Publicidad:
Terra
La Coctelera

TALES OF THE KUNG-FU MASTER


"Que me digan qué es que me opongo"

15 Septiembre 2010

LOS RIOS DE LA VIDA

Resulta terriblemente difícil relatar los aspectos y avatares más comunes y sencillos de la existencia humana: a todo el mundo le ocurren no sólo alguna vez, sino a menudo. Todos sabemos lo que pasa, reconocemos sin sorpresa cada pequeño detalle y desechamos por vulgares los que el narrador, que bien podríamos ser nosotros mismos, intenta vendernos como algo íntimo y propio.

                        Así es como la gente crece, como evoluciona, como involuciona, se llena de cicatrices o de medallas, sobrevive y normalmente muere. Es aburrido, no se pueden crear historias basadas sólo en eso: podrían iniciarse así, o puede que terminar como consecuencia lógica de otros actos, estos si fascinantes. Paradójico: nadie puede moldear una historia convincente con el barro mojado por el agua de los ríos de la vida...

                        Intento mantenerme tranquilo llenando mi cabeza con estos pensamientos mientras el avión va a aterrizar en el aereopuerto sur de Santa Cruz de Tenerife. El piloto nos regala un rodeo para que contemplemos la hermosa silueta del volcán. Lo miro pero su grandiosidad no me conmueve, no me distrae de la emoción salpicada de angustia que me produce encontrarme de nuevo con alguien que hace tiempo que no veo y que espera bajo el volcán.

                       

 Me llamo José Manuel García, pero todos me conocen como Yet. Tras casi un año sin tener noticias suyas (al menos fidedignas), voy a encontrarme con Kung Fu Master.

                        Si es que sigue vivo.

                        No hay una sola prueba sólida de ello. Si, su blog se reactivó, pero bien pudo ser cualquiera de sus clones o herederos los que llevasen a cabo la obra, que era como siempre pero algo diferente. Como un jugador de póker que hubiera perdido un brazo y volviera a las mesas con un implante robótico: el juego sería igual, pero muy distinto también.

                        Los rumores son descabellados. No lo serían en cualquier otra persona, pero sí en KFM. Muchos cambian de manera forzada o voluntaria todos los aspectos de su vida. Viajan en avión, se van a las islas, se enrolan en la función pública. Abandonan para siempre sus ciudades de origen. Lo pasan mal, se encogen de hombros y se olvidan.

                        Pero KFM jamás hizo nada parecido. Contaba en la lejana Vigo sus viajes en avión en la juventud como si se trataran de odiseas espaciales de las que a duras penas hubo sobrevivido. Despreciaba profundamente el servicio público y se reía a mandíbula batiente de los que nos dedicábamos a él. Pero por enima de todo despreciaba "todo el montón de estiércol que rodea Galicia y sus nefandos habitantes", frase que dirigía tanto al resto de la nación (que por otro lado defendía a sangre y fuego contra cualquier nacionalismo) cómo al resto del universo mundo.

 

 

                        La soledad luminosa con la que me recibe el aeropuerto, tan propia de un domingo por la tarde, me produce cierto alivio. No está. Sin duda he concertado una cita a base de mensajes sms con algún fanático, nostálgico o charlatán que me ha proporcionado una semana de vacaciones. Sin embargo, los miembros de la banda que fue dirigida por aquel hombre, hoy todos dispersos a lo largo y ancho del Estado, decidimos que alguien debía comprobar si seguía vivo, si era él quien realmente emitía señales desde la distancia.

                        Cruzo el aeropuerto desierto. Espero en la cola del autobús, formada por unos cuantos británicos desnutridos, que me llevara a la casa de Bofill Blancu, otro miembro de aquella hermandad destinado desde hacía dos años en la isla. Se había mantenido silencioso en torno al affair KFM, pero Bofill Blancu era silencioso con respecto a casi todo. Un joven desgarbado y con el pelo como un cepillo, con las puntas teñidas de rubio, pretende obsequiarme con un mapa de la isla, de esos que llevan publicidad al dorso. Cuando extiendo el brazo para cogerlo, mi muñeca es interceptada por una mano firme y notablemente bronceada.

- No cojas eso. Los plátanos te lo dan para que termines en lugares horribles.

 

Aún no he podido salir del estado de shock cuando el que parece es KFM ruge

unas imprecaciones al joven que huye quejumbroso. Le llama yeray. Se le queda mirando con el único ojo que le queda sano (en el otro luce un parche que la última vez no estaba ahí) y termina por decir:

 

- Jodidos yerays. Son una peste.

                     Es él, no cabe duda.

                       

 A lo largo del trayecto que nos llevará a la capital, situada al norte, no hay efusividad. La conversación es escasa y algo incómoda, aunque cordial. Mis preguntas referentes a su estado y trabajo son contestadas de manera parca, como si quisiera quitarle importancia al tsunami que derribó su status quo. Como para mantener el equilibrio, KFM gruñe sin fingir siquiera interés cuestiones sobre los demás miembros del grupo y sobre mi viaje. Me felicita por haber sobrevivivo al trayecto en avión. Parece el principio de una película de vampiros en la que Dracula, que aún no ha mostrado su condición monstruosa, pretende ser un buen anfitrión.

 

                        A este respecto, es notorio que los escritos e incluso los chapuceros videos de KFM reivindican la iconografía y herencia de grandes mitos masculinos de la ciencia ficción y aventura, como son Bruce Lee, Dracula, Spiderman, Harry el Sucio, Darth Vader o Lupin III. Da la impresión de que esta mezcla ha cristalizado en la isla y la persona detrás de la máscara, de los escritos y de los videos ha desaparecido definitivamente. Antes de llegar observo inmensas plantaciones de un árbol que me resulta familiar.

- Son bananos.

- Creo haberlos visto en Galicia.

- Si, los hay. Recuerdo uno muy hermoso en Hio, delante del muro de una casa de veraneo. Pero allí...

- Allí...?

- Allí no dan fruto. En Galicia nada da fruto.

          No ha querido seguir hablando de Galicia.

Galicia lévase no corazón

 

            En la Estación nos espera Bofill Blancu. Se le ve en buena forma y notablemente más relajado que KFM. Tal vez pueda decirme algo a solas. Ambos le miramos sonrientes antes de bajar y pensamos en lo reservado que ha sido siempre. Se le puede contar cualquier cosa, la escuchará, dirá algo con cierto sentido y sin duda lo mantendrá en secreto, pero nunca expresará una emoción humana al respecto: sin ira, sin tristeza, sin palabrotas. KFM no deja de sonreirle a través de la ventanilla y mantiene el rictus mientras me dice:

- Bofill es ahora un hombre muy rico. Ha conseguido sobrevivir aquí y conoce bien a los canacas, hace tratos muy beneficiosos con ellos.

            ¿Canacas? Habla de los canarios de una forma extraña. Trato de no darle importancia al apelativo y comento lo lejos que queda el tiempo y el lugar en el que Bofill trabajaba como un esclavo en una bocatería.

 

- Oh, ahora se ha vengado de esos gordos. Es tan rico que se gastó 50.000 euros en viajar a 1983.

- ¿Qué?

- Se gastó 50.000 euros en pasar un solo día en 1983.

- ¿Por qué iba a hacer eso?

Me miró entre sorprendido y molesto.

- Porque es rico y porque deseaba viajar al pasado.

- Ya, pero pudiendo elegir cualquier año de la historia del mundo, ¿cómo rayos iba a elegir el 83?

 

      Otra vez la incredulidad, un resoplido y finalmente las palabras, cuya entonación estaba entre lo didáctico y el responso.

 

- Porque añoraba a alguien que quería ver una vez más.

- Entiendo, alguien fallecido.

- No. Nada de eso. Si hubiera fallecido no sería necesario verla por última vez.

- De verdad que no lo entiendo.

- En esta isla aprenderás que sólo los pequeños detalles son capaces de cambiar las cosas, de alegrarte o de hacerte daño. Todo lo demás es supérfluo: la distancia, el océano, las estaciones (o su ausencia), el trabajo, las relaciones prematrimoniales... todo eso que en Europa es tan importante aquí no importa un carajo. No vale nada, no influye en nada. Todo hijo de vecino aquí tiene una historia de mierda que contar, sea canaca o sea haole...

- ¿Haole?

- Blanco. Todos dejan atrás muchas cosas que ya no importan, ni siquiera existen. Pero los detalles, los momentos... esos son los que mueven este mundo.

 

            Definitivamente, un jugador con un brazo metálico se había unido a la partida. No pude reprimir un comentario jocoso mientras bajábamos para rasgar la tela de la locura.

 

-Bueno, al menos espero que haya disfrutado en 1983.

-Volvió destrozado. Los recuerdos son asesinos.

 

            Saludar al aséptico Bofill apenas removió mi congoja. Dejamos el equipaje en su casa, un piso funcional decorado con detalles de las islas y fuimos a comer algo a un pintoresco restaurante vietnamita. Para llegar a él cruzamos las líneas del simpático tranvía que lleva desde la estación de autobuses a La Laguna, hermosa villa que fue capital de las 7 islas afortunadas.

 

- Presta atención a ese maldito caballo de hierro o acabarás hecho cisco. El otro día tuvieron que recoger a un herreño de las vías con una pala.

                        Confirmado, era él.

                        Por suerte, Bofill se mostró de lo más parlanchín durante la comida, servida por los que me explicó eran las nietas del dueño, un vietnamita que se había establecido en Tenerife en los 70. Las muchachas tenían hermosos rasgos asiáticos, pero hablaban un perfecto castellano con el precioso acento canario, porque se habían criado allí. Resultaba algo muy curioso, pero lo fue todavía más el escuchar a KFM pedir sus platos en un jerga que pretendía ser vietnamita. Miré espantado a Bofill que se encogió de hombros y buscó con la mirada el cadencioso movimiento del pelo negro como el azabache de la camarera. Estaría acostumbrado a las chifladuras del que fuera nuestro líder, ahora víctima sin duda de un grave estrés post-traumático.

 

 

                        Casi en el postre, me decidí a preguntarle a KFM cómo había terminado en Tenerife, y sobre todo en la plaza de trabajo que ocupaba. Me contestó con desgana, algo molesto.

- Sencillamente la persona que debía ocupar esta plaza y me superó por milésimas en el exámen... decayó.

- ¿El exámen médico?

- No. Le dieron kai-kai.

Bofill se refugió de nuevo en el pelo de la muchacha.

- ¿Cómo que Kai-kai?

- Voy a empezar a pensar que no sólo eres un pequeño burgués, sino que además eres un irresponsable. Kai-Kai, ¿cómo se puede venir aquí sin saber que es?

- Pues no lo sé, dímelo de una vez y en castellano si puede ser.

 

                  Tras poner los ojos en blanco y levantar los brazos como pidiendo ayuda al altísimo, lo soltó.

 

- Se lo comieron. Eso es Kai-Kai.

- ¿Se lo comieron?

- Si, eso es.

- ¿Quiénes?

- Pues los nativos, claro.

- ¿Qué se lo comieron los canarios?

- Eso es. Kai-kai.

- ¿Pretendes decirme que en Tenerife se practica el canibalismo?

- Bueno, en zonas del norte, por la playa del Bollullo. No en todas partes.

- Y se lo comieron, así sin más.

- No, no sin más. Le pusieron mojo verde y lo acompañaron con patatas arrugadas.

- Serán papas -intervino Bofill-.

- PATATAS. Se dice PATATAS -aulló KFM-.

- En resumen, si vas a la playa del Bolluyo te pueden comer los vecinos -dije, intentando que sonase serio y por ende ridículo-.

- Sólo si eres un mierda -remachó KFM-.

 

            Esa noche me costó conciliar el sueño, pese a lo cansado que estaba. El grado de locura de KFM le permitiría vivir medianamente bien y desarrollar con cierta desenvoltura su peculiar trabajo, pero me daba pena que hubiera perdido el norte -nunca mejor dicho- de una forma tan radical. Pero así es la vida, que cambia de un día para otro, nos arrebata todo lo que tenemos, nos sitúan en otro mundo y aún encima no nos da el privilegio de poder contarlo, porque casi todo el mundo pasa por estos cataclismos y no se conmueven por el relato ajeno. Y entonces sólo quedan los recuerdos, los detalles, el pequeño rastro de sangre en la nieve dispuesto a delatarnos y hacer camino para la aniquilación final.

            Al día siguiente conocí la playa de las Teresitas, donde un viento inclemente hizo volar a la arena que se nos pegó al cuerpo, llegando a penetrar en las fosas nasales y oídos. KFM dijo muy tranquilo que aquello era debido a que no nos encontrábamos en una playa, si no en una construcción artificial que se desmoronaba como "un decorado barato" ante el empuje de las fuerzas de la naturaleza. Una vez más, busqué la ayuda de Bofill Blancu, que terció explicando que si uno se subía a una tumbona, el problema estaba solucionado. Luego se quedó callado, con un silencio que rivalizaba con el de Dios. KFM llevaba el parche en el ojo contrario.

 

            Para cambiar de tema, sugerí una excursión a las demás islas. Mi anfitrión, que iba enseñando los colmillos de la locura, me miró con incredulidad.

-¿A que isla quieres ir?

- No sé, al Hierro que es tan exótica

- Los bimbaches dejarán tus huesos pelados

- Pues a La Palma

- Ja! Los Benahoaritas surgirán de la lluvia y se fabricarán monederos con nuestra piel.

- Está bien. A Fuerteventura o Lanzarote.

- Maxos. Hacen buenos quesos...

Aleluya.

- De grasa humana.

- Y en Gomera...

- No se silbo.

- Pues a Las Palmas

- ¡No digas eso en alto! ¡aquí los odian y se no echarán encima con sólo pronunciar ese nombre!

 

Lo que sobran son imbéciles.

Mandé al diablo la idea de cambiar de isla. Al poco rato KFM decidió tomar un baño, y al socaire de ello gritó e hizo aspavientos a unos niños para que despejaran la orilla. Aproveché entonces para dirigirme a Bofill y ver si compartía mis temores.

- Efectivamente, no es el KFM de siempre. Le ha afectado alguna fiebre tropical, mezclada con el equipaje tan terrible que se ha traído de la Península.

- ¿No podemos hacer nada?

- No, me temo que no. Tendría que volver a su casa, y allí no queda nada ya. Sus amigos se han ido, su familia ha muerto hace años. No hay amor que le cobije, todo ha desaparecido. Y finalmente, ha desaparecido él.

- Y ahora...

- Ahora cree que es un explorador en tierra salvaje, que está en los mares del sur rodeado de caníbales. De alguna manera, es bueno para él y para su trabajo, le conviene estar en guardia. Vive una aventura. Es mejor que darle a la botella.

 

 

            No me había parado a pensar en ello. Podría ser bueno para su trabajo y hasta pasárselo en grande, pero no hacía tanto era un hombre civilizado que paseaba por las calles de su ciudad sin confundir un autobús con un mamut. Me daba mucha pena.

 

- Es peor de lo que parece. Ha llegado a decirme que viajabas en el tiempo.

           

            Bofill miró al horizonte, donde un barco rápido cubría la ruta (prohibida) hacia Las Palmas.

 

En Tenerife Clipper es el refresco nº 1

 

- Eso es verdad.- dijo, con una tristeza infinita.

                        Para entonces, KFM se estaba secando y yo estaba decidido a ver cómo terminaba la tragicomedia.

- ¿Has decidido dónde ir, godo?

- Al bollullo. Quiero ver a esos caníbales.

- Muy bien. De algo hay que morir. Esta noche nos cebaremos bien.

 

                        Así fue. Una vez más, pasé una noche toledana pensando en que dos personas muy cercanas a mí habían sido llevadas muy lejos no sólo de su casa, si no de su propia consciencia y ahora eran dos caricaturas hiperbólicas. No obstante, mi aprecio seguía siendo el mismo, y me emocione recordando una noche de Octubre en la que celebrábamos, allá muy lejos, en Vigo, algunas conquistas amorosas. KFM me pasó la mano por el hombro y, como fuere que no hubo entrado en los detalles de la suya, me explicó el porqué de su desidia: "esto le pasa a casi todo el mundo alguna vez. Pero lo contrario a todo el mundo muchas veces, y entonces no hay nada que contar, todos saben cómo termina la historia. No se forman buenas historias con el barro mojado por los ríos de la vida".    

            Tras una hora de silencioso trayecto, llegamos a la impresionante playa del Bollullo. Se bajaba desde un mirador semiesférico de roca negra que abarcaba la inmensidad del mar azul. Las olas rompían furiosas casi en la orilla, salpicada de salientes traicioneros. Para llegar a la arena oscura había que bajar un buen trecho de escaleras.

 

            Nos sentamos en silencio, notando las gotas de espuma en la cara. Un decrépito vendedor de souvenirs se nos acercó tambaleante. No me sorprendió que KFM sacase de su macuto un inmenso revólver con el que le apuntó firmemente.

-Un solo paso más y te vuelo la cabeza, maldito cafre.

 

            El vendedor se alejó sin decir ni una palabra, pero dedicándonos una mirada llena de rencor y que anunciaba represalias. A lo lejos, unos chiquillos jugaban con unas conchas.

-Crees que me he vuelto loco, ¿no, Yet?

- Si. No pasa nada, no se lo diré a nadie, pero creo que has perdido la cabeza.

- ¿Qué importancia tienen eso?

- Supongo que ninguna.

-Supones bien. Absolutamente todo es susceptible de ser perdido por los motivos más peregrinos. Incluso sin motivo. ¿Para que molestarse entonces en aferrarse a nada, cordura incluida?

No dejaba de tener cierto sentido. Le sonreí con ternura.

- Tu déjame divertirme un poco antes de que todo vuelva a esfumarse y no te amargues.

- Así lo haré, Pike.

 

KFM sonrió tímidamente y me advirtió con paternalismo:

- No debes llamarme así ya. El hombre que se llamaba así desapareció como mi ojo.

- Oh, vamos. Tienes el ojo perfectamente. Te has cambiado de sitio el parche constantemente y...

Mientras hablaba, se había levantado sin dejar de sonreir el parche.  Debajo se encontraba un ojo apagado, justo en mitad de una cicatriz que empezaba un poco más arriba de la ceja.

- ¿Como demonios...

- Ya te he dicho que la realidad no importa aquí. Lo que crees, si está basado en este mundo de mierda, sencillamente no vale nada. Llegar a este conocimiento a mí me costó un ojo.

"Fíjate bien. Todo aquí está pensado y construido para que te sientas como en casa. Hay avenidas, parques y paseos llenos de árboles preciosos que se parecen a los de casa pero son un poco distintos. Hay centros comerciales y calles, hasta portales que recuerdan vagamente a otros en los que has estado. Pueblos parados en el tiempo para que recuerdes aquellos veranos cuando eras joven, cocederos de marisco cuyo olor penetra en el alma y te hace rememorar otros momentos pero olvidar también dónde estás. Los "autóctonos" se centran en en folclóre y lo muestran gustosos para que te despistes.  Incluso las playas tienen la arena amarilla y una muralla de rocas para que el mar no te golpee. Pero es artificial. La arena está traída del desierto, debajo está la roca viva. Y las olas te golpean cada vez más fuerte porque la barrera no puede aguantar la inmensidad del océano. Está en su bandera, pone "OCEANO" y tratan de decírtelo. Esto pertenece al mar oscuro, y al volcán que un buen día destruirá su propia obra. Pertenece a los Menceyes y a sus guanches que observan desde las montañas, que bajan con la niebla y devoran a los incautos. Puedes hacer un carnaval, puedes organizar concursos de travestis o atragantarte de gofio pero al final la naturaleza, que a ti te parece tan hermosa pero es tan despiadada e indiferente, la naturaleza nos comerá a todos. Hasta entonces, sólo podemos divertirnos al resistir en vano."

 

 

Era una lección demasiado extraña y demasiado peligrosa de aprender. Necesitaba asumir todo aquello, de manera que caminé por la orilla sin saber muy bien si debía compacer a KFM o seguirle hasta la muerte. Los niños de la orilla seguían jugando con las conchas. Una niña de unos nueve años, con el desparpajo propio de los chicharreros, comenzó a tocar con una flauta blanca los acordes de "A rianxeira", himno oficioso de los gallegos y que, muy lejos de casa, nos hace un nudo en el estómago. No se cómo podía aquella chica saber que éramos gallegos. Me acerqué a ella para preguntárselo una vez que terminara la tonada. Era digno de ver con qué habilidad sus dedos se movían por los orificios practicados en la flauta...

Una flauta tallada a partir de un fémur humano.

 

servido por kungfu-master 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jimmy McNulty

Jimmy McNulty dijo

Frinal abrupto. Implicación total. Ciertas reminiscencias de "El corazón de las tinieblas". Vértigo exitencial. Extraño, muy extraño... Probablemente el relato más enigmático de todos.

15 Septiembre 2010 | 03:33 PM

Penedo de Barro

Penedo de Barro dijo

Es cierto, relato un tanto enigmático y telúrico. El Yet debería ir a la isla de Las Palmas, y adentrarse en las antiguas pirámides que ahi allí... tal vez entonces pierda el miedo a volar.

16 Septiembre 2010 | 01:32 PM

Jimmy McNulty

Jimmy McNulty dijo

Tiene algo de Borges, de "El Aleph". Puede que no sea fácil descubrirlo, pero en "El Aleph", el protagonista era el propio "Borges", o por lo menos, un tal "Borges". En el relato de KFM, a voz del narrador se identifica con el autor y también con el protagonista del cuento. Quizás se pretenda confrontar al lector con una representación ficticia de sí mismo, entonces, lo real y lo ficticio están entrelazados. Pero puede que vaya más allá, si pensamos en que el autor puede ser también ficticio. Se trata de una serie de espejos, uno dentro de otro, hacia el abismo.

16 Septiembre 2010 | 04:43 PM

kungfu-master

kungfu-master dijo

THANK YOU PIXIE AND JOUSE!

16 Septiembre 2010 | 11:31 PM

padron-duenas

padron-duenas dijo

Pero bueno... como me ha gustado leer esto... eso de islenyos y canibales me toca de cerca... jajajajja , gofio, mojo, y ese acento tan bonito.

Un abrazote

17 Septiembre 2010 | 05:29 AM

kungfu-master

kungfu-master dijo

Coño Armando! El tiempo que hacía que no te veía, qué alegría! bueno, nos vemos en tu blog y ya te escribiré un privado. En todo caso, quiero que sepas que todo vuelve a ir bien. Lonxe da casa, pero todo lo demás resuelto, alabado sea el Señor.

Un abrazo muy fuerte desde El Rosario-La Esperanza!

17 Septiembre 2010 | 05:25 PM

Chianti

Chianti dijo

No hay mejor forma de renacer que hacerlo en un paraíso tropical. Te cambio la soleada Tenerife por la lluviosa Ribeira. Las cosas han empezado a mejorar, aprovéchalo. No veas hacia atrás y consigue tu futuro. Suerte amigo.

10 Octubre 2010 | 11:43 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de kungfu-master

TALES OF THE KUNG-FU MASTER

ver perfil »
contacto »
Pike, treinta y subiendo. Soltero y vive con su gato. Antiguo comandante de una nave de los 80, ex-cabecilla de una pandilla de gamberros callejeros, ahora a punto de empezar a hacer calceta o coleccionar sellos, pues camina ya hacia la niebla de la idiocia, dejando antes del fin testimonio de lo vivivo...o imaginado
free web counter
Advert
free web counter

Fotos

kungfu-master todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera