SABADO NOCHE, DOMINGO MAÑANA
Toda fiesta llega a su fin, a menos que seas del PSOE.
Os dejo hoy en las sabias y crispadas manos de Hades, también conocido como Solal, que será el último colaborador invitado del Aniversario.
Solal es una dinamo, un sueño para cualquiera que escriba un blog. No sólo por su brillantez y rapidez, así como su vasto conociemiento de la cultura y de la vida, sino porque llegado un punto es muy capaz, y así lo hace, de atacar al autor y a lo que ha escrito.
Solal es la Revolución Cultural diaria, me hace repasar cada escrito mil veces y, en busca de su aprobación, procuro no repetirme y superarme. Cuando publico, pienso "¿qué le parecerá?".
Lo conocí mientras asaltaba otro blog, y lo hizo con tal furia y creando semejantes tensiones que al instante pensé: "hay que fichar a ese tipo como sea".
Pero quietos, no huyáis, no os asustéis. Es más, traed a vuestros pequeños. No temáis, pequeñuelos. Hoy el tito Solal os contará un hermoso cuento. Muy didáctico, y adecuado para estas fechas. Hay de todo: hadas, magos, dragones... venid, niños, vais a disfrutar mucho al fuego de sus palabras.
Con vosotros, el infierno que camina, el devorador de mundos, la ira de Dios...
SOLAL!
Así habló Zarathustra. Friedrich Nietzsche.

Sábado por la noche. El mismo local de siempre, la misma gente de siempre, la misma puta farsa de siempre.
La música está alta, muy alta, me da dolor de cabeza. Me apoyo en la barra y pido un trago con la esperanza de que me ayude a soportar otra noche de rutina más. La camarera tarda en atenderme y me pone de mal humor. Mis amigos cuentan chistes y se ríen, yo no presto atención, pero asiento en silencio. No me importa gran cosa lo que están diciendo, me siento cansado. Mis ojos recorren el local en busca de algo interesante. No hay mucha suerte.
Al fondo, en la pista, las mujeres bailan. Sus cuerpos ondulan y se agitan al ritmo de una música vulgar. Son jóvenes, el mundo les pertenece y ellas lo saben. Disfrutan su momento de gloria, pues no tardará en quedar atrás. Unos cuantos hombres, no todos, seamos justos, las persiguen de un lado a otro. Se convulsionan, olisquean su rastro como perros. Son indignos, una puta vergüenza. Ellas sonríen con cinismo. Son diosas, y la chusma las adora.
Mierda, pienso, mierda pura.
Las amargas lágrimas de Tony Manero
Mis amigos siguen riendo. Yo me concentro en otra parte del local.
Un grupo de jóvenes, universitarios, intuyo. Imberbes con los ojos como platos observan a un grupo de chicas que hace un rato estaban bailando. Ellas se acercan a la barra a pedir algo. De repente, uno de los muchachos, el más osado, el más gallito, el más "experto" se les acerca, a saber qué se ha metido. El chaval se contonea, pretende aparentar seguridad, exhibe una sonrisa exagerada, casi histérica. Les dice algo, alcanzo a oír el qué. Las chicas se miran unas a otras con picardía. Ya he visto esto antes y sé cómo va a acabar.
El galán les suelta unas cuantas frases y las chicas se ríen. Él se siente triunfador. Sus amigos están justo detrás, expectantes, sin saber si ya pueden participar de la caza o si aún deben esperar. Al cabo de un rato uno de ellos se anima, luego se lanzan los demás. Las chicas parece que responden y entran en el juego. Joder, sí que sé cómo va a acabar.
La conversación avanza y las chicas piden unas copas que PAGAN ELLOS. Les miran y sonríen, juegan con ellos, les dan esperanzas. Los muy pardillos no se dan cuenta de lo que está pasando. Después de un rato una de las chicas, la más malencarada, señala el reloj. Parece que "se les ha hecho tarde" o "han quedado con nosequién" o cualquier otra excusa. Les dicen adiós y se van entre risitas. Los chavales se miran unos a otros con cara de confusión. "¿Pero qué ha pasado?", parecen pensar. Ha acabado como tenía que acabar, pienso yo, y suelto una estruendosa carcajada que resuena sobre la música.

Mis amigos se me quedan mirando. "¿Se puede saber de qué coño te ríes?" Se ve que he escogido un mal momento para reír. No tengo ni idea de cuánto tiempo ha pasado, pero parece que ya hace un buen rato que los chistes han parado y se ha entrado de lleno en una conversación "seria".
-De que hay cosas que nunca cambian.
-Puto loco. Te lo repito para que te enteres. Una compañera del trabajo acaba de entrar con unas amigas y vamos a acercarnos a hablar con ellas.
-¿Para qué?
-¿Cómo que para qué?
-Sí, para qué. (La cagada de los mozalbetes me ha tocado los cojones y estallo) ¿Qué cojones te crees que vas a conseguir? ¿Te has creído que esto es Europa? ¿Te crees que estás en Francia o en Holanda? Vas a perder el tiempo haciéndole la rosca a esas jodidas zorras y al final no vas a conseguir NADA, joder. Como mucho harás el ridículo y el lunes se descojonarán de ti en la oficina.
-Lo que pasa es que no tienes huevos.
-Será eso, sí. Desde luego, divorciado, borracho y enfarlopado y aún no te enteras de nada, piojoso mamón.
Seguimos discutiendo. La conversación se caldea, nos decimos cosas que no hay que decir y llegamos a las manos. Una pena, nos conocemos desde hace tiempo. Llamamos la atención y la gente se aparta, dos seguratas se acercan. Estoy borracho y cabreado, me cago en la madre que parió a todo el mundo, reparto puñetazos a ciegas, pierdo el equilibrio y me caigo al suelo. Un momento de lucidez, me doy cuenta de que estoy haciendo el ridículo y me echo a reír. Entonces los gorilas se me echan encima, me agarran fuerte, son los típicos ciclados de gimnasio y cada uno de ellos hace dos de mí. Los muy cabrones parecen no tener dudas respecto a quién es el responsable de la pelea, o sea, yo. Me sacan a rastras y me dan un par de hostias, mis amigos se ponen en medio e intentan razonar, incluso aquél con quien me estaba peleando. No he parado de reír en todo el rato. Eso hace que los mister olympias se cabreen aún más.
Ahora son mis amigos quienes me cogen del suelo y echamos todos a correr. Aún tenemos tiempo de oír a los musculitos diciéndonos que no volvamos por allí, que se han quedado con nuestras caras. No puedo contener la risa.

Mis amigos me meten en el coche y arrancamos cagando leches. Yo sigo riendo. Ellos al final se contagian y también empiezan a reír. "Puto loco, puto loco", repiten sin cesar entre carcajadas. El tío con el que me peleé llora de risa. Ya todo está perdonado, ¿no es bonita la amistad?
-Eres un hijo de puta. Eran unos buenos coños, joder. La tía está buenísima y sus amigas otro tanto.
-Bah, ya tienes una anécdota que contar en el curro, ganarás puntos y todo. ¿Y ahora adónde vamos?
-Pues adónde va a ser. Al sitio de siempre.
Llegamos de buen humor y las chicas lo agradecen. Nos conocen, saben que somos limpios y educados. Nos tomamos unas copas con ellas y hablamos. Presumimos de nuestra batalla, yo ya tengo un par de moratones en la cara y eso las enternece. Resulta agradable pero también un poco triste. Recuerdo el anuncio de los carteles, de la Junta de Andalucía, creo, lo vi en Antena 3. "¿Tan poco vales que tienes que pagar?" Me vuelvo a reír e invito a una ronda.

¿Tan poco vales que tienes que pagar? Bienvenida al infierno, Bibiana!
Subo a la habitación dando tumbos, demasiada bebida, estoy mareado. La chica me conoce y se ríe y yo me río con ella, esta noche no paro de hacerlo. Me agarra del brazo y deja que me apoye en ella. Soy patético y no me importa.
Solos en la habitación. Su cuerpo se abre ante mí, cálido y acogedor. Mi carne entra en su carne. Somos uno. Nos movemos, gemimos, nos convulsionamos.

Después del polvo charlamos, no hay prisas. Nos conocemos y no nos caemos mal. Ella me habla de su familia, de sus padres, de su hijo, de que espera que todos los sacrificios que está haciendo valgan la pena. La semana ha sido dura y está harta del trabajo. La vida es una mierda, concluye. Y después, aún encima, te mueres, respondo yo. Callamos, nos miramos... y lo hacemos una vez más.
Abajo me reúno con los demás. Seguimos hablando y bebiendo. Aún estoy mareado, me siento mal, pero necesito alcohol, hostia. Después volvemos al coche. Ellos quieren ir a otro bar a tomar la última, pero yo ya estoy harto de todo. No quiero ir a ningún sitio más, no quiero hablar con nadie, no quiero ver a nadie. Suficiente dosis de humanidad por una noche. Les pido que me acerquen a casa y paso el resto del viaje en silencio.

Al llegar a casa ni me molesto en acercarme a la cama. Abro una cerveza y me siento en el sillón. Luego otra, y otra, y otra, pierdo la cuenta. No sé cuánto he bebido esta noche, he mezclado de todo y el estómago me da vueltas. Me paso horas ahí sentado en la oscuridad, bebiendo y mirando a la pared.
Domingo por la mañana, el momento más asqueroso de una semana asquerosa. Miro por la ventana, las calles están desiertas, soy un fantasma en una ciudad fantasma. Me asalta la necesidad de verla. La echo de menos y hace tiempo que no voy a visitarla. La necesito. La necesito. La necesito...
Salgo a la calle y echo a caminar. Está lejos pero no me importa. El paseo me sentará bien. Mi estómago chilla, trato de ignorarlo. Camino a trompicones, en zigzag, tropiezo y caigo un par de veces, pero me levanto y continúo avanzando. Al final tardo en llegar menos de lo que esperaba. Atravieso los jardines y los corredores, conozco bien el camino. Mi pulso se acelera, mi respiración se agita. Cuando me quiero dar cuenta, ya he llegado. Estamos los dos solos, no hay nadie más en el mundo.
Está ante mí. Leo su nombre en la piedra. Acaricio las doradas letras. Tan cerca, tan lejos. Y recuerdo, recuerdo su risa, su olor, su luz. Recuerdo las discusiones, las mentiras, la pasión. Recuerdo...la sangre, el metal retorcido, su mirada de horror, su voz gritando mi nombre, suplicando mi ayuda. Recuerdo entonces la oscuridad, el vacío, la nada. Recuerdo el odio. Vuelvo a sentirlo en mis entrañas.

Algo se revuelve dentro de mí. Sube de mi estómago, atraviesa mi garganta y sale disparado por mi boca desencajada. Un chorro incontrolable de odio, de asco y de pena. Mis ojos se llenan de lágrimas. Estoy tan lleno de mierda que rebosa. Las piernas me traicionan y caigo de rodillas. Me convulsiono, tiemblo, no puedo parar de vomitar.
No sé cuánto tiempo estoy así, postrado ante ella, expulsando toda la inmundicia de mi cuerpo, de mi alma. De repente, la náusea cesa, mi cuerpo se relaja. Las sienes me laten con fuerza y tengo la garganta dolorida, pero ya ha parado. Por fin ha parado. Me levanto lleno de vergüenza y doy gracias de que no hay nadie más cerca. Un trueno estalla y empieza a llover. Me voy a casa.
Adiós, amor mío, pronto volveremos a estar juntos.


El tábano dijo
Una historia bien contada, que nos viene como anillo al dedo a todos y cada uno de los mortales que -de momento- deambulamos por ahí.
La vida es una mierda. Algunos lo han comprendido y en lugar de renunciar a ella o regodearse en el cieno han roto sus ataduras y avanzan por el mundo con la frente en alto, sin preguntarse demasiado.
"La vida es un misterio a vivir y no un enigma a resolver" querido Solal.
¿Podemos hacer retornar a quienes ya no están? Podemos mantenerles vivos en el recuerdo, reteniendo lo bueno y desechando lo malo.
En mi opinión, cada uno de nosotros debería vivir con decoro su parte del misterio y después ya se verá. Pero no me hagas mucho caso: yo sólo soy otro más.
5 Diciembre 2008 | 01:57 PM