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La Coctelera

TALES OF THE KUNG-FU MASTER


"Que me digan qué es que me opongo"

14 Enero 2009

JOSE MANUEL NO FUE

Ya os he dicho que no me gusta el Telediario.

Pero sí un aspecto de su hardware: las tremendas caldorras que lo presentan en ocasiones. Y del software, unas cuantas noticias jacarandosas y nada más.

Jacarandosas para el que suscribe, claro.

Si buenas son las broncas que el locutor tilda de “bochornosas”, rompiendo su deber de neutralidad, el caviar son los accidentes y las cogidas taurinas. Pero el beluga, lo bueno de verdad, es cuando estás tirado en el sofá dormitando y oyes: “horripilante agresión en un instituto de Jerez…”

Abro entonces mis pícaros ojuelos, me pongo bien tieso y me preparo para gozar de lo lindo.

Profesores protestando. Inaudito. Pásmense.

Dónde irá a parar este país. Los alumnos pegan a los profesores. Les torturan psicológicamente. Les obligan a tomar bajas de meses y meses por depresión. No respetan nada ni a nadie. El educador (sí serán ridículos los muy payasos) se siente acosado e impotente, no tiene autoridad y la administración les deja desamparados. Y los padres no ayudan, incluso defienden las barbaridades de sus hijos y hasta las rematan, convirtiendo al profesor en el saco de las hostias de todo el mundo.

Qué horror. Una solución quiero. Tal vez (y esto nos lo dice el clásico pichafloja Presidente de la Asociación de Educadores de turno, gafitas, pantalón de pana y del que cuenta la leyenda un día trabajó) ésta sería que la Administración (cómo les gusta a estos mencheviques libar de la tranca atrofiada del asqueroso Estado) les otorgara autoridad. No, no autoridad, AUTORITAS. Eso es. Que en el aula manden ellos. Y piensan para sus adentros “como antes”. Todo en aras de desarrollar su función social, de proteger al alumno aplicado que debe y puede exigir su derecho constitucional a la educación, etc, etc.

Claro que nadie se atreve a darle forma material a esa autoridad. Si hacemos caso a Don Antonio Montana, las órdenes en este mundo sólo emanan de los cojones, y bien es sabido que los profesores carecen de tales atributos. Así que, a falta de testiculina, ¿qué tal una porra? ¿eléctrica, tal vez? O un buen puño americano, o sillas con sorpresa de 220 voltios operadas desde la mesa del educador, para no tener que andar mucho. Qué carajo, dejémonos de pamemas: una pistola, que no nos vamos a quedar cojos de un lado. Una Makarov bien cargada, y así ya tenemos montado el koljov, el alumno aplicado podrá estudiar y el profesor, insaculado de Autoritas de la buena, podrá dar la lección libre de todo mal.

Había una vez en un país, no hace mucho tiempo, un político un poquito autoritario y con un gracejo falangista que no veas que se llamaba Giménez Caballero. El tipo era todo un Demóstenes, y entre sus muy aleccionadores discursos hubo uno que se adapta muy bien al tema. Vamos a leerlo, si os parece:

“Hay que lograr que el maestro de escuela, ese vehículo laico y corrompido que era en los regímenes anteriores: libertario, tripudo, desabrochado, socialista, pedigüeño y rencoroso, se transforme mágicamente en un ser soleado, esbelto, fuerte, audaz, abnegado, disciplinado, con paso gimnástico, saludando brazo en alto, cantando himnos de combate y besando trémulamente la tela oro y sangre de la bandera de España”.

Todo un diablo con las mujeres.


Ante tan ardiente soflama yo me pregunto si es eso lo que quieren nuestros torturados educadores. ¿Qué? ¿que Giménez Caballero era un fascista de tomo y lomo, un reaccionario torturador y una bestia parda? Claro que sí. Lo mismito que esta panda de granujas que no pretenden otra cosa más que establecer el terror en las aulas, cosa que les encanta si son ellos quienes lo siembran.

Ah, pero es que ahora son los que, de vez en cuando y no por sistema como nos quieren hacer creer, los que se van calentitos para su casa. ¿No os gusta, riquines? Pues que os den por el culo, pandilla de polpotianos, desastres físicos y morales, ahora os toca a vosotros, cerdos.

Aquí de pistolas nada. Y de porras tampoco, no siendo en la clase de gimnasia. Aquí la ley del más fuerte, y jugando limpio que si algo a diferenciado de manera absoluta a alumnos y profesores es que los primeros siempre hemos sido mujeres y hombres justos. Oprimidos, machacados, torturados, vejados, acojonados, castigados una y mil veces, pero siempre justos. Justos y con un sentido del deber y del compañerismo que estos bandidos jamás nos enseñaron, y que llevamos como una insignia desde el mandilón hasta la toga de la licenciatura.

"La gota de leche", internado de monjas para niños abandonados. El terror puro.

Por eso os digo chavales que, por favor, no os peleéis entre vosotros. No torturéis a vuestros compañeros (sólo a los chivatos y un par de obleas a los gafitas, que a nadie le amarga un dulce), no lo grabéis con el móvil. Pensad que son tan desgraciados como vosotros, y que es un pecado atacar al débil. Sobre todo si perdéis tiempo y resuello que ha de utilizarse de manera inmediata en la lucha contra el opresor tripudo y pedigüeño (cómo me gusta esa parte, dulce Jesús).

Y el andoba les acusa de libertarios. Que va. Desde 1980 hasta sabe Dios cuando hubimos de aguantar a esos…desabrochados repitiendo una y otra vez, normalmente antes de molernos a golpes, eso de “libertad, si. Libertinaje, no”.

Libertad de la buena.

Pero, ¿cómo que libertinaje no? Libertinaje siempre, qué cojones. Pandilla de reaccionarios revisionistas comedores de mierda, el libertinaje es la sal de la tierra. Las peleas, los insultos, los atropellos, la velocidad, comprar droga cuando esta prohibida, beber sin moderación como si no hubiera un mañana, no ver el discurso de navidad y follar sin condón es lo mejor que hay, y si uno no lo hace en vida vagará eternamente arrepentido.

Hay que crujir a estos imbéciles y desmontar sus coartadas que no son más que tigres de papel. No son otra cosa que la mano tonta del estado esclavista. Yo ya me acuerdo de la primera de los condones, allá por la 90-91. “Póntelo, pónselo”. ¿Para qué? ¡pero no veis que así no da gusto ninguno! Coño, que eso no lo dicen. Y aprieta, además, y da grima y se te pone floja. Y cuestan pasta, aún encima. Lo que hay que decir es “ponme ahí una chavala como Dios manda que yo me encargo de la mala vida”. ¿Somos tontos aquí o que? ¡si con lo que se gastaron en el anuncio del rap del condón se pagaban unas libaciones masivas que ríete tu de los viajes de la Conselleira a Cuba!. Hombre por Dios, y si te coges algo no pasa nada, que está el barco de Valencia donde no se venden naranjas y en todo caso qué bonito es palmarla de sífilis o gonorrea como un Señor, con una lápida que ponga: “murió por ANIMAL”.


Esta ser profesora gramática. Jau.

Volvamos al discurso del sociólogo azul. La verdad es que yo en mi vida he visto a un profesor soleado. Y con paso gimnástico, tampoco, no siendo uno que iba con tal ritmo a meterse unas tazas en el bar situado frente al colegio entre clase y clase. Audaces, sólo a la hora de lavar cerebros y ser demagogos. Abnegados, para suspender en masa y nada más. Esbeltos nunca, si acaso había alguno delgaducho. Si por himnos tomamos las asquerosas consignas sindicalistas que entonaban en sus múltiples huelgas, normalmente parapetados tras carne de escolar, entonces sí, cantaban como periquitos de la inmundicia. Besar trémulamente, y hasta furtivamente, pues si, a alguna maciza prematura o galán desgraciado de bucles dorados que tuvieran tutoría en la hora bruja. Besar telas no, sólo los lustrosos zapatos del subsidio que calzan los pies regordetes del Ministro de turno.

¿Rencorosos? Hasta de la madre que los parió.

En cuanto a transformarse mágicamente… no hace falta. Mágicamente estos siguen siendo tan cabrones como lo han sido siempre. Si, en la Carta Magna está lo del derecho a la educación, pero no hay límite ni enmienda a que sea una educación a puntapiés. Y en caso contrario, los gaznápiros ese día no llevaban las gafas de leer, y si no, que se lo digan a Santiago Corella “el Nani”. La mierda flota en los procelosos océanos de la dictadura o en las traicioneras aguas de la libertad.

Tambores, desaliño y muerte: enseñanza pública.

Pero vamos a lo que importa: a los hechos. Voy a relatar grosso modo algunas experiencias de las que he sido testigo y otras que están sobradamente probadas para dar cuenta de las tropelías de estos cerdos a lo largo de mi cautiverio en las aulas del Gran Hermano. Todas ellas tienen algo en común: se han desarrollado a lo largo de los años 80 y 90, siempre en vigencia del régimen democrático y la Constitución Española.

No cabe duda de que los grandes entorchados de la mezquina tortura de muchachos son los maestros de los colegios de curas (maestros en el arte de pegar, quiero decir). Y lo mismo –he incluso peor- las monjas con respecto de las chicas, pero ese tema lo aparco porque es oír hablar de féminas en uniforme y me pongo… me pongo caliente como un burro.

Y de entre estos artesanos del tirón de orejas, pistoleros de alquiler con buen pago por parte de los papás, yo destacaría a los Hermanos Maristas. Lo hago porque son los que mejor conozco y cuyas torturas y salvajismo alcanzan una gama tan amplia de matices –todas ellas constatadas- que no tienen parangón.

Colegio Marista de Vigo, también conocido como "La tumba azul".

HECHO: En Maristas te pegaba hasta el enfermero. Un enano contrahecho, aunque de puños fuertes y vivaces, que respondía al nombre de Hermano Benigno (y apodado obviamente Hermano Maligno), tenía dos funciones: una, remendar a los alumnos (cuyos jirones habían producido normalmente otros Hermanos), siendo compendio de su tarea una frase que decía a menudo: “de cintura para arriba, aspirina. De cintura para abajo, perborato”. Otra, a la que aplicaba más pasión aún, la de acechar silencioso en el patio y reprimir posibles actos de gamberrismo.

Este anormal era como esos muñecos que, al apretar cierto resorte, realizan una combinación determinada de movimientos con los brazos. Sin duda, el resorte de Maligno se encontraba al sur de su negra alma –recordad que no era profesor- y a la mínima soltaba un uno-dos directo a la cara del presunto gamberro, de modo que la víctima parecía “uno de esos sacos, un punch-in-ball de esos” (así lo relata un testigo). Remataba Maligno la faena pateando en el suelo al incausado, mirando a los lados buscando la aprobación de un superior.

HECHO: el “Vampus” era un brillante profesor de matemáticas. Mal pagado, vestido con ropas de pésima calidad, no obstante mostraba una fidelidad absoluta a sus pagadores, los Hermanos Maristas.

Cierto alumno, apellidado Bao y dotado de grandes cojones, se llevó a clase un ajo para hacer un chiste con el alias del profesor. Por desgracia para él, en una de las muchas revisiones rutinarias que llevaban a cabo estos miserables en post de robar pertenencias ajenas, la cabeza de ajo fue detectada, y Bao, que bien podía haberla llevado para hacerse un ajoblanco en el recreo, fue obligado a permanecer de pié en una esquina con la liliácea en la boca. Tras quince minutos, y con miedo a que se produjera un ahogamiento, Vampus permitió que el alumno se sacara el ajo de la boca, pero le obligó a mantenerse en pié, con el brazo en alto sosteniendo el ajo durante al menos media hora. Sí, el simbolismo es evidente.

Se comenta que, en la crudísima represión de los carnavales de 1987 (los Maristas prohibían cualquier disfraz o festejo), Vampus golpeó reiteradamente a un alumno que acudió a clase con zapatillas desconjuntadas. Le atizó con las propias bambas, pero esa no fue la noticia: lo fue el que dejara irse indemne a otro que llevaba corbata (con ánimo carnavalesco). Entre mandoble y mandoble de zapatilla, explicó: “no, a ese Señor no le pego porque yo también llevo corbata, es lo normal”.

La puerta por la que la inocencia entraba, pero no salía.

HECHO: El Hermano Ángel “Gelo” daba clase de sociales, era maricón y se liberaba de su represión auto-inflingida dando grandes palizas. Gustaba de ir con zapato en el pie izquierdo y chancleta en el derecho, en principio por una pretendida distensión muscular, pero buscando en realidad la mofa de los jóvenes, que detectaba infalible. Sus presas favoritas eran estudiantes mariquitas como él, y una vez le dio tal paliza a tres muchachos que había expulsado del aula (y que cometieron el terrible pecado de reírse pasados unos minutos desde que habían salido) que un expulsado de otra clase, ajeno a los hechos y que tan solo compartía pasillo con los represaliados, entró espantado de nuevo en su aula rogando piedad al profesor, que milagrosamente se la otorgó, conocedor de los métodos de Gelo.

¿Os acordáis del disfrazado con corbata, el que se salvó de Vampus? Pues no bien se había empezado a jactar de su buena fortuna cuando Gelo, que completaba las dos horas de sesión de terror por la tarde (matemáticas-sociales) cayó al instante con furia sobre el chistoso, finalizando el carnaval de manera súbita. Entre golpe y golpe, explicaba: “si este individuo llevara siempre corbata, pues muy bien. Pero no es así, sólo la lleva hoy, por lo tanto es un disfraz. En un Colegio Marista no hay carnaval, señores”.

El pobre alumno quedó tan traumatizado que jamás ha podido ponerse otra corbata, y por ello trabaja como peón.

HECHO: un viernes de 1989, al terminar las clases, alguien escribió “PUTA” en el encerado. El alumno J.M. García López, que no había reparado en el hecho, se demoró recogiendo sus cosas, aliviado de que una semana más de tortura y drama finalizara. Don Modesto, profesor aunque no hermano, que vigilaba los pasillos, detectó la palabra, y culpó de modo inmediato, sumario, al único ser vivo que vio por allí. Le dijo que el lunes ajustarían cuentas.

García López pasó un agónico fin de semana. Conocía bien los métodos de Don Modesto. Los psicológicos eran vejatorios y desmoralizantes. Preguntaba la lección a los alumnos a viva voz y por sorpresa, y mientras contestaban iba diciendo “estupendo, estupendo”. Pero al momento torcía la cara hacia el resto de la clase, se tapaba la boca con la palma de la mano fingiendo que no quería ser escuchado por el declarante y decía: “horrible, cero, fatal”.

Pero eso no era nada. A dos alumnos pelotas, llamados Abel y Eliseo, que Don Modesto tenía por “sus secretarios”, los cogió imitando su risa ridícula. Les conminó a hacerlo ante toda la clase, y cuando el ambiente se hubo relajado les golpeó implacable con un borrador.

Al contrario de lo que ocurre en estos casos, en los que las amenazas quedan en agua de borrajas (cuando no se trata de rencorosos educadores), el Lunes a última hora de la mañana Don Modesto se presentó en el aula con el único fin de aporrear a García López, que para librarse debía delatar al culpable o servir de chivo expiatorio.

Sus ruegos sólo sirvieron para que se realizara una consulta entre los alumnos de la clase, que a medio de denuncia anónima debían identificar al escritor de la fechoría “que mancillaba el honor del colegio”. Nuestro héroe anónimo sólo alcanzó a escribir en su papeleta que él no había sido y desconocía al autor del hecho. Su honor le impediría, en caso de conocerlo, la delación, aunque eso no lo escribió.

El resto de las papeletas mostraban idéntica resolución, y ya cuando sólo quedaba la última nota por abrir y Don Modesto se remangaba, sucedió el milagro.

En el papel ponía “José Manuel no fue”.

Se salvó por los pelos. No así el salvador, un tal Marzoa, cuya grafía fue cotejada alegremente con la de la palabrota (que llevaba días borrada) y por ende aporreado salvajemente, por escribir el improperio y por dejar que otro llevara las culpas.

En Navidad, doble ración de látigo.

HECHO: Un mesias salvaje llamado Hugo, muchacho de enorme fuerza y buen carácter, dio rienda suelta a su inquietud mística y puso en su mesa una estampita de San Juan Nepomuceno. Ajeno a las gracietas de los compañeros, fue poco a poco colocando otras estampas de diversos santos en su pupitre.

Pues sus profesores, de un colegio Marista recordemos, llegaron a la conclusión de que aquello no estaba del todo bien. Nadie sabe porqué, pero fue exhortado a retirar todas las estampas. Se negó consternado, resultando su mesa allanada y confiscadas sus pobres pertenencias además de su fe. A la fuerza, claro.

En el transcurso de mi vida académica he visto a los chorizos de los profesores robar con escalo y con intimidación muchos juguetes de moda: canicas, trompos, relojes musicales, etc. Esta fue la primera en que constaté la sustracción del espíritu de un pobre crío.

El fundador de la Orden también sufrió la purga, y sus ideales fueron encerrados.

Pero el sector público no se libra, ni mucho menos, de estas prácticas dignas de los cafres más furiosos. Los progues también pegan, y suelen hacerlo mal, con lo cual la carnicería es mayor. No obstante, y como mi experiencia es tan larga que da para un nuevo post (no debemos olvidar que la educación pública exige una critica dialéctica), sólo voy a comentar un hecho acaecido en una tarde de 1988 en el Colegio Público Carrasqueira, mi colegio a la sazón. Fue este un año azotado por huelgas profesoriles, especialmente virulentas en mi ciudad, donde los educadores del colegio Picacho (si, casi como el Pokemon, solo que sin honor) utilizaron a sus alumnos de barrera humana en sus barricadas contra la Policía.

Profesores diciendo No al soborno, SI a la dignidad jajajajaja que me parto de risa.

Tal vez por el devenir de estas protestas, tal vez porque, como nos había advertido previamente, estaba dejando de fumar, Don Antonio estaba esa tarde reconcentrado en su furia, buscando acechante el modo de descargar tanta tensión.

Don Antonio era el típico profesor amistoso. Contaba su infancia a menudo, trataba de alentar a los alumnos problemáticos, te tocaba la fibra sensible con la familia trabajadora… normalmente su clase de Lenguaje era agradable.

Pero a veces le entraba el genio. Y entonces se volvía un poco violento. Su cara bonachona con hermoso bigotito y coronada de rizos negros se iba convirtiendo en una franja cada vez más cerrada, y el vuelo de una mosca producía la más ciega ira en él. Normalmente, esa furia era descargada en rápidas combinaciones sobre la cara de los alumnos problemáticos que no se habían mostrado lo suficientemente motivados con las buenas palabras anteriores.

Esa tarde le tocó a Javier Ribas Pires, un individuo de los más normal que entró en sexto y que, al dar síntomas de una leve tendencia a la bohemia, fue conducido a base de bofetadas y humillaciones hasta las puertas de la mala vida. Las que recibió esa tarde no fueron las primeras, pero su las decisivas.

Los Salesianos pegaban menos.

.

Don Antonio lo cogió dibujando en la mesa. Nada picante, un tío jugando al balón creo. Y además el pupitre estaba hecho cisco, se puede decir que lo estaba adecentando. El caso es que le dio unas bofetadas sonoras y vejantes. Recuerdo como si fuera hoy como el rostro pálido y achinado del camarada se levantó hacia el verdugo y le espetó: “no tiene por qué pegarme, no es usted mi padre”.

Don Antonio se quedó paralizado. Se puso lívido y de pronto del granate más oscuro. Sus ojos se cerraron como la línea del horizonte en la que se pone un sol malvado y contestó “pero soy tu profesor”.

Volvió a darle un par de bofetadas.

He aquí un motivo firme e indiscutible para la tortura, para la tiranía, para el fascismo. Lo que ocurre es que es un motivo afilado por ambas caras.

Os pegan porque pueden. Os pegan porque son más. Os desprecian porque os conocen. Porque no son vuestros hijos.

Siempre hay una enseñanza de Jaimito para cada caso.

Pero son vuestros alumnos.

servido por kungfu-master 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Dale Cooper

Dale Cooper dijo

Absolultamente EXTRAORDINARIO. Nunca reveles tu fuente, tu Garganta Profunda, porque quizás aún lo estén buscando los hermanos. Sí, los salesianos tenían fama de cascar menos, aunque yo iba a catequesis allí y tampoco eran mancos. Me gusta el empleo de terminología marxista (dialéctica, tigres de papel) para justo lo contrario. Muy bueno.

14 Enero 2009 | 09:37 PM

kungfu-master

kungfu-master dijo

¿Mi fuente?... Jose Manuel NO FUE

14 Enero 2009 | 10:40 PM

Perlita

Perlita dijo

Hola. Soy una comentarista primeriza pero lectora asidua de tu blog. Me he animado a comentar este artículo porque (aunque no es el mejor de los tuyos) tiene momentos de genialidad y nadie parece darse cuenta. Solo quiero decirte que me encanta como escribes y espero que te decidas a escribir un libro o a enseñar esa carita guapa que seguro que tienes debajo de tanta careta, porque los chicos del último video seguro que no son Kungfu Master.

Saludos, hasta pronto

20 Enero 2009 | 12:22 PM

El Moro

El Moro dijo

FANTASTICO. Solo se puede corroborar palabra por palabra lo aqui descrito. Yo vivi los 80 en el Picacho y puedo contarlo. Golpes en la cabeza con las llaves del coche por hablar en la hora de la comida, golpes furibundos por jugar en clase con aquellas manos de goma elastica que se pegaban en paredes y techos, castigos contra la pared en medio del patio por ni se sabe... Aunque en el Instituto San Tome, años 90 aun vivi tirones de oreja y patillas por no saberse las declinaciones de latin... Por eso, unas ostias a un profesor.... no me conmueven, bien se las hubiera dado yo. Y el Sr. Ribas Pires, un ejemplo.

22 Enero 2009 | 01:32 PM

kungfu-master

kungfu-master dijo

Hola a todos

Muchas gracias Moro por corroborar mi versión de los hechos en lo que al Picacho se refiere. Muchos han puesto en duda que existiera siquiera un colegio con ese nombre. y ello sin conocer el apodo del Centro en cuestión: "la picadora". De carne de alumno, claro.

Estimad@ Perlita:

Le agradezco el comentario y el apoyo, pero debo sacarle de su apreciación, que considero sumamente equivocada: bajo mi caso sólo se encuentra una faz terrible, un mapa mde cicatrices entre la que sólo se distinguen los dientes voraces y dos ojos llenos de odio, fuego... y fidelidad.

No pierda un momento pensando en mi rostro ni en mis intenciones, son oscuras como la noche en SIberia.

23 Enero 2009 | 01:42 PM

Perlita

Perlita dijo

Ay, ay, ay... ¿por qué los más atormentados son siempre los más guapos?

Noto cierto nerviosismo en tu escritura... cuandos dices caso imagino que quieres decir casco. No te pongas nervioso, soy una fan. Tanto, que presumiré de la coz que me has atizado. Por malvado no comentaré el último post, pero luciré el moretón.

Ya escribiré, fiera

27 Enero 2009 | 12:36 PM

tigre albino

tigre albino dijo

querida perlita:

pues si, la verdad es que es muy guapo...no te lo puedes ni imaginar.... que pena que ya esté pillado por mi!!

un besitoooooooo

30 Enero 2009 | 08:27 PM

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Pike, treinta y subiendo. Soltero y vive con su gato. Antiguo comandante de una nave de los 80, ex-cabecilla de una pandilla de gamberros callejeros, ahora a punto de empezar a hacer calceta o coleccionar sellos, pues camina ya hacia la niebla de la idiocia, dejando antes del fin testimonio de lo vivivo...o imaginado
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