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Terra
La Coctelera

TALES OF THE KUNG-FU MASTER


"Que me digan qué es que me opongo"

18 Diciembre 2009

CUENTO DE NAVIDAD 3D

 

 

 

 

 

                   Si, soy yo. No, no estoy muerto. Ni en un manicomio. Si es cierto el rumor de que llevo unos pocos días en tierra firme tras navegar durante casi dos meses, pero de eso ya hablaremos.

 

                   ¿Queréis una prueba? Qué desconfiados. Algo habéis aprendido de mí, y eso me alegra, pero reconoced lo muy improbable que resulta que cualquier piernas se haya puesto un casco de Darth Vader y con la misma dedique las horas muertas en escribir tonterías a imagen y semejanza de las mías, pero en fin, ahí van unas frases:

 

                  -  A ver si alguien le da cuerda al profesor Neira, que va más lento que mi abuela y eso que lleva siete años y medio muerta. Qué gordo me cae el andoba.

                 - Si la iglesia le da la nulidad a la infanta dejo de ser católico. Cierto que puede alegar que su fealdad suprema impediría a cualquier homínido desposarla y no digamos cubrirla, pero lo mismo se puede decir del Duque Meneitos, que no contento con su fina estampa va por ahí con una capa... ¡con una capa!

                 - El nuevo Presidente del Gobierno debería ser Bill Pullman, pero en su rol simpático de Casper. Para Ministro del interior, Freezer de Dragon Ball. Ya veríais como con él la activista del Frente Polisario se comería todo lo que le pusieran y hasta flan de postre. Con este nuevo Orden Zapatos volvería a ser el mismo humilde gilipollas de tranca insaciable que ha sido siempre.

 

                   Bueno, ya está. Ya veis que soy yo. Coño, que sólo han sido seis meses. Cierto que dan para mucho, hasta para vivir, morir y volver zombificado. En todo caso, es un lapso suficiente para que haya recuperado lo perdido y lo haya gastado de nuevo. Pero eso es otra historia, hoy vamos con la tercera edición del Cuento de Navidad.

 

                   Como está de moda, será 3D, signifique lo que signifique. He pensado que serán, una vez más, unas fechas terroríficas, y que tal vez os sintierais mejor al comprobar que el Apocalipsis, una vez acontecido, pues no es para tanto. Acomodaos, apagad las luces: el show debe continuar. Hoy está basado en un viejo cuento japonés...

 

                   Hace algunos años, en una época parecida a la que vivimos hoy, me disponía yo a pasar unas terroríficas pascuas alejado de la civilización en mi tenebrosa casa de campo. Está a cuarenta minutos de la ciudad, pero el 24 de Diciembre y en plena noche no resulta nada acogedora. Me decidí a pasar tan inmunda velada en aquel lugar y en plena soledad con el pensamiento de que el miedo me haría olvidar todos los problemas que me acosaban, y que ver amanecer un nuevo día sería el mejor regalo.

 

                   Pensamiento acertado.

 

                   Y así, acompañado tan sólo por un viejo televisor y una cena lujosa aunque decadente, me dispuse a sobrevivir un año más a las malditas navidades.

 

                   El televisor me hizo grata compañía, y surgió el contento cuando comprobé que emitían una maravillosa película de la Hammer Films sobre Dracula. Siempre he pensado que son los únicos que han hecho películas decentes (incluso soberbias) del personaje, de forma que me acomodé cerca del fuego para disfrutar hasta la última ceniza del vampiro.

 

                   Entonces me acordé de algo que me hizo sonreír. Y es que se trataba de la primera vez que podía ver una película de corte fantástico en aquel lugar. Antes no se podía. ¿Por qué? Porque estaba el tío Dolo.

 

                   El tío Dolo era uno de esos ancianos que pululan, cada vez en menor número, en determinados hogares españoles. Nadie sabía muy bien de quién carajo era tío, pero las versiones más plausibles señalaban que era tío político de mi madre y que, quedándose viudo en la década de los 70, hubo que cuidarlo a cambio, imagino yo, de algunas dádivas pre y post mortem.

 

                   El caso es que el viejo cabroncete no era demasiado molesto. De pocas palabras y algo seco aunque educado, se pasaba la mayor parte del tiempo en el Club del Centro Mercantil, como hacen muchos resesos. En las fiestas de guardar sí estaba más sociable, merced a los lingotazos que se atizaba, siempre con licores vetustos que nadie más probaría. Entonces te soltaba mil pelas y se quedaba como si hubiera acabado con el hambre en el mundo. Parece ser que era de origen salmantino, he ahí la explicación a semejante concepción de la generosidad.

 

                   Sin embargo, tenía una manía muy extraña y del todo irritante. Si uno se encontraba como yo entonces viendo una película de terror con monstruos, o una de marcianos o similar, algo con temática sobrenatural, el tío Dolo aparecía de la nada y cambiaba de canal. Lo hacía como quien pisa una cucaracha antes de que llegue a la despensa. Obviamente, los espectadores estupefactos exigíamos una explicación a semejante comportamiento, y el anciano, que a veces ni se quedaba a ver el programa elegido por su dedo arbitrario, daba esta explicación, y lo hacía como quien explica que no se debe beber agua del mar porque está salada:

 

                        - Pero coño, ¿cómo va a existir una nave espacial que se plante en medio de Nueva York? ¡eso no hay quien se lo trague!

 

 

Y esto valía para hombre lobo, vampiros, zombies, extraterrestres y cualquier tipo de criatura voladora, aunque fueran superhéroes que hubieran desarrollado sus habilidades con ingenio y dinero, al estilo de Tony Stark.

 

 

Durante décadas, fue imposible ver una sola película o serie de este género en presencia del maldito viejo. Era implacable, y ni se alteraba ni se movía de su razonamiento: nada de fantasías. Y punto. Era algo paradójico: creo que él mismo, si viera su historia llevada a la pantalla, cambiaría de canal ipso facto.

 

Sin embargo, no vivió tanto para ello. Un buen día decidió que se iba a pescar solo en una chalupa que llevaba años tirada en el galpón sin esperar al pueblerino que normalmente le acompañaba. Cosas de viejos. De viejos de secano. El mar es traicionero y aunque haga mucho sol y calor se levantan vientos imperceptibles desde tierra firme que te llevan y no vuelves. Así le paso al tío Dolo, y bueno... algo de pena si nos dio, pero no demasiada. Su cuerpo no apareció, así que creo que enterraron unos pantalones de pana, aunque yo señalé que deberían haberlos acompañado con el mando de la televisión.

 

 

Así, adormecido por el calor de la chimenea y los recuerdos de la juventud, el sueño me encontró solitario en la profunda negrura de la noche invernal.

 

Me despertó el ruido de algo que rozaba el cristal de la puerta de entrada. Era un sonido tan ligero que me extrañó que me hubiera sacado de los brazos de Morfeo, pero tenía una cualidad inquietante y una cadencia inducida que demostraba un origen inteligente que impedían ignorarlo. Eché mano de la escopeta y me dispuse a abrir, deseando que fuera Papa Noel para volarle la cabeza.

 

 

No lo era. Ni él ni nadie. Y sin embargo, había algo. La noche era clara pero el viento del norte soplaba con fuerza, con un aullido estremecedor. El mismo origen intencionado del sonido que me había despertado iba tomando cuerpo a diez metros del porche, en línea recta con la cruz.

 

Llegados a este punto, he de explicar que mi parcela linda con un acantilado, que en su punto más alto está señalado con una cruz de piedra. Ésta fue construida en los primeros años del siglo XX, dedicada a la memoria de unos 20 náufragos que perecieron cuando se dirigían a las islas Ons.

 

 

En mitad del trecho que va de la cruz a mi casa, una niebla localizada y espesa contenía los espectros descarnados de estos desdichados, cuyos ropajes destrozados goteaban todavía. Al lado del que parecía presidirlos, un hombre blancuzco con una luenga barba blanca, se encontraba, carcomido pero inconfundible, el tío Dolo.

 

No diré que no estaba aterrorizado, porque lo estaba. Pero había leído y escuchado ciertas historias de cómo uno ha de reaccionar en estos casos, y con toda la sangre fría que pude reunir, inicié los trámites de mi entrevista. Dejé la escopeta y me desnudé completamente, ya que como sabéis nada violenta más que un cuerpo desnudo inesperado, tanto a los verdugos de la República de Saló como a los engendros que los vientos marinos a veces traen a tierra. Me acerqué sin cautela, haciéndoles ver que asumía con naturalidad lo precario de mi situación y mi disposición a terminar el asunto lo antes posible. Son libros e historias que no debéis leer. Exhorté al barbudo para que se explicara, cosa que hizo con voz tonante que se percibía con claridad pese al viento (tan gélido que mis genitales parecían querer meterse en las entrañas).

 

- En noches tan Santas como éstas nos encontramos despreciados y olvidados, mozalbete, de manera que buscamos a desdichados solitarios como tú para que nos entretengan so pena de acompañarnos allén de los mares, a la tierra de la que nunca se vuelve.

 

 

                   Típica charla de espectro. Los demás asentían sin sacarme su mirada cavernosa de encima, y digo mirada por decir algo, toda vez que esos seres tenían las cuencas de los ojos vacías y de vez en cuando algún cangrejo se paseaba por ellas. Respiraban con gran estruendo, y en algunos podía distinguirse como los pulmones se hinchaban para dejar escapar el aire al instante por múltiples perforaciones.

 

- Este que dice ser tu tío, al que no habéis dado debida sepultura cual era su deseo, nos ha dicho que no sabes bailar, pero que cuentas historias decentes. Ya puedes ir empezando, y procura mantenernos entretenidos hasta el alba, o disponte a navegar por siempre.

 

 

Me pareció ver como lo que había sido el tío político de mi madre, y que debimos enterrar pero vivo, sonreía malévolo. Me acomodé en una silla de jardín mientras los difuntos y su niebla me rodeaban, comenzando a contar la que podría ser mi ´ultima historia, basada en un cuento rumano...

 

Hace algunos años, no demasiados, dos parejas de mediana edad que residían en la zona seca de España decidieron emprender un viaje. Ese año la cosecha de lino les procuró buenos dividendos de los que convenía dar buena cuenta antes de que hacienda los detectara. Ya habían recorrido muchas partes del mundo, y aunque dichosos por el resultado, encontraban todos los destinos anteriores algo vulgares, de modo que esa vez convinieron en visitar un lugar exótico que les permitiera mirar con superioridad a los conocidos al regreso.

 

Eligieron para ello una zona centroeuropea. Fronteriza, entre Rumania, Hungría y otros países detestables. Una zona escarpada, de antiguas tradiciones, desconocida gastronomía, folclore zíngaro y extraordinarias leyendas: los montes Cárpatos. Se fueron a Transilvania, hogar del Conde Drácula.

 

Pude notar como el trasgo marino que fue mi tío Dolo dio un respingo y contrajo sus huesudas articulaciones con furia. Ni convertido en una criatura demoníaca de ultratumba admitía la existencia del más allá y sus consecuencias.

 

Llegados a su destino, se alojaron en un hermoso hotel que procuraba parecerse a los de la Europa civilizada, con un servicio lacayuno dispuesto a los azotes por cualquier nimiedad siempre que fueran acompañados por buen dinero occidental.

 

Al segundo día iniciaron una excursión guiada. Primero en autobús, hasta una posta medieval muy bien restaurada en opinión de los viajeros. Allí degustaron los manjares de la zona, demasiado especiados para sus paladares aunque sabrosos a fin de cuentas, bebieron como energúmenos y asistieron a un espectáculo de música y bailes tradicionales. Se acostaron temprano, toda vez que la jornada siguiente esperaba llena de sorpresas transilvanas.

 

Muy temprano por la mañana, los acomodaron en calesas tiradas por caballos negros como el carbón y les llevaron a recorrer la zona. Iban muy calentitos, pues les habían facilitado unas mantas y bebida en cantidad. Recorrieron profundos bosques y bucólicos pueblecitos, y convinieron en que el tiempo parecía no haber transcurrido en aquel lugar.

 

-Fijaos, si hasta conservan el castillo.

 

En efecto, a lo lejos en las montañas podía divisarse un inmenso castillo. Al caer la tarde se detuvieron en un pueblecito que parecía guarecerse a la sombra de los picos que guardaban precisamente esta imponente fortaleza.

 

Una vez más, fueron recibidos con hospitalidad por los lugareños, que les dieron una comida y cena. Agotados como estaban del traqueteo de los carros, se retiraron a sus aposentos, donde les esperaban las sábanas limpias y el fuego de la chimenea, así como la anciana que llevaba el hotel.

 

Se encontraron con que las pocas ventanas de la estancia se encontraban cubiertas por ajos, y que no contenta con ello la buena anciana les facilitó una ristra más a cada uno y unas biblias en latín. Cuando la vieja se retiró, las parejas se miraron los unos a los otros con sorpresa para al fin estallar al unísono en una franca carcajada.

 

Cuando al fin pudieron articular palabra, convinieron en que estaba siendo un viaje espectacular, y que aquellos rumanos sin duda estaban aprendiendo el oficio del turismo. ¡Qué puesta en escena! ¡Qué pasión por el detalle! ¡Así daba gusto! Al día siguiente pasearían libres para descubrir nuevas y deliciosas sorpresas como aquella. Se fueron a dormir, no sin antes retirar los ajos y depositar las biblias en los cajones de las mesillas de noche. 

 

Llegado el amanecer, que tanto ansiaba yo mientras continuaba mi relato, desayunaron profusamente y salieron a caminar. No bien hubieron dado los primeros pasos cuando otra anciana, que fingía sin duda estupor, les detuvo y les conminó en su lengua natal a que cogieran unos ajos más, así como unos crucifijos algo bastos pero bien acabados. De entre sus palabras aceleradas, adornadas con aspavientos varios, sólo pudieron entender las palabras strigoyu y Nosferatu. Se deshicieron no sin trabajo de la enlutada y caminaron hacia el castillo.

 

-¡Si es que están en todo los tíos! Así, seguro que acaban viniendo un montón de turistas. Veréis cuando lo sepan en el pueblo... la globalización, es lo que tiene.

 

 

La vieja se quedó atrás, persignándose con virulencia.

 

Recorrieron una buena distancia entre chanzas y algarabía, siempre en dirección al castillo. A medio camino, encontraron un vía crucis del que colgaban escapularios y rosarios. Una vez más, elogiaron el gusto por la tradición de los lugareños.

 

 

-De película, esto es de película- comentaban.

 

 

Al poco de abandonar este punto, de la nada les salió al encuentro un enorme coche de caballos, negros como la pez. El coche era igualmente negro, y lo dirigía un ser chepudo y pálido como el mármol. Bajó y se dirigió a ellos, tras una profunda reverencia, en buen castellano, aunque con el inconfundible acento del lugar.

 

- Señores, el Conde Dracula, sabedor de vuestras insigne presencia, reclama vuestra presencia en el Castillo, a fin de cenar en su grata compañía.

 

 

No hubo de repetirlo. Los cuatro se subieron al carro absolutamente embriagados por lo inesperado del detalle, por los extras inacabables de aquel maravilloso viaje.

 

El coche recorrió al vuelo la distancia, y penetró en el patio de armas del castillo, cuyo tamaño era aún más colosal cuando se cruzaban sus altísimos muros. El cochero, siempre muy atento, les condujo al interior y les guió por algunas de sus estancias, invariablemente cubiertas de telarañas. Sobre todo, una ocupada tan sólo por una gran cama, cuyo cabecero estaba adornado con una letra D mayúscula. Preguntaron si esa era la habitación del Conde.

 

 

-Solía serlo, Señores. Ahora reposa en otro lugar.

 

-Claro, en la cripta dentro de un ataúd, ¿no?

 

-Si, así es.

 

Más carcajadas.

 

Circunspecto, el criado les llevó a un salón gigantesco, donde fueron sentados a una mesa repleta de manjares.

 

-¿No nos acompañará el Conde?- preguntó la esposa más pícara del grupo.

 

- Tan pronto como caiga el sol, Señora- dijo el criado.

 

Llenos de júbilo, comieron sin poder dejar de comentar lo glorioso que estaba resultando el viaje.

 

Llegado a este punto, y saliendo el sol del día de Navidad, el jefe de los espectros me interrumpió por primera vez.

 

 - Y bien, mequetrefe, ¿qué ocurrió entonces? el tiempo apremia...

 

- ¿Qué cree que ocurrió? ¡pues que fueron todos asesinados por el Conde, que los vampirizó sorbiéndoles hasta la última gota de sangre!

 

El grupo de gules rió con ganas, con una carcajada que hacía temblar sus huesos y jirones de carne podrida. Cuando recuperaron el no-aliento, una vez más el jefe se dirigió a mi.

 

- Tu historia nos ha complacido, pero sólo por una noche. Hoy es Navidad y una vez más la soledad nos va a afligir. Así que mañana queremos otro cuento. Y para asegurarnos de que estés aquí, nos llevaremos algo preciado para ti.

 

El alma errante posó su único ojo, glauco y malintencionado, en mí y recorrió la pobre anatomía de mis carnes ateridas. Encontró entonces un lunar bastante grande que tengo en una zona digamos que poco soleada. Entonces abrió mucho el ojo y lo cerró fuertemente después, desapareciendo el lunar sin que yo hubiera notado nada.

 

 - Sea, pues. Si quieres recobrar esto que tanto y en lugar tan particular escondes, habrás de contarnos mañana otra buena historia. Hasta entonces, prepárate.

 

 

                   Y así como aparecieron las criaturas se desvanecieron entre las brumas de la mañana. El tío Dolo me dedicó una mirada amenazante pero con un matiz ladino, no ajeno a la complicidad.

 

                   Como pude, me vestí y me preparé una bebida caliente. Era algo increíble, pero el testimonio de lo sucedido se encontraba ausente en mi entrepierna. En estas cuitas me encontraba cuando una vez más mi puerta fue aporreada.

 

                   En esta ocasión, no eran los espectros, sino el desgraciado de mi primo, al que llamaremos Fito. Era un tipo sumamente desagradable, que venía dispuesto a molestarme y conseguir que abandonara mi bienamada soledad para acompañarle a la dichosa comida navideña, y no para disfrutar de mi compañía, sino para que soportara solidario el peso de los familiares insufribles.

 

                   Aunque no soportaba a ese puerco y, en cualquier otra circunstancia lo habría echado de allí a puntapiés, bendije su aparición y le comenté tembloroso lo sucedido.

 

                   Prestó para mi regocijo atención a mis palabras, y, lo que era aún más novedoso, no me interrumpió. Cuando hube terminado, se quedó pensativo, y al fin me preguntó:

 

                        -¿Dices que se han llevado tu verruga?

 

     - Mi lunar, es un lunar. Y si, se lo han llevado al mismísimo infierno y por mi se lo pueden quedar por toda la eternidad.

 

                        - Se me ocurre algo...

 

                   Se le ocurrió que esa noche no sería yo, sino él, quién comparecería ante los fantasmas. ¿Por qué? Porque aunque era un cobarde absoluto tenía una espeluznante verruga (y no lunar) en la nariz. Si me sustituía, sin duda los avariciosos endemoniados se la quedarían para que una nueva historia fuera contada por nochevieja. Entonces podrían meterse su lunar y mi verruga por el culo, viviendo nosotros tan contentos por siempre.

 

                   No parecía mal plan (que el diablo me lleve si me importaba algo su salud), pero ¿no iban a notar el cambio de narrador? Según él no, ya que los espectros marinos suelen haber perecido con los ojos picoteados por las gaviotas, y entre eso y la niebla que les envuelve no se enteran. Además, ellos buscan a alguien a quien atormentar y nada más.    

 

                   Considerando mi poco apego al sujeto y que sin duda esos inútiles no habían demostrado en vida una vista de águila (ni pericia marinera) acepté el trato. Le dí las llaves de la casa y me marché bien lejos, dispuesto a sufrir la navidad en la ciudad.

 

                   No obstante, se que ocurrió aquella noche, aunque no creo que os interese, ¿o sí?

 

                   En fin, llevo seis meses sin hablar, así que me extenderé un poco más.

 

                   La noche de navidad Fito ocupó mi lugar, y se metió valor en el cuerpo a base de aguardiente. Se tocaba constantemente la verruga, cerciorándose de que estaba allí, presta para el canje. Esperó y esperó, bebiendo sin parar, presa del pavor.

 

                   A la misma hora que el día anterior, se presentaron los muertos.

 

                   Fito salió tambaleándose y se desnudó, mostrando sus carnes burlonas.

 

                   El jefe le miró con severidad. Dudaba, pero al fin le exhortó a que comenzara el relato, cosa que mi primo hizo con un hilo de voz, relatando un antiguo cuento romano...

 

                   Muchos siglos ha nació en el seno de un matrimonio judío un niño muy especial: los astros le señalaban como el Mesías que habría de liberar a los hombres de buena voluntad, que por entonces vivían oprimidos tanto por el tiránico Imperio romano como por los reyezuelos locales.

 

                   Estas fuerzas imperialistas intentaban truncar el nacimiento del niño, de forma que persiguieron ferozmente a sus padres. Esta persecución era apoyada incluso por los más altos correligionarios del infante, que preferían el terror cotidiano antes de reconocer al crío como Mesías, ya que las profecías hablaban de sus tendencias fraternales e igualitarias, incompatibles con el discurso de sometimiento de los rabinos.

 

                   Por ello, su madre (concebida sin mácula) hubo de alumbrarle en un pobre pesebre al calor de las bestias.

 

                   Pasados treinta años, de los cuales no tenemos noticia alguna, el niño ha crecido para convertirse, tal y como rezaban las profecías, en un joven revolucionario: señala a los corruptos, levanta a los muertos, expulsa a los comerciantes del templo y, aunque es tentado una y otra vez, jamás sucumbe a la debilidad de la carne.

 

                   Sin embargo, la mano del Imperio es larga. Finalmente, siendo traicionado por un discípulo, le dan caza y...

 

- ¡BASTA!

 

                   Fito, que casi había olvidado el miedo que le embargaba y creyendo que lo solemne de su historia le ganaría el favor de los espectros, se quedo lívido cuando fue interrumpido por la violenta exhortación del fantasma del tío Dolo, que avanzo lentamente hacia el y le señaló con su dedo descarnado

 

- Compareces ante nosotros y nos cuentas una historia en la que un judío, marxista y probablemente homosexual promueve una revuelta contra el capital, lo que nos parece admisible... pero, ¿pretendes hacernos creer que existen nada menos que treinta años de su vida en los que ningún majadero ha situado un amante, una muerte, un hijo ilegitimo o cualquier otra indignidad? ¡eso no hay quien se lo trague!

 

Dicho esto, el que fuera tío Dolo volvió con sus compañeros, que  se quedaron mirando sombríos al narrador. Finalmente, el jefe habló:

 

- Ya no nos gustan tus historias. No queremos verte mas, y para que no vuelvas te devuelvo tu tesoro.

 

                   Entonces, cerró fuertemente su ojo y mi lunar adornó, junto a la verruga de la nariz, por toda  la eternidad el semblante ladino de mi primo.

 


 

 

Dedicado a Elvira, que desde la distancia me devolvi´o las ganas de escribir 

 

                             

 

servido por kungfu-master 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Yet

Yet dijo

Me alegro que hayas vuelto. Es un relato con reminiscencias de Jan Potocki, con buen timbre literario. Tipos como tu tío Dolo eran los que cambiaban el canal cuando querías ver series como "V". Conozco esa sensación. Lo más importante es que el blog vuelve a estar en funcionamiento, renovado y, como bien sabes, con nuevos fans.

19 Diciembre 2009 | 11:28 AM

Hueso

Hueso dijo

Me alegra tu regreso, Master!!! Además con tu siempre esperado cuento de Navidad. No podias haber elegido mejor momento. Tus seguidores estaremos pendientes de tus muy interesantes y divertidos relatos. Nos vemos pronto.

19 Diciembre 2009 | 02:04 PM

padron-duenas

padron-duenas dijo

Muy buen relato y mejor tu regreso por estos lares que dejamos pero regresamos con las pilas cargadas de letras y emociones.

Un abrazo

19 Diciembre 2009 | 11:18 PM

kungfu-master

kungfu-master dijo

Que puedo decir... es un placer estar en casa denuevo. Uno esta aqui y esta alla, siempre con el tiempo de prestado. Pero por fria y oscura que fue mi noche triste, no eche al fuego ni uno solo de vuestros comentarios.

Sigue sin funcionarme el acento, tengo el teclado atrofiado de no escribir

20 Diciembre 2009 | 05:18 AM

Penedo de Barro

Penedo de Barro dijo

Veo que vuelves a la carga y que el mar abierto no hizo mella en tu magistral ironía.
Gracias por el regalo de esta nueva historia de Navidad, que tiene tantas lecturas como lectores.
A ver si pronto puedes contarnos algo sobre tus últimas andanzas...

21 Diciembre 2009 | 10:14 AM

El Moro

El Moro dijo

Fantástico relato!! Me alegro de tenerte de vuelta. Queremos una foto para comprobar que ya no tienes el lunar!! Un saludo

21 Diciembre 2009 | 09:59 PM

Solal

Solal dijo

¡¡¡Ya era hora!!!

Estaba a puntito de encargar unas misas por la salvación de tu impía alma de pajillero.

Ah, y buen relato y eso.

22 Diciembre 2009 | 02:12 PM

ELVIRA

ELVIRA dijo

CUANTO HONOR.
SIGO LEYENDO,ERES INTERESANTE......pero sigue escribiendo.

2 Enero 2010 | 02:29 AM

Chianti

Chianti dijo

Muy buen relato. Yo también he tenido mi particular exilio... Y supongo que salgo de él aún con un mucho de nostalgía que nada puede curar....

3 Enero 2010 | 08:03 PM

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Pike, treinta y subiendo. Soltero y vive con su gato. Antiguo comandante de una nave de los 80, ex-cabecilla de una pandilla de gamberros callejeros, ahora a punto de empezar a hacer calceta o coleccionar sellos, pues camina ya hacia la niebla de la idiocia, dejando antes del fin testimonio de lo vivivo...o imaginado
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