. Eso y lo de que comen de todo), pues sencillamente me aferro a la ginebra y miro por encima del hombro a todo bicho viviente. Como bien dije no hace mucho, si llego a medir dos metros no se qué pasaría, porque ahora voy por el 1,76 y no hay humano que me soporte.
Así que ahí estoy yo, aguantando mecha, cuando entre la neblina fétida que flota en el ambiente reconozco una figura de amplios márgenes. Poco a poco, imágenes del pasado acuden a mi mente cansada. Una frase se impone a las demás, entrando fuerte desde 1987, haciendo que abra los ojos con clarividencia, la borrachera se evapora…
- Mi nombre tiene las cinco vocales, como Murciélago.
Ahí estaba el zafio, el crápula.
El hijo puta del Aurelio. El “Urelio”, el tipo más odiado de Vigo. Un ser repugnante, más gelatinoso por dentro que por fuera, lo que ya es decir. Dejad que os cuente la leyenda del Aurelio, y oídla como la vieja leyenda de “Chuck a luck”…
“Escuchad la leyenda de Chuck-a-luck, Chuck-a-luck.
Escuchad la ruleta del destino
Mientras gira una y otra vez con sonido susurrante…
Gira la vieja historia de odio, asesinato y venganza.
La venganza es una fruta amarga y maligna
Y la muerte cuelga a su lado en el arbusto.
Estos hombres que vivieron según el código del odio
No tienen nada ahora por lo que vivir”.
El bola grasa que se meneaba como una lámpara de lava ante mí había nacido en 1977 en un lugar desconocido entre Venezuela y Orense. Tenía tres hermanas tan horrendas como las gorgonas, mucho mayores que él, y sus progenitores eran dos bestias de carga coriáceas que se habían hecho con un buen patrimonio a base de trabajo duro y de explotar y socavar la maltrecha economía venezolana, como corresponde a un buen gallego. Con los dineros de ultramar, se mudaron a Vigo, y no a Ribadavia o algún otro repulsivo lugar como les correspondería, donde compraron un piso en la zona nueva de mi calle y abrieron una lavandería a la que llamaron “Brisa Mar”, siendo tan ratas que el cartel de tan lustroso negocio era compartido con… ¡el del grasiento “Bodegón Canido”!.

Yo nunca miento.
En todo caso yo no habría llevado allí ni los calzoncillos de Satán tras un día de trabajo en las calderas, toda vez que, con un bodegón de grasa, pescaditos y sordidez debajo ya me diréis lo ventilada que saldría la ropa, pero como hay gente para todo pues el negocio tiraba bien. Y lo hacía porque las Gorgonas y la madre del interfecto trabajaban de sol a sol, realizando todas las tareas que exigían los servicios ofertados, incluyendo el reparto, que ejecutaban en una furgoneta 2 CV marrón mousse. Y mientras tanto, el padre se dedicaba a invertir y especular con la fortuna de ultramar, alentando y jaleando además la conducta despótica del pequeño de la casa, que básicamente se dedicaba al Belle Canto y a azotar a su madre y hermanas al más puro estilo de “El quinto mandamiento”.
Si, Aurelio era un bastardo dentro y fuera de su casa. Sus lindezas, todas ellas cinceladas con el martillo de la arrogancia y la soberbia, no caían muy bien entre sus compañeros de colegio, toda vez que en aquel entonces no se toleraba ni el chivatazo ni el despotismo. Y, como podéis imaginar, duraba bien poco en aquellos cuarteles de hombría y violencia justa. Al derivar esto en un tour de instituciones, la leyenda de su majadería y la estela de su rufianismo se extendieron entre los escolares como la escarlatina y la gonorrea.
Menos mal que estaba Arconada
Era tan odiado, que sus afrentas y los correspondientes correctivos eran transmitidos en una suerte de cantigas de ciego. Os contaré (y no las cantaré porque a mí eso de las cantigas de ciego no me parecen ni arte ni nada, sólo relatos burdos y picantones expulsados por la boca cenagosa de un ser despreciable que aún no había descubierto el negocio de el juego) algunas de ellas. La más conocida, la de que en 1984, impactado por la película “Superman
Hay otras más creíbles y, aunque menos graciosas, no carentes de chispa, como aquella que relata como le fueron robados a punta de nudillos nada menos que dos plumíferos “Rock DeNiece” en ocasiones sucesivas. En los primeros noventa, un Rock bicolor era el uniforme de todo pijo que se preciara, pero me refiero a un pijo ruin, de esos que había antes que eran malos como la quina, crueles, cobardes y desaprensivos. Como Aurelio, vamos.
Pues esa vez se encontró con la justicia. Y en el portal de su casa, he de decir, donde un hombre que se precie ha de marcar el límite de lo permitido. Como bien lo marcó Daniel Paracha Rivares quien, tras un altercado en la pista de baloncesto de Maristas con el insidioso enemigo del pueblo, en el que el susodicho interrumpió un partidazo en memoria de Fernando Martín llevándose su balón Spalding para fastidiar, decidió hacer justicia por todos y a la manera de los 80.
Killing fields de Maristas. Aquí ocurrió.
Agazapado en el tiempo parado de la tarde calurosa, esperando el momento del ataque entre las horribles clases de sociales y plástica (que, impartiendo las clases el mismo profesor de lengua española, terminaba por ser recuperación de lengua la mayor parte de las veces), cuenta la aplaudida leyenda y son muchos los que atestiguan su veracidad que, en un momento de gloria y arrojo, Paracha se arrastró entre los pupitres con un compás entre sus dientes, con el que pinchó reiteradamente, lleno de furia y precisión, la cámara de aire de las botas del mal, aquellas que motivaron la afrenta y que simbolizaban la injusticia, que vestían al mandarín de la ignominia.
Las PUTAS pump.
Luego está ya el gore, y yo soy testigo de él. Aún es hoy el día en que sufro pesadillas cuando recuerdo lo que ocurrió la primera vez que visité la casa de Aurelio… qué espanto. Aún no conocía yo la catadura del individuo, y me resultó amable su gesto cuando me preguntó si quería merendar Nocilla. Le respondí con educación que no, ya que le Nocilla me ha parecido siempre una porquería asquerosa causante de fallos hepáticos y renales, de corazones en forma de bota y de castraciones no aparentes. Contento con mi respuesta, mi anfitrión sacó de la nada un bote de tan repulsivo mejunje, lo abrió y, para mi espanto, metió su lengua pecadora en el bote, emitiendo un sonido viscoso y voraz, sin duda el sonido del infierno. Interrumpió por un momento su labor carroñera y, mirándome a través de sus gafas de Aisin Gioro Pu-Yi devenido jardinero, me dijo distraído
- ¿Sabes que nombre tiene todas las vocales?
Maldita sea si podía pensar en otra cosa que no fuera en huir de aquella malhadada figura.
- El mío: Aurelio. Mi nombre tiene las cinco vocales, como Murciélago.
Oh, si. Don Ronald Reagan nombró al mal en su momento, y yo lo hice entonces con cinco vocales. ¿Murciélago? No, vampiro. Vampiro de la basura, exhibicionista de burlonas carnes, cobarde rata, revisionista comedor de mierda…

Para rematar la función, el majadero colocó el bote en la nevera. A poco de abandonar aquella caverna, llegó una de sus esclavizadas hermanas, y os puedo jurar, y guay de mi si miento, que esa pobre criatura echó mano del bote y por poco no unta esa ponzoña en pan, cuando pudo notar lo que había pasado…
- ¿Has metido la lengua en el bote, Aurelio? ¿lo has hecho? Eso no se hace, Aurelio, eso no se hace, por Dios, eso no se hace…
Aurelito se rió de medio lado.
Años después, en un momento en que ya no me reconocía del todo por la ayuda de las arenas del tiempo, lo observé detenidamente. Estaba a la puerta del Bar Escalera, y os puedo asegurar que daba órdenes displicentes a un hombre de unos cincuenta años, gordo y calvo, que rebuscaba y recogía cartones. Una reina oscura, llena de venenosa belleza, escoltaba al rey amarillo. Pregunté a qué se debía esa escena, y quien era esa mujer que parecía acompañar al sátiro. Lleno de pesar, uno de mis amigos que cumplía servicio en
Y hasta aquí hablaré. Creo que no hace falta revolveros el estomago, todos conocemos a un Aurelio. Sirva esto de ilustración y recuerdo de un deber que atañe a todo hombre y mujer que así quieran ser definidos: al igual que Don Ronald Reagan, debemos nombrar y señalar al mal siempre que detectemos su hedor. Y debemos combatirlo hasta el último aliento. Llámese Unión Soviética, llámese Aurelio, llámese como se llame.
Por ejemplo, esos CERDOS pertenecientes a grupos separatistas de País Vasco y Cataluña, en particular de PNV y ERC, imagino que algún otro también del Bloque, que no sólo deseaban que España no ganara, algo que es miserable pero admisible, sino que además se alineaban con el rival, fuere el que fuere. No sólo eso, sino que, al igual que le ocurriera a Paracha, impidieron las celebraciones de las personas que por esos lares viven acongojadas y acogotadas bajo la bota Pump de estos FASCISTAS.
Y el despiporre es que enarbolan en sus sedes las banderas de estos países rivales en lo que supone un acto que pone a las claras su complejo de inferioridad y lo ridículos que son. ¿Qué les ocurre? Pues es que son unos desastres físicos, unos enclenques o unos gordos sebosos e impotentes que justifican su modo vida repelente en base a unas necesidades y derechos ficticios, que vienen además a camuflar aquellos otros que, siendo genéricos e innegables para todos los seres humanos que deben nacer libres e iguales, son cercenados brutalmente.
Dicho lo cual, es mi deber también nombrar a un Aurelio a nivel nacional que lleva años y años tocándonos las narices con su insufrible actitud chulesca y con sus desafíos al buen gusto. El patriotismo es en ocasiones el último refugio de los canallas, de canallas que ocultan su FASCISMO y su afán de vanagloria nada menos que en la camisa patria, utilizándola para sus fines torticeros. Que gustazo haberle pinchado las Pump.
Pero acabemos bien. Esa verano, estamos todos muy contentos. Hemos celebrado una gran fiesta y nos sentimos llenos de orgullo. No seré yo quien cierre con amargura este episodio grandioso.
Esto es noticia: voy a hablar bien de alguien.
Lo que más me ha gustado de
Eurocopa ganada, Urelio retratado, Arconada vengado (¡qué bien se conserva!), Raúl en conserva, pichas flojas en las porquerizas, servidor bronceado, huerta floreciente y artículo escrito. Es hora de descansar, me vuelvo a la playa.
¡No os perdáis lo próximo! Insultaremos de verdad, no como hoy.




Papadoc dijo
Ya te lo comentaba en un artículo anterior. Vigo esta lleno de borrallada así. Si sólo fuera ese personaje... De ahí viene mi autoexilio...
¡¡¡Yo soy español, español, español!!!
De nuevo llegas de arribista en la camiseta...primero la de la Roma, ahora la de España...
Un saludo
1 Julio 2008 | 10:26 PM