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La Coctelera

TALES OF THE KUNG-FU MASTER


"Que me digan qué es que me opongo"

7 Octubre 2008

CATOLICO HOMBRE EN TEÍS

No os asustéis. Soy consciente de que los relatos personales de revelación son, sin duda, el último refugio de los canallas.

Si retiramos una pequeña porción de extraterrestres, de espíritus del bosque y otras hierbas alucinógenas, nos queda un 93% de afectados relatos religiosos, llenos de ángeles, demonios, santos y, por encima de todos ellos, el Elvis de estos visionarios: Jesús.

Obviamente, cuando oigo hablar de revelación, hecho mano a mi Tokarev. Yo, que a penas fui bautizado con un nombre corto y de aire revolucionario, negándome a tomar la comunión después y de la confirmación ni hablamos. Yo, un destructor de mundos que gozaba forzando a mi difunta abuela a rezar eternos credos cada vez que veía un partido en su casa, soltando en el más insignificante lance la retahíla más compleja de blasfemias. Cuando apenas había tomado aire al rematar la oración, largaba este pecador una burrada aún peor por pura diversión…

J.A. Veloso, chota de la pasma. Este si se confiesa

Nunca me he confesado. No voy a misa desde 1987, y entonces fui obligado. Cuando alguien muere, acudo a su sepelio de manera seria y solemne, pero estoy ausente en la ceremonia, mis ojos buscan y mi mente va desarrollando las más irreverentes historias: viudas negras, difuntos que señalan con el dedo huesudo a su asesino, confesionarios convertidos en instrumentos para practicar el salierismo…

Y no es que busque refugio en otra confesión renegrida y famélica, o en la asquerosa imposición ideológica del Estado, y guay de mí si me confunden con uno de esos desabrochados que no paran de hablar de su ateísmo o con otro de esos pichaflojas que subidos a su agnosticismo miran por encima del hombro a todo el mundo.

No, hay que creer en algo. Yo, hasta ahora, practicaba con desgana un neopaganismo más forofo que místico, cuyos apóstoles resultaban ser artistas y personalidades de los más variados pelajes, capitaneados sin disciplina por mi mismo, semi-dios y demonio íntegro, y rematada la pirámide por el padre creador, el consumismo.

Esta postura filosófica y política, esta teoría, puede resumirse en la máxima “desarrollismo o muerte”.

Pero después me impactaron enormemente las palabras de Silvester Stallone en la gloriosa Rambo IV, que como sabéis me apasiona. Lo de “morir por algo o vivir por nada” me caló hondo. Tenía razón, estaba incompleto y absolutamente condenado en caso de que ilustres ateos como Carrillo o Erich Honecker se hubiesen equivocado en sus máximas…

Y alguna vez se equivocaron…

Así que me añadí a mi teoría el contra-agnosticismo. Sí, contra. Si lo pensáis detenidamente, ser agnóstico en su definición clásica (“no se si Dios existe ni puedo saberlo, pero viviré como si no”) es de imbéciles. Digo yo que si crees en Dios y te mueres y resulta que no existe pues no pasa nada. Te pudres y punto. Te recordarán o no durante un tiempo, pero nadie se acercará a tu lápida para chincharte con el “ya te decía yo que no existe” porque evidentemente no lo saben.

Pero lo jodido es si no crees y resulta que existe. ¿Entonces que? De cabeza al infierno, toda la eternidad en el averno bajando por un tobogán mientras un enano te da latigazos hasta que llegas a una caldera de mierda hirviendo y así toda la eternidad, como el chiste. Cuéntale tú a Mefisto que la culpa es de la gárgola amargada de Sartre, que seguro que cuela.

Yo decidí dudar pero actuar como si sí existiera. Condenar me condena igual, pero seguro que de manera más leve, y por lo menos no se me quedará cara de gilipollas al comprobar que en efecto hay Creador.

Y aquí debería terminar la historia de hoy. Ya me he explicado, hemos insultado a gusto, recordado mi infancia…

Pero no es así.

En primer lugar, culpo de los sucesos que relataré en adelante a Manolo el Cubano, el hombre de piedra. Su sola presencia, que ya disfruto desde hace ocho años, irradia una espiritualidad franca e irresistible que se impregna con facilidad a la ropa, a los huesos, al cerebro y al corazón. Yo he procurado ser siempre irónico, acosarle con preguntas sobre el vudú, sobre fantasmas, apuntando neciamente al apetito sexual voraz que blasona parte de su historia.

Te jodí, blanco. Dos grandes no Xaxán.


Pero en realidad me hace pensar, me hace sentir el misticismo (y nada más, que esto no es el rincón de Zerolo). A veces me río, a veces me callo, pero siempre me golpea una ola de luz cálida y aire familiar que me ocupa la mente todo el camino a casa, que es siempre el más largo. Y estoy seguro de que lo sabe, no dice nada pero lo sabe, lo puede leer en mi cara.

Así ocurrió en nuestra visita al monte Xaxán. Llevaba toda la vida pensando en visitar ese lugar, un monte coronado por un extraño repetidor que se ve desde cualquier parte de mi ciudad y siempre desde mis distintas viviendas. De día, de noche, en fotografías y hasta grabado en la distancia, decorado de mis paseos, sean a pie o cuando me desplazo por la autovía hacia la cabaña de pesadilla.

¿Es casualidad o es normal que esperara 31 años, hasta que un hombre que no conocí hasta los 23 cruzara el océano desde Cuba, me hablase del lugar y termináramos acudiendo juntos a un sitio que queda a media hora en coche desde Vigo?

Casualidad, quise creer yo. Y nada mejor para alimentar la hoguera de la propia ignorancia que hacerse acompañar de un escritor underground y comecuras como Yet, resentido ex alumno marista. Así la fe se quedaría relegada a donde pertenece: a los bingos y a las casas de putas.

Pero no fue así.

Se produjo lo inesperado y nos perdimos. El monte pelado, el sol de justicia y la ausencia de equipamiento para pasar la noche que tal vez se nos echaría encima dibujaban un panorama oscuro.

Pero cual no fue mi sorpresa al comprobar como el lector de la “Muy (poco) interesante”, el escritor de bizarras aventuras, el cagador de sentencias basadas en la experiencia científica roída de volúmenes resesos de enciclopedia y el escribano de trhillers para cobardes se aterrorizaba y perdía, no sólo la cabeza, sino los principios también, ante la pequeña eventualidad de la muerte, mientras que el creyente, sin más reliquia que una gorra sobada y una sonrisa despoblada por los años, se mantenía tranquilo y en ningún momento dudó en socorrer al histérico, llevándonos además por una senda que no sólo era la correcta, sino que además resultó ser hermosísima.

Yo contemplé esta escena con interés, y puedo decir que, aunque por naturaleza desconfío y evito el peligro, jamás temí por mi seguridad. Desde luego puedo atribuir este hecho a que la civilización estaba al alcance de la vista, a que prudentemente devoré las provisiones que los otros racionaban y que servidor no morirá en un merendero. Pero no le quito hierro a la confianza y diversión en estado puro que sentí a lo largo de esa jornada, muy en especial el los momentos en que nos supimos bien perdidos.

Debo señalar además que otra aventura en condiciones semejantes hubiera llevado necesariamente aparejado el sacrificio del miembro díscolo que atacaba la moral y la mente del grupo, pero en este caso, y tal vez debido a lo muy sagrado del lugar en que nos hallábamos (cuya solemnidad no han podido mellar ni la gentuza que practica curros ni la merendola anual de los morroscos del BNGe) la muerte fue espantada, y enteros llegamos todos a casa.

No le di mayor importancia al asunto, pero si es cierto que desde mi subida al Xaxán noté ciertos cambios a varios niveles: en mi propio cuerpo, que me pedía una última revolución antes de la madurez para poder coronar más cimas; en la percepción que de mi entorno desarrollé, pudiendo jurar que veo esa montaña más cerca y más clara desde su conquista; en mi mente y espíritu, cuya descripción exigen un mayor detalle.

Días después de aquello me encontraba bebiendo en un pub con los malvados que normalmente me acompañan. Hablábamos, como no, de sexo, espoleados por la visión cautivadora de una hermosa joven. Como es de recibo, uno de mis compinches se hizo cargo de señalar lo muy placentero que sería cubrirla enérgicamente, pero despedirse después educadamente sin intercambiar ni tan siquiera los nombres, toda vez que ya había pasado por un divorcio y no quería complicaciones.

-Eso es destructivo.

Tales fueron mis palabras, y que el demonio me lleve si no las dije de manera automática, sin pensar en pronunciármelas ni en callarlas, y sin saber de donde salían, si del corazón o de los cojones.

En ese momento varios pares de ojos se posaron en mi con estupor, incredulidad y hasta cierto enfado. Parándome un momento a reflexionar, y buscando una salida del jardín en el que me había metido, bebí un trago largo y me expliqué.

-Lo digo en serio, no para fastidiarte. Como a todos, me gustan los revolcones con desconocidas, y bien sabe Dios que necesito una docena. Pero antes requiero algo de conversación, un poco de calor humano. Y desde luego de nada me sirve estar con una mujer si no la voy a recordar por su nombre, amén del olor tan dulce que queda en las sábanas y que se te pega al cuerpo. Piénsalo, es lo único que te llevas a casa. Y además, a mí después de hacerlo me gusta mirarme tranquilamente al espejo, sin prisas.

Esta declaración era pura improvisación, y no la firmaría como confesión. Ordené una ronda para todos esperando que el alcohol les borrara la memoria o cargara con las culpas de mi creciente estulticia. ¿Pero qué me pasaba? ¿me estaba volviendo socialista o qué? Conversación… por favor, si a eso se le llama charla de almohada y punto. Y lo peor de todo es que el divorciado se había quedado pensativo, con una cara que mostraba a las claras que su tan cacareada voluntad de entrar y destruir era una fachada que ocultaba el deseo inconfeso de una vida alejada de los antros, sin duda en compañía de mujeres a las que poder llamar… por su nombre.

Puro churcillismo alcohólico. Un par de chistes gruesos aquí y allá y pronto fue olvidado el incidente. Por todos, menos por mí.

Pero nada comparado a lo que sucedió hace unas pocas semanas.

Por la noche conseguí hablar largo y tendido con una mujer a la que llamaremos Nehoda, por representar el peligro del este. Horas y horas, bebidas y bebidas consumidas (pues era camarera) en convencer a ese elfo pesetero sobre lo adecuado de mi condición de amante y mecenas no habían dado ni muchos ni pocos frutos, lo que me dejaba en una situación muy incómoda, pues no podía atacar ni retroceder y dedicarme a otra cosa. Ya sabéis que yo funciono así, me meto debajo de la portería y saco contragolpes a ver que pasa. Todo menos que te metan un gol, yo a lo Cesare Maldini, a lo Nevio Scala: si me quedo con la portería a cero estoy moderadamente contento.

Esto mismo le relataba a un amigo cuando nos cruzamos con vuestra archiconocida y protagonista de varios post, la mujer en cuyo rostro perviven las enseñanzas de Botticelli y cuya mano se haya entregada a otro hombre, fofo y gordo a más señas. Por desgracia para mí, me saludó de un modo entre asustado e incómodo, sin detenerse en mayores ceremonias. No siendo la primera vez que ocurría esto, tuve la seguridad de que conocía mis sentimientos, cuestionándome tan solo si semejante información le había llegado de algún bocazas mal parido, de la lectura de estas páginas o de la simple contemplación de mis nervios a flor de piel.

Tal circunstancia se integró en la conversación, llegando mi confesor y yo a la conclusión amarga de que lo tenía enormemente complicado tanto con el sol de medianoche como con la mujer con la que aspiraba reinar en una ciudad en llamas.

Aún es hoy el día en me estremezco al pensar que, en lugar de pedir cuerda y cuchillo para los usurpadores, en lugar de revolcarme en la amargura o en esperar un pronto olvido, otorgué a la conversación una conclusión muy diferente.

Sí, amigos, creedme cuando os digo que me encontré a mi mismo defendiendo mi actuación, manifestando que en ninguno de los dos casos había actuado de mala fe; que no había ofendido a esas mujeres ni de obra ni de palabra, y que sólo me había mostrado dispuesto a amarlas hasta el fin de mis días o de mis ganas, lo cual no es una ofensa ni un delito por mucho que se empeñen Bibiana o Zapatos. Se hubieran enterado o no de mis intenciones, no renegaba de ellas ni me arrepentía de ninguna, y lo haría todo igual otra vez y mil veces más.

Y en todo caso, llegada mi coronación o expuestos mis restos inertes a las aves del fracaso y la soledad, daba las gracias a Dios y lo haría siempre por haberme permitido contemplar a semejantes bellezas, y más todavía por haber podido oír sus voces dirigiéndose a mí, por poder llamarlas por sus nombres, soñar con ellas y por, en fin, poder relatar la dicha que me produce todo ello a mis amigos y a quien quiera leer mis palabras. Y ya, como colofón, solicité del Altísimo (como si fuera un compañero del equipo de futbito) que bendijera a esas dos amazonas que tantos dulces momentos me habían regalado.

Ni que decir tiene que esto era del todo inaceptable para un cafre como yo. Era el culmen de mi comportamiento errático. ¿Qué clase de huraño conspirador guerrillero de la web podía ser con esos pensamientos de asceta de barrio obrero? ¿qué ocurriría con mi blog, acaso devenido en una ermita floreada con aromas de incienso, hogar de esperanza y ventura? No, no podía ser

Caminé entonces como lo hago siempre, y mis pasos largos me llevaron lejos, al barrio obrero de Teis, donde se encuentra la factoría de Vulcano, visibles sus dos grúas como centinelas en la distancia desde cualquier punto de Vigo. Mi nueva vitalidad me llevaba cada vez lejos con menos esfuerzo. Estaba sobre-excitado, y tenía muchas energías debido también a … qué carajo, lo cuento, al celibato, a que nada de nada de nada durante más de un mes. Sería eso, si, eso sería. Eso mismo, y nada más.

Uno no debe engañarse a si mismo. En mi caso no puedo. Un vigués, cuando se encuentra ante la orilla del mar y la cuna de la vida de sus antepasados, en los escenarios en los que se desarrolló su trabajo y su destino, se encuentra a si mismo. De nada sirve mentir. A mi mente acudieron recuerdos de una noche en Vulcano, muchos años atrás…

Vivía yo en Abril de 2005 con mi novia. Una noche de sábado estábamos atentos a la televisión, al igual que medio mundo: Juan Pablo II se moría lentamente.

Recuerdo esa noche vívamente. Poco a poco, la distancia se fue acortando. La indiferencia se resquebrajaba en cada uno de nosotros, en absoluto devotos, ni tan siquiera cercanos. Las primeras risitas y comentarios frívolos dieron paso a un profundo silencio, clavado en la única luz encendida del edificio donde agonizaba el único padre de la Iglesia que habíamos conocido, y la esperanza y misericordia de millones de almas

.

Qué poco importaban entonces los debates. Los píos, defendiendo la buena salud del Padre Santo y su sacrificio. Los incrédulos, solicitando por piedad la retirada del anciano, que a duras penas era capaza de hablar, en base a la dignidad humana. Para ellos era un hombre, sólo un hombre, Karol Wojtyla, y debía morir cómodamente.



Como si uno dejara de ser Papa a medio de dimisión, como el Presidente del Racing de Santander. Cuando pensé de manera profunda en ello, y el silencio solemne inédito en aquel sábado me lo permitió, llegué a la conclusión de que eso era lo importante. Era un hombre como yo, vestido de manera ridícula por un código milenario. Defendiendo las posturas más impopulares (como nada de gomas) y las más justas (su continua lucha contra la injusticia) hasta su último aliento, sin plantearse ni un momento la claudicación. Cierto o no, era para millones de personas el embajador de Dios en la tierra, el nexo de unión entre las necesidades perentorias de todos los creyentes del mundo, desde los más opulentos hasta los más paupérrimos y necesitados. Todos los días desde hacía casi 30 años recibiendo plegarias, peticiones a menudo desesperadas de ayuda. Y haciéndolo hasta el último de sus días, muriendo lentamente.

No sólo con dignidad, sino con huevos, como se espera de un hombre.

Jamás había sentido algo parecido. Como ahora, en aquella noche de 2005 me angustié. Le dije a mi novia, atrapada también por la congoja súbita que a duras penas escondía, que iba a darme una vuelta.

Llegué como hoy a Teis, y entre las grúas fumé un cigarrillo para calmarme, mirando al mar, oyendo como enormes contenedores venidos de Hamburgo eran desplazados. Pensé en aquel pobre anciano y en como sostenía sobre su espalda torcida el peso del mundo y lloré amargamente, lloré por un hombre como yo y le deseé de corazón un buen fin, y que tuviera razón, toda la razón del mundo.

Y hoy como ayer volví a contemplar el mar con los ojos arrasados en lágrimas mientras un avión dejaba una estela anaranjada sobre la ermita de la Guía. Lágrimas de felicidad vertidas por el peor de los católicos recordando al que fue el mejor, reconociéndome hecho a imagen y semejanza del Creador, imperfecto e impuro, pero bendecido, ungido por la felicidad de la amistad, la salud y la fortuna que no merecía. Ni un solo día he dejado de ser un irresponsable ni un derrochador, como podéis haber leído a lo largo de estas las páginas de mi blog. Y ni una sola vez he caído en desgracia, recogido siempre por una mano invisible cuya ayuda no merezco, que ahora besaba y asía como si fuera la de mi Padre, sintiendo toda la tierra rodar y el mar oscuro deteniéndose por un momento eterno.

Soy el hijo más afortunado del Señor, soy el hombre al que más veces se han dispensado sus faltas, y me siento dichoso. Creo en la inmortalidad el alma, y reivindico la resurrección del espíritu.

Soy un hombre católico en Teis y lo reconozco, y lo haré hasta el último aliento.


Dedicado a Manolo por el nacimeinto de su primer nieto. Ahora me jodiste tú, blanco.

servido por kungfu-master 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Aigor

Aigor dijo

Teleindiscreta: "CONMOVEDOR"

Vas a llorar con lo que viene de Mexico, seguro que hasta ves apariciones de la Virgen de Guadalupe.

7 Octubre 2008 | 11:43 PM

Agente Dale Cooper

Agente Dale Cooper dijo

Aprovecho que temporalmente me funciona Internet. Sí, gracias a Manolo y a Kung-fu master, pudimos sobrevivir al Xaxán. Fueron unos hombros sobre los que apoyarse, guías en un camino incierto. Ellos vecieron al temor y a la locura y apaciguaron la desesperación y el histerismo. Un abrazo.

8 Octubre 2008 | 12:00 AM

Penedo de Barro

Penedo de Barro dijo

Kung-fu Master:
En realidad fuiste tú quien nos impulsó a poner de rodillas al altivo Xan Xan y con tu serena actitud nos ayudaste a descender a tiempo de allí. Y ahora eres tú, entrañable cínico, quien fortalece nuestra oscilante fe.

Hay un columnista de La Voz de Galicia (Luis Ventoso) que suele decir lo que piensa y hasta hoy ha sobrevivido a ello. Ésta es una cita literal de uno de sus últimos artículos:
"Stephen Hawking afirmó en Santiago que la ciencia deja poco espacio para los milagros y para Dios. Lo de los milagros parece claro:no se conoce manco que vuelva de Lourdes con una mano nueva; y hay muchas reencarnaciones de lamas, pero ninguno retorna del más allá con el mismo careto. En Galicia la Santa Compaña dimitió en cuanto llegó la electricidad.
Sin embargo algunos enigmas se resisten a la ciencia. ¿Cómo cubicar la pasión amorosa irrefrenable que estalla entre dos personas? ¿Por qué alguna gente elige la ruta del sacrificio extremo? ¿Dónde radica la conmoción que puede causar un concierto complejo de Bach o una canción rústica de Dylan? ¿Por qué un mismo individuo es capaz de un acto heróico y de la más miserable abyección? ¿Quién o qué puede confortarnos ante la extrema soledad de toda persona ante la muerte?
Dios, o algo parecido, continúa solapado entre los repliegues de lo insondable."

Diego te manda su primer saludo, y espera por tí para ascender sus primeros montes. Yo me encargaré de recordárselo cuando llegue el momento.

Gracias por estar siempre aquí y ahora

8 Octubre 2008 | 10:00 AM

Solal

Solal dijo

Si hay un dios que merezca ser adorado es éste: http://cubayoruba.blogspot.com/2007/01/shango.html

Shangó, un dios juerguista, vengativo y follador. Tal vez tu amigo cubano pueda hablarte sobre el tema.

En otro orden de cosas, coge a la camarera, súbela al Xaxán y cómele el xoxón.

A la otra olvídala, que ya aburres.

Saludos.

9 Octubre 2008 | 12:23 PM

kungfu-master

kungfu-master dijo

Brillante y puntiagudo como siempre, mi buen Solal.

Pero ahora soy pío, así que no como felpudos (para lo otro pongo la otra mejilla).

Dale caña que ahora van a estar con la guardia baja pensando que soy bueno

9 Octubre 2008 | 01:37 PM

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Pike, treinta y subiendo. Soltero y vive con su gato. Antiguo comandante de una nave de los 80, ex-cabecilla de una pandilla de gamberros callejeros, ahora a punto de empezar a hacer calceta o coleccionar sellos, pues camina ya hacia la niebla de la idiocia, dejando antes del fin testimonio de lo vivivo...o imaginado
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